"(...) “Por suerte, nuestro mercado presenta una alta demanda en los sectores de hostelería, construcción o limpieza”.
Nasiim, impaciente, parece confirmar las palabras satisfechas del
investigador: “Ya sé que no voy a retomar mis estudios, pero necesito
trabajar, hacer algo, me da igual qué. Puedo hacer de jardinero, se me
dan bien las plantas...”.
El trabajo no es la única preocupación de
Nasiim. A la impotencia de no hablar alemán, de ver cómo su país es
consumido por la guerra, o recibir recientemente la noticia del
asesinato de un buen amigo, suma el peligro que siente en el barrio en
que se encuentra su albergue, Marzahn.
Hace cuatro meses, cuenta, un
desconocido le pegó en la cara sin mediar palabra para huir acto
seguido. Por la calle ha recibido puntualmente amenazas, con transeúntes
simulando dispararle con la mano o haciendo el gesto de la horca.
En Marzahn, antiguo pueblo y hoy extrarradio de Berlín, los carteles
del neonazi Partido Nacionaldemócrata de Alemania (NPD) rivalizan con
los del resto de partidos entre antiguos bloques de la era socialista y
descampados aquí y allá. Unos jóvenes beben cerveza barata en una gris
mañana de viernes.
Una mujer senegalesa que pasea con su carrito de bebé
se aleja alarmada cuando se le pregunta por grupos racistas en la zona.
Luego, por teléfono, confirma que ella y su marido andan con cuidado
cuando van de casa a la estación de tren (ambos trabajan en el centro).
La situación ha ido a peor, asegura.
Los datos sobre criminalidad en 2015, que presentó el pasado mes de
marzo el ministro del Interior, Thomas de Mazière, apuntaban a un
aumento de más del 44% de los actos de violencia cometidos por la
ultraderecha, con 1.485 ataques, la mayoría cometidos contra refugiados.
(...) la trabajadora social Christine, defiende que la semilla del creciente
apoyo a la ultraderecha fue la reforma laboral de 2003: “Con la
implantación del Hartz IV [la prestación universal para personas
desempleadas], que da el dinero justo para sobrevivir, han creado una
clase trabajadora domesticada, que se siente culpable por no tomar los
puestos de trabajo que se le ofrecen, cada vez más precarios”, opina.
“Da miedo ya, y la situación aún tienen que evolucionar. No creo que a
mejor. Es muy vergonzoso constatar que en los últimos 70 años no hemos
sido capaces de crear una auténtica sociedad democrática y solidaria”. (...)
Lo que hasta hace poco más de un año parecía impensable, está pasando.
Alemania ya no es la excepción entre sus vecinos. Un partido de discurso
nacionalista y claramente xenófobo sube en las encuestas y adquiere
creciente representación institucional.
De las cuatro elecciones a
parlamentos regionales celebradas en el último año, se ha convertido en la segunda fuerza política en dos de ellos,
ambos antiguos Estados de la RDA: Sajonia-Anhalt, en marzo, y
Mecklemburgo-Pomerania Occidental, el pasado domingo. Este último,
aunque de escaso peso político, supone la primera victoria de AfD sobre
la CDU de Merkel." (Guillermo Hildebrandt, CTXT, 07/09/16)
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