"(...) Lo que empezó, en 2013, como un pequeño partido fundado por
economistas de la CDU, académicos y periodistas neoliberales con el
objetivo de reunir el voto euroescéptico de Alemania, se ha convertido,
bajo el liderazgo de Frauke Petry, en una formación
ultranacionalista y populista de derechas que se disputa el voto con
socialdemócratas, conservadores y poscomunistas y –lo que es más
importante– les inocula su discurso.
Pero si AfD muestra músculo por los
canales institucionales, también lo exhibe en la calle, donde
condiciona el discurso y la agenda política con adjetivos racistas,
islamófobos y sexistas en busca del voto de las clases tocadas por la
crisis económica y la precariedad.
A la agresiva campaña contra los refugiados que llegan a Alemania huyendo de Siria tras atravesar los Balcanes, se suma la retórica contra el Islam, los EEUU y Angela Merkel,
y las marchas por las calles de todo el país que lleva a cabo el grupo
Pegida (Patriotas Europeos contra la Islamización de Europa) y sus
derivados.
AfD se nutre de los votos de todos los partidos, aunque con
diferencias importantes, y moviliza a muchos abstencionistas y primeros
votantes. La formación ultra recibe apoyo tanto de trabajadores como de
desempleados, así como de viejos conservadores. Incluso el partido
neonazi NPD, actualmente en proceso de ilegalización, pidió el voto para
esta formación.
Pero, ¿cómo logra AfD pescar votos a la izquierda?
“Para muchas personas, Die Linke ya no es una formación que canalice la
protesta”, sostiene Gero Neugebauer, politólogo de la
Universidad Libre de Berlín y un experto en Die Linke, producto de la
fusión de los herederos del antiguo partido comunista de la RDA y
socialdemócratas desencantados del Oeste. Ahora se percibe a Die Linke
como parte del “sistema, por ejemplo en lo que respecta a la política de
refugiados”, añade. (...)
El obatzda es una crema de queso muy popular, el complemento perfecto para untar bretzels
y acompañar las jarras de cerveza que van y vienen en las cervecerías
de Baviera. El Bavarian es una taberna situada en el sótano del
Europa-Center, un icónico centro comercial del Berlín Occidental
construido en los años 1960. Las mesas están cubiertas con manteles con
los característicos losanges blancos y azules asociados a la familia
real de los Wittelsbach, que reinó en Baviera entre 1180 y 1918.
Allí, entre cervezas y obatzda, se reunía semanalmente hasta hace pocos meses un grupo de unas 15 personas. Hombres alrededor de los 30 años. Casi o ninguna mujer. Algunos vestían con camisa y americana. Otros, con polo y tejanos. Look deportivo, casual, antiguo y pijo. Una imagen proyectada de liberal, de conservador, de centro.
De élite. Los jóvenes del Bavarian eran y son militantes de las
juventudes de AfD. Entre ellos hay estudiantes universitarios, algún
emprendedor, periodistas, algún soldado en la reserva y miembros de las
fraternidades estudiantiles. Una mezcla entre hombres hechos a sí mismos
e hijos de papá ricos.
El Bavarian era un punto de encuentro para la tertulia, para el
debate, para los mítines informales, para la conspiración, para el
resentimiento, para trazar estrategias políticas, para explicar
banalidades y batallitas, para emborracharse y dejar fluir testosterona.
Hasta que el movimiento antifascista berlinés empezó a protestar ante
la entrada del local, y esos 15 jóvenes dejaron de acudir a la taberna.
Es una vieja costumbre alemana celebrar mítines y tertulias políticas en
cervecerías y bodegas, donde abunda la presencia de weissbier (cerveza de trigo) y obatzda.
Lo hacen hoy las juventudes de AfD y lo hacía hace casi un siglo Adolf Hitler
en la Bürgerbräukeller, una de las cervecerías más grandes de Múnich en
los años 1920 y lugar donde creció el partido nazi con el que proclamó
el Tercer Reich. (...)
El Bavarian no es para nada el Bürgerbräukeller y las conspiraciones
de los jóvenes de AfD en Berlín no desembocaron en un golpe de Estado,
pero sí que propiciaron, presuntamente, un golpe dentro de la
organización. En febrero, después de una campaña de acoso y derribo
interna al presidente del partido en la capital, Günter Brinker,
representante del ala liberal, éste fue sustituido por Georg Pazderski y
sus hombres, representantes del ala nacional-conservadora.
Pazderski,
actualmente diputado en la cámara de representantes de Berlín, tiene
como estrecho colaborador al jefe de las juventudes del partido en la
ciudad, Thorsten Weiß, un exsoldado de 32 años, que a su vez se escuda en su guardia pretoriana formada por militantes juveniles.
Entre ellos está Jörg Sobolewski, portavoz de una fraternidad estudiantil conocido por quemar la bandera arcoiris en contra de los derechos LGTBI; o Jannik Brämer,
miembro destacado del Movimiento Identitario: la vanguardia no
conformista de la nueva ultraderecha que encuentra bastante aceptación
entre algunos sectores izquierdistas que disfrazan el discurso
anticlerical con islamofobia, así como entre los ultras que rehúyen del
estigma neonazi.
La nueva derecha, extremista y populista, es una parte integral de
AfD. Primero se impuso el sector más conservador y ultranacionalista a
las tesis neoliberales de su núcleo fundador. Petry sustituyó a Bernd Lucke.
Posteriormente, con la irrupción de Pegida y la lucha interna por el
control del partido, éste giró todavía más a la derecha y Petry empezó a
incorporar la xenofobia a su programa electoral, un argumentario vacío
de palabras ultras pero de sospechosa similitud al NPD.
En paralelo se produce un fenómeno determinante: AfD se intenta
distanciar del nacionalsocialismo. Este intento ha resultado
parcialmente exitoso pues la bancada parlamentaria de AfD en
Baden-Württemberg se partió y dividió en dos a raíz de la feroz
controversia protagonizada por un diputado antisemita y negacionista del
holocausto: Wolf-gang Gedeon.
El antisemitismo ha sido
probablemente la única diferencia entre los nazis y los protofascistas,
en los años 1930 y en la actualidad. Pero cuando la propia Frauke Petry, líder del partido, defiende el uso de la palabra völk-isch
–un término de difícil traducción y propio de la ideología racista del
nazismo que viene a significar algo así como comunidad nacional, en el
sentido de un grupo de población superior (los alemanes) respeto a
otros–, la línea roja que separa el populismo de derechas del AfD del
protofascismo del siglo XXI es aún más difusa." (Rogere Suso, La Marea, 10/10/16)
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