"El hecho de que muchos países hayan conseguido reducir el crecimiento
de la tasa de mortalidad causada por el coronavirus, mitigando así el
impacto de la COVID-19, ha generado un optimismo que explica que
muchos de ellos estén ya iniciando el proceso para intentar recuperar
alguna forma de normalidad y reactivar la actividad
económica, saliendo así de la mayor crisis económica que estos países
hayan sufrido en los últimos cien años.
Ello ha originado un debate sobre cuándo y cómo debe llevarse a cabo dicha recuperación. Este artículo intentará resumir varias alternativas, hoy presentes a los dos lados del Atlántico Norte. Pero para evaluarlas hay que ser conscientes de que, en general, y desde el punto de vista científico, hay bastante consenso entre los expertos en salud pública sobre los criterios básicos que deberían regir esta recuperación.
Unos de los más conocidos a nivel internacional son los criterios de la Johns Hopkins University, cuyo Center for Health Security ha señalado que para iniciar tal proceso hay que cumplir cuatro condiciones.
-La primera es que el país tiene que haber experimentado un descenso de la mortalidad debida al coronavirus durante, al menos, 14 días.
-Otra condición es que el país tenga
suficiente capacidad para realizar pruebas de diagnóstico que le
permitan cubrir, al menos, a todas las personas con síntomas de tener la
COVID-19 (y también realizarlas a los contactos que estas personas
hayan tenido) así como a las personas que trabajan en todos los servicios definidos como "esenciales".
-Una tercera
condición es que el país tenga un sistema sanitario con capacidad
suficiente para poder atender a todos los pacientes, y cuyo personal
sanitario tenga todo el equipo de protección necesario que le permita
atenderlos con el mínimo riesgo de contagio.
-Y, por último, la cuarta condición es que los servicios
de salud pública del país tengan capacidad suficiente para llevar a
cabo campañas de detección de nuevos casos de infección, así como controlar y diagnosticar a sus contactos para su confinamiento y aislamiento (ver "Public Health Principles for a Phased Reopening During COVID-19: Guidance for Governors",
The Johns Hopkins University Center for Health Security, 17.04.20).
La
aplicación de estos cuatro principios, junto con las medidas de
confinamiento selectivo, así como el uso generalizado de
mascarillas y guantes, permiten el control y resolución de la pandemia.
La experiencia así lo ha mostrado. Casos como el de Corea del Sur
muestran claramente que la pandemia puede abordarse con éxito.
Ello requiere un compromiso firme por parte del país y sus autoridades,
dentro de una cultura cívica de solidaridad y compromiso con el bien
común.
Estas condiciones no se están respetando en la gran mayoría de países que se están desconfinando
Ahora bien, el éxito que las campañas de confinamiento han tenido en
muchos países para reducir el número de contagios, de enfermos y de
muertes por coronavirus ha generado un optimismo que, sin que se
den las condiciones previamente detalladas, ha animado a que se inicie
en muchos de ellos un proceso de desconfinamiento y de paulatina
recuperación económica.
Es comprensible que este proceso esté ocurriendo, pues las medidas de contención de la pandemia y, muy en particular, el confinamiento de la mayoría de la población (que en
un momento determinado fue de tres cuartas partes de toda la población
que vive en las economías avanzadas), han representado y continúan
representando un enorme sacrificio con el que la población, con razón,
desea y ansía terminar.
Es más, a favor del desconfinamiento
existe el hecho de que el confinamiento también tiene costes para la
salud de la población, entre ellos, causar un aumento de mortalidad por enfermedades distintas a la COVID-19,
al no poder ser atendidas estas enfermedades por la saturación de los
centros sanitarios desbordados de enfermos por coronavirus. Y no hay que
olvidar tampoco que la propia crisis económica está deteriorando la salud y calidad de vida de grandes sectores de la mayoría de la población.
