Por un lado, dedicar recursos a un plan de reconstrucción implica dar
por hecho que se va a producir la destrucción de una parte importante
de las economías europeas (de modo desigual, como indicaré enseguida),
algo que se podía haber evitado. Y, por otro, provocar un incremento
innecesario de deuda es una forma bastante peculiar de dejar un futuro
mejor a la siguiente generación.
Lo que ha propuesto la Comisión Europea es lo previamente acordado
entre Alemania y Francia (500.000 millones de euros entre subvenciones y
préstamos) más otros 250.000 millones adicionales, aunque modificando
el reparto, de modo que ahora el medio billón de euros sería en
subvenciones no reembolsables y el resto en préstamos a devolver en 20
años.
Lo primero que hay que señalar es que, si bien lo lógico es que se
haya negociado ya bastante, la propuesta de la Comisión no es definitiva
pues debe aprobara el Consejo Europeo, por unanimidad, y el Parlamento.
Sería un milagro que su expresión final fuese exactamente la de ahora.
La propuesta se basa en un análisis que muestra el efecto
"devastador" que tiene el confinamiento en las diferentes economías
europeas:
- Entre el 25% y el 35% de las empresas, o entre el 35% y el 50% en un escenario adverso, tendrán un déficit de financiación a finales de año de entre 350.000 millones y 500.000 millones de euros, en el mejor escenario, o de entre 650.000 millones y 900.000 millones en el peor.
- La caída estimada de la inversión privada será de 846.000 millones de euros en 2020 y 2021.
- Las pérdidas que sufrirán las empresas serán de 720.000 millones de euros en el mejor escenario o 1,2 billones en el peor escenario.
- Se perderán entre 25 y 35 millones de empleos.
- Como consecuencia de las medidas que han tenido que adoptar, los gobiernos verán aumentar sus compromisos de financiación de 2020 y 2021 en 1,7 billones de euros.
- A esos daños, la Comisión suma el coste de otros proyectos previos para la transición verde y digital que tenían un valor de 1,19 billones en los dos próximos años.
El plan no evita que los Estados tengan que hacer frente a una factura adicional muy elevada que va a debilitar sus economía en los próximos años. Como comenté en un artículo anterior (Alemania y Francia salen de caza), el Parlamento Europeo había reclamado un fondo de recuperación de 2 billones de euros (2,6 veces más cuantioso que el propuesto por la Comisión) y España uno de 1,5 billones, el doble. No se trata de pedir que unos países paguen las facturas de otros sino de lo irracional que resulta haber construido una unión que sólo contempla el "sálvese quien pueda" ante una situación de emergencia extraordinaria. (...)
Como muchos economistas venimos señalando, el haber dejado que cada
país se arregle como haya podido a través de su política fiscal, cuando
cada uno está en una condición muy diferente, va a dar lugar a
situaciones de salida muy desiguales que van a incrementar
extraordinariamente la divergencia y el equilibrio que se supone que son
incompatibles con un mercado único. Los datos de las ayudas que los
Estados están dando a sus empresas son elocuentes: la economía alemana
es cuatro veces más grande que la española y les ha dado 33 veces más
dinero en ayudas.
Una problema añadido de la ayuda que contempla el Plan de
reconstrucción de la Comisión es la condicionalidad. Yo defiendo que las
subvenciones que conceda la Unión Europea y las que ahora se contemplan
se proporcionen con condiciones. Es algo consustancial a formar parte
de un club o de cualquier tipo de grupo o asociación. El problema, por
tanto, no es que las subvenciones y préstamos que contempla este plan de
reconstrucción estén condicionados a la adopción de políticas comunes.
La cuestión estriba en que las condiciones que siempre plantea la Unión
Europea son muy contrarias a lo que se necesita que se den en un mercado
único.
Lo explicaré muy rápidamente: se impone que no haya países con
grandes desequilibrios presupuestarios porque eso puede dar lugar a
costes de financiación que repercutan negativamente sobre los demás.
Pero nunca se habla de establecer condiciones para evitar los efectos
negativos que tiene el excedente y la deflación salarial que registran
permanentemente otros países.
Si lo que de verdad se quiere es que el
mercado único funcione correctamente (y mucho más una zona monetaria)
tan obligados son los ajustes presupuestarios impuestos a países como
Italia, España, Grecia o Portugal, como los que debieran suponer
aumentos salariales en Alemania, por ejemplo. Al establecer condiciones
sólo en uno de los casos que producen desequilibrio lo que se provoca es
la amplificación de la divergencia: se frena sólo a una parte de las
economías "desequilibradas".
Como también señalé al principio, otro grave defecto de la propuesta
de la Comisión es que se basa en el incremento continuado de la deuda en
beneficio exclusivo de la banca privada. Según los datos de Eurostat,
los diferentes países e la Unión Europea pagaron 292.778 millones de
euros en intereses en 2018 (sólo los de eurozona, 193.000 millones de
euros en 2019) y desde 2001 han pagado por ese solo concepto unos 6
billones de euros. Hay que decirlo claramente: ese es un dinero que se
le está robando a la ciudadanía europea para dárselo a la banca privada.
El Banco Central Europeo podría haber financiado el gasto de los países
de la UE sin necesidad de generar ese despilfarro de dinero. Y ahora,
para hacer frente a la emergencia sanitaria se produce de nuevo ese
robo: en lugar de establecerse un mecanismo de financiación