1.3.16

El pacto PSOE-Ciudadanos no es un programa sino un corta-pega, un borrador de intenciones de carácter teórico general

"(...) Sánchez y Rivera apuestan a que la crisis que supura el PP (Rajoy pide a su equipo que no se deje llevar por la histeria de la corrupción), por un lado, y al deseo de acabar con el ciclo del PP por parte de las bases de Podemos, por el otro, provoquen una situación en la que alguno de ellos se abstenga y facilite así la formación de un gobierno débil, pero gobierno al fin.

  La división del trabajo es evidente.

 Rivera trabaja sobre el PP vendiendo la ciudadanización del PSOE y Sánchez se ocupa de vender hacia Podemos la pesoización de Ciudadanos.

  El diario norteamericano The Wall Street Journal advertía en un editorial la semana pasada que los escándalos de corrupción del PP han debilitado al partido. Pero señalaba que "todavía hay una oportunidad para un gobierno de centro derecha, dirigido por el PP y Ciudadanos, que tiene un programa económico liberal y una agenda de reformas.

 Es improbable que Ciudadanos una su suerte y reputación intachable con un PP dirigido por Rajoy". Y sugería: "El precio de preservar las reformas económicas de Rajoy podría muy bien ser su futuro político". 

  Pero la corrupción sistémica del PP se ha llevado por delante esa alternativa. Ahora Rivera intentará hacer de broker ante Rajoy para hacerle ver que buena parte de su acervo de reformas continuará. Que Ciudadanos es la garantía de ello.

  Sánchez, que ya se había negado a derogar la reforma laboral al comienzo de su campaña, rectificó, y ahora con el argumento de que ha tenido que ceder, vuelve a la posición inicial, contraria a la derogación, aunque defiende el restablecimiento de la negociación colectiva por encima de los convenios de empresa que tanto efecto ha tenido en la depreciación de los salarios. 

El anuncio de impuesto a las grandes fortunas es una propuesta de estudio de cómo se ha aplicado en otros países y no se trata, a pesar de lo que se insinúa, de una medida ya acordada. 

El PSOE ha aceptado subir el salario mínimo interprofesional un 1% cuando había hecho campaña por una subida escalonada del 60% neto, el equivalente a casi 1.125 euros. La ley de Seguridad Ciudadana, asimismo, no será derogada. 

   Pero no se trata de un programa sino de un borrador de intenciones de carácter teórico general. El eslabón más débil de la cadena, por así decir, no recibe tratamiento más allá de la abstracta defensa de la unidad de España.  Porque: ¿qué haremos con Cataluña?

  Pero el propósito es la foto. La idea es que esta realidad virtual produce dividendos. El juego es que el vértigo a provocar nuevas elecciones finalmente puede conseguir, como en Cataluña in extremis, una salida inesperada durante lo que podríamos llamar la prórroga, los dos meses que siguen al fracaso de la primera investidura. (...)"               (Ernesto Ekaizer, El País, 24/02/16)

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