"(...) Llegamos así a algo que venimos atisbando desde hace
tiempo como el verdadero drama del PSOE, y que lo está tensando hasta el
desgarro desde el 20-D. El PSOE ha presumido siempre, con razón, de que
en su seno hay pluralismo, diferentes sensibilidades, disputas y
desencuentros por múltiples razones ideológicas, políticas y
personalistas.
Esa complejidad interna ha hecho del PSOE algo vivo y
atractivo durante mucho tiempo. En el momento actual, sin embargo, en
fase avanzada de cuarto menguante y con penuria desigual de votos según
territorios, y ante el previsible escenario de tener que decidir una y
otra vez, como segunda o tercera fuerza electoral, qué política de
pactos va a seguirse, se abre una fractura que más bien es una zanja
para la que no caben “costuras”, porque es un conflicto de intereses en
el que unos ganan y otros pierden.
Esa “zanja” divisoria no es la que separaría a susanistas o
sanchistas, por favor, claro que no: estoy seguro de que muchos
militantes y dirigentes del PSOE preferirían tener más donde elegir. Es
algo más grave, de gran calado político y estratégico: se trata de una
radical discrepancia en la elección entre dos prioridades que son
excluyentes: o sostener un proyecto político diferenciado del PP, que pueda llevar al PSOE a aliarse coyunturalmente con Podemos; o sostener un proyecto diferenciado de Podemos
que lo pueda llevar coyunturalmente a aliarse con el PP. Son dos
posturas que no pueden reconciliarse, y es lo que está en juego a corto,
a medio y a largo plazo en el PSOE.
Es lo que lo divide en dos partes (no necesariamente
iguales), y que pese a haberse eludido durante un año, con el
consiguiente mareo de perdiz, repetición electoral y bloqueo de la
situación política, ha llegado al momento de la verdad: ¿cuál es la
prioridad?
¿A qué se le da más importancia, en caso de tener poder de
decisión?, ¿a impedir gobiernos del PP cuando sea posible, o a impedir
gobiernos de o con Podemos? Ambas líneas estratégicas e ideológicas son
legítimas, no faltaba más. Pero no caben en un mismo partido. Sólo
serían conciliables con grandes victorias electorales generalizadas que
ni están ni se esperan.
Reparemos en lo siguiente: el PSOE de Andalucía, de
Extremadura, y quizás el de Castilla la Mancha, puede aspirar, todavía, a
ganar elecciones en sus territorios (es decir, a ser la fuerza más
votada), y por tanto a gobernar sin la necesidad del apoyo de
Podemos: puede bastar con Ciudadanos, o con la abstención del PP, que
podría obtenerse fácilmente si el PSOE hace lo propio y no fuerza
alianzas con Podemos en el Estado o en otras Comunidades Autónomas.
Por
eso a algunas federaciones territoriales del PSOE (sobre todo las del
sur) les interesa, objetivamente, un pacto con el PP de no agresión a
nivel nacional, un pacto del bipartidismo, con arreglo al cual ambos
serán adversarios en todos los procesos electorales, no gobernarán en
coalición, pero ninguno de los dos partidos urdirá, en circunstancias
ordinarias, un pacto de perdedores contra el más votado.
Es el pacto de la lista más votada, último
bastión del bipartidismo (puesto que, de respetarse, Podemos quedará
siempre en el gallinero, y no podrá influir en la conformación de
gobiernos ni condicionarlos a menos que ganase holgadamente las
elecciones).
Pero este pacto, ansiado por el PSOE de Andalucía,
es demoledor para el PSOE en otros territorios como Madrid, Galicia,
Castilla León, Valencia, Aragón, Baleares, y por otras razones añadidas,
País Vasco y Cataluña, porque lo convertiría en irrelevante y lo
dejaría sin argumentos de ningún tipo frente a Podemos. El resultado no
es “suma cero”: con ese pacto, una parte del PSOE gana, y otra pierde.
Por eso hablo de zanja.
Quizás el sargento no era tan chusquero
La Operación Sargento Chusquero no ha dado
puntada sin hilo. Quizás no era tan chusca. Sabía lo que pretendía, y va
a conseguirlo. El PSOE del sur tiene poder, cuadros y aparato para
defender sus intereses, que en este caso encuentran buenos aliados en
ciertas esferas del PSOE, las que están en continua ósmosis con élites
financieras y mediáticas.
No sé si es bueno para España facilitar ahora
un gobierno del PP, pero lo que sí sé es que resulta ventajoso para el
PSOE del sur (unas organizaciones que necesitan el poder para no caer en
el vértigo), porque da la impresión de que en el sur puede seguir
valiendo el bipartidismo.
Apoyados en el impulso del papa emérito (Felipe González),
mimados por una obsequiosa y fullerísima campaña de intoxicación
informativa de El País (que parece haber vendido sus penúltimas
reservas morales para invertirlas en cinismo), y propulsados por el
explicable descontento de muchos dirigentes y cargos socialistas que no
vivieron con entusiasmo la elección de Sánchez ni la gestión del partido
por su equipo low cost (la expresión es de una amiga
cuyo nombre me encantaría dar, pero no puedo para no comprometerla), han
conseguido las dos cosas que se proponían: evitar la negociación de un
Gobierno alternativo con Podemos, y demorar la elección del próximo
secretario o secretaria general hasta después de la incómoda abstención
en la investidura de Rajoy como presidente del Gobierno.
A menos, eso sí, que a Rajoy le susurren al oído sus
consejeros que busque unas terceras elecciones, para lo que bastaría con
no proponerse de nuevo como candidato por no confiar en el endeble
soporte de la abstención, probablemente no unánime, de un partido que no
sabe bien dónde va.
¿Se imaginan, entonces, el estropicio? ¿Se imaginan
al PSOE rogando al Rey que proponga como candidato a Rajoy? Aunque
tengo para mí que todo está hablado, y que el sargento no ha dado la
orden antes de cerciorarse de que Rajoy no le traicionaría." (Miguel Paquau Liaño, CTXT, 05/10/16)
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