Pero, por muy comprensibles que sean los argumentos
favorables a un pronto desconfinamiento, ello no quiere decir que sea
aconsejable, ya que tal recuperación (dependiendo de cómo se haga)
podría incluso empeorar la situación y agravar todavía más la crisis
económica. Y la principal causa de que ello sea así es que la
actividad productiva continúa basándose en la actividad humana,
dependiendo su ejecución de la salud y la vida de sus agentes, lo
cual hace que la viabilidad del sistema económico dependa de que se
respeten los principios científicos y las condiciones indicadas al
inicio del artículo.
A no ser que los trabajadores estén vivos y sanos,
el sistema económico se paraliza. Un desconfinamiento rápido
puede conducir incluso a una mayor parálisis como consecuencia del
crecimiento de la enfermedad entre los trabajadores, tal y como está ocurriendo, por ejemplo, en algunos Estados de EEUU, donde la pandemia está teniendo unos efectos devastadores.
Las distintas estrategias de recuperación económica existentes hoy a los dos lados del Atlántico Norte
- Una estrategia de recuperación económica es la promovida por
el gobierno federal estadounidense presidido por Donald Trump, y
consiste en el masivo desconfinamiento de la mayoría de la población, a
fin de recuperar la economía lo más pronto posible (y a ser
posible, antes de las elecciones presidenciales del próximo mes de
noviembre, en las que el presidente Trump se presenta para conseguir su
relección).
Esta alternativa es consciente de que ello implicará un
riesgo muy elevado de contagio y muertes por coronavirus. En
esta estrategia, la vuelta a la normalidad pasa a ser el objetivo
urgente e inmediato para la recuperación. Y el elevado número de
fallecidos se justifica por la necesidad de salvar la economía del país, salvación que en ocasiones se presenta en términos belicistas y patrióticos. (...)
Esta estrategia ha sido muy criticada por la gran mayoría de la
comunidad científica, incluyendo el comité de expertos que asesora a la
Casa Blanca en el tema de la pandemia. (...)
La razón de este rechazo por parte de la comunidad científica es que la pandemia no se resolvería y podría agravarse todavía más, cronificándose y matando a un elevado número de ciudadanos que se considera inaceptable, pues la pandemia podría prolongarse durante un período muy largo, de hasta cinco o más años.
La esperada vacuna contra el virus no será una realidad próximamente
El argumento utilizado por los que se muestran favorables a la vuelta
rápida a la "normalidad" para negar la posibilidad de que aumente la
mortalidad de una manera muy marcada es que se espera que en el
corto plazo de algunos meses ya haya disponible una vacuna para prevenir
y curar la enfermedad de la COVID-19. Pero existe un gran
escepticismo en amplios sectores de la comunidad científica de que esta
vacuna pueda desarrollarse, producirse y distribuirse en los próximos
meses. (...)
En esta visión trumpiana, la "recuperación de la normalidad" significa dar prioridad a las grandes inversiones de dinero público para favorecer la recuperación de los elevados niveles de beneficios de las grandes empresas y grupos económicos próximos a la administración Trump (sin condicionar tal ayuda pública masiva al mantenimiento del empleo).
La alternativa progresista a esta estrategia extremista
Frente a la alternativa trumpiana, hay una alternativa
progresista que las encuestas muestran a los dos lados del Atlántico
Norte que es la más popular, y que consiste en desconfinar gradualmente a
la población, de manera que la reapertura esté relacionada con el
cumplimiento y la mejora en cada una de las condiciones enumeradas al
principio del artículo, de manera que cuanto más se cumpla cada
condición, mayor sea el grado de apertura.
Ello requiere que, como primer paso, se invierta
masivamente en los sectores "esenciales" necesarios para el
mantenimiento y la sostenibilidad de toda la sociedad y, por lo tanto,
de la economía. Entre ellos merecen especial atención
los servicios sanitarios y de salud pública, así como los servicios
sociales y los de atención personal (conocidos también como la economía
de los cuidados), incluyendo los servicios del cuarto pilar del Estado
del Bienestar (escuelas de infancia y servicios de atención a la
dependencia, entre otros), que son todos ellos necesarios para
garantizar la supervivencia, el mantenimiento, la seguridad y el cuidado
de la ciudadanía (tanto como trabajadores como consumidores), sin la
cual la actividad económica no puede existir.
