"(...) Una izquierda doblemente “culpable”: por lo que hace mal y por lo que hace bien
Esa
percepción hace que en Andalucía se haya reproducido el camino de otras
realidades europeas o americanas, como la reciente de Brasil. Los
recelos contra parados, pobres e inmigrantes que reclaman subsidio o
derechos, son rasgos de la creciente radicalización y el desplazamiento
hacia el autoritarismo de parte de las clases medias en todo el mundo.
De modo que, mirando la distribución de la renta en clave de barrios,
justifica, por ejemplo, que, en Sevilla, el gasto social que reclaman
desde el marginado polígono Sur de las 3000 viviendas se sienta que
procede no de las eléctricas ni de la banca sino de los vecinos de Los
Remedios o del Casco Antiguo.
La paradoja del momento es que la
izquierda es atacada no solo por lo que no hace o hace mal, sino por lo
que intenta hacer o hace bien. Sufre el enfriamiento de sectores
populares por su incapacidad para vencer resistencias de los lobbies
poderosos mientras recibe, simultáneamente, ataques furibundos desde
sectores de las clases medias por defender a los más débiles, por
promover la justicia social.
Y es que, a pesar de su retórica
meritocrática, buena parte de esas clases medias están ya renegando de
la igualdad de oportunidades porque entienden que les perjudica al
capacitar a “los otros” para competir por los escasos puestos del
ascensor social que el capitalismo actual deja vacantes.
La
situación genera una batalla de todos contra todos: no solo de los
penúltimos (trabajadores marginados) contra los últimos, (inmigrantes)
sino de las clases medias contra los trabajadores dependientes de las
redes públicas.
La necesidad de una nueva agenda reformista
Revertir
esa situación mediante un programa que cohesione a los diferentes
grupos de trabajadores exige una nueva agenda reformista que contemple
tres tipos de medidas.
En primer lugar, hay que actualizar los
programas básicos de gasto social para garantizar un soporte de mínimos a
las poblaciones mientras se incorporan una nueva batería de servicios y
transferencias de segunda generación más conectados con las demandadas
por las capas profesionales medias: prestaciones familiares, guarderías
decentes, alquileres accesibles, formación de calidad…
Hay que
complementar las políticas redistributivas posibles con otras que
aborden, en su origen, las crecientes desigualdades primarias que surgen
de la relación entre trabajo y capital del nuevo sistema productivo del
siglo XXI. Siguiendo a Corbyn, hay que abrir un nuevo camino hacia la
democratización de las relaciones económicas a partir de iniciativas de
participación del trabajo en el capital.
Por último, hay que
impulsar una nueva Agenda Reformista que incluya un nuevo sentido común
sobre las transiciones tecnológicas, energéticas y sociales en curso y
elaborar un proyecto de sociedad que abra un nuevo horizonte de
oportunidades para las empresas más dinámicas y para las clases medias,
es decir, para las fuerzas del trabajo más cualificadas.
Las
izquierdas deben ocupar esos espacios con realismo y alejarse del
discurso recurrente del gasto social percibido como retórico. Dice Dany
Rodrick que más que un listado de medidas específicas, lo importante en
estos momentos es capacidad de crear un “estado de animo” una voluntad
colectiva en torno a un horizonte deseable.
Es sin duda, una tarea difícil. Pero es la que nos toca."
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