Se propone así un New Deal
Social que incluya una gran inversión en estos servicios y
transferencias del Estado, inversión que, insisto, debería reforzar los
servicios de supervivencia, mantenimiento y continuidad de la sociedad,
incluida su economía, y que además sería una de las fuentes más
importantes para crear empleo.
Esta inversión garantizaría una
recuperación que minimice la mortalidad y morbilidad (enfermedad),
creando además un empleo necesario para facilitar tanto la seguridad y
salud de la población como el estímulo para la recuperación económica.
Por ejemplo, el desarrollo del 4º pilar del bienestar
facilitaría la integración de la mujer en el mercado de trabajo, tal y
como ha ocurrido en aquellos países donde existe dicho pilar
(como es el caso de los países escandinavos, que tienen el mayor
porcentaje de mujeres en el mercado de trabajo), ya que permite
compaginar el proyecto personal a nivel laboral con la responsabilidad
familiar (facilitada también por una revolución cultural,
corresponsabilizando al hombre en tales tareas familiares). Estas
políticas públicas están adquiriendo una gran urgencia hoy como
consecuencia del confinamiento de las familias, con el cierre de las
escuelas, incluidas las infantiles. El número de puestos de trabajo
creados en el desarrollo de estos servicios sociales básicos sería muy
grande.
Si España tuviera el mismo porcentaje de la población
adulta trabajando en estos sectores sociales del Estado del Bienestar
(hoy, uno de cada diez) que tiene Suecia (uno de cada cinco), España crearía unos 3,5 millones de puestos de trabajo. De ahí la urgencia de que el Estado cree empleo.
La muy necesaria renta mínima garantizada que asegure un ingreso mínimo vital debe ser complementada con la universalidad
del derecho de acceso a los servicios sanitarios y sociales (incluyendo
el 4º pilar del bienestar) que garanticen su vida, salud y bienestar
social. El derecho al ingreso mínimo vital debería estar acompañado con
el derecho de acceso a los servicios vitales universales.
Hoy existe un gran consenso popular, expresado en el aplauso a las 8
de la tarde hacia los trabajadores de los sectores sanitarios y
sociales, sobre la urgente necesidad de cubrir el enorme déficit de
personal y recursos en estos servicios. Esta inversión en el New Deal Social es una de las condiciones
más importantes para los programas de recuperación económica a fin de
resolver, por un lado, la pandemia y, por el otro, prevenir su
reaparición, toda vez que se garantiza el bienestar y la calidad de vida
de la ciudadanía (objetivo principal de cualquier política pública),
así como la seguridad y el mantenimiento del quehacer económico.
La pandemia y la enorme crisis que ha creado es la mejor prueba de la
importancia de priorizar esta inversión social, siendo el centro de la
recuperación.
La necesaria reorientación del sector industrial para orientarlo hacia el bien común
La recuperación económica tiene que incluir también una gran
inversión pública para la recuperación del sector industrial, que
debería utilizarse para reformarlo a fin de dar mayor prioridad a
la producción orientada al bien común en lugar de estar centrado
exclusivamente (como ha sido hasta ahora) en responder a la demanda del
consumo individual, determinado por la capacidad adquisitiva de las
personas, orientándose así hacia los sectores con mayor capacidad
monetaria.
Hay que producir respiradores que salven vidas, por
ejemplo, en lugar de producir tantos automóviles, y hay que producir
mascarillas en lugar de vestidos de lujo. Y hay que enfatizar las energías renovables en lugar de las contaminantes. El New Deal Verde tiene que complementar el New Deal Social.
Y para asegurarse de que esta nueva orientación se cumple, el Estado
tendría que utilizar la inversión pública, pasando a ser parte de la
dirección de algunas empresas, conforme a la cantidad de apoyo
financiero que haya aportado.
No puede reproducirse lo que ocurrió con
la salvación de la banca, que terminó con una enorme pérdida de 60.000
millones de euros públicos, sin haber sido utilizada aquella inversión
para una modernización del sector bancario, a fin de que desarrollara
una vocación de servicio al bien común, escasamente presente en este
sector económico. (...)
¿Cómo se pagará esta reconversión? La necesaria reforma de la política fiscal
Por extraño que parezca, la respuesta a esta pregunta no es
económica sino política. La pregunta debe reformularse para decir:
¿tiene la sociedad española recursos para financiar esta recuperación? Y la respuesta, apoyada por los datos existentes, creíbles y claros, es afirmativa.
España tiene los recursos para pagar su New Deal Social (complementado con el New Deal Verde). El excesivo poder e influencia de las fuerzas conservadoras en la vida política y mediática de España explica
la infrafinanciación de sus sectores esenciales, incluyendo, por
ejemplo, la sanidad y los servicios de salud pública.
España es uno de
los países de la UE-15 que gasta menos en su Estado del Bienestar. En sanidad, por ejemplo,
invierte solo un 6,4% del PIB, cuando la media en la Unión Europea es
del 7,1% y en la UE-15 del 7,2%. Si tal gasto fuera el de la UE-15,
tendríamos casi 10.000 millones de euros más para la sanidad.
Las enormes desigualdades de renta y de propiedad que existen
en este país, unas de las más altas hoy en el mundo desarrollado,
muestran que el problema no es la falta de recursos sino la
redistribución de esos recursos, lo cual ocurre por cierto también en la
Unión Europea (UE), cuya falta de solidaridad en respuesta a la
pandemia está mostrando, una vez más, una carencia de sensibilidad
social que podría significar su desaparición como consecuencia de la falta de apoyo popular. (...)
Que hoy, en medio de la mayor crisis económica que este continente haya experimentado, todavía se insista en la UE en las medidas neoliberales que hicieron tanto daño a las clases populares de este continente es un sinsentido. Hoy están claramente desfasadas, pues hay casi un consenso internacional en que la principal condición para salir de la crisis es precisamente una enorme inversión pública, y debe ser el Estado (desde sus diferentes niveles) el que invierta cantidades nunca vistas antes para esta recuperación.
De ahí que, además de políticas fiscales redistributivas, el
crecimiento de la deuda pública sea necesario y urgente, pues sin ella
no hay posibilidad de recuperación económica. Incluso el mayor ideólogo neoliberal, conocido por su insistencia en reducir el déficit público durante la Gran Recesión, el Sr. Kenneth Rogoff, de la Universidad de Harvard, no solo tolera, sino que es favorable a un gran aumento del déficit ("tanto como sea necesario para recuperar la actividad económica"). Y un tanto igual el presidente del Federal Reserve Board, Jerome H. Powell (institución equivalente al Banco Central Europeo y máximo promotor del neoliberalismo en EEUU), que
ha pedido al Congreso de EEUU que continúe invirtiendo dinero público
hasta que la economía se recupere, sin límite en su déficit.
El tema a
debate, pues, no es inversión pública sí o no, sino dónde, cuándo y cómo
se hace tal inversión, y para el beneficio de quién: o se hace para
salvar los intereses particulares del establishment financiero y
económico, o para salvar la calidad de vida y el bienestar de la mayoría
de la población, poniendo el bien común por encima de todo lo demás.
Ahí es donde está el debate. Y de su resolución depende la vida de
todos, incluida la del lector de este artículo."
(Vicenç Navarro, Catedrático Emérito de Ciencias Políticas y Políticas Públicas,
Universitat Pompeu Fabra, Profesor de Health and Public Policy, The
Johns Hopkins University, Público, 20/05/20)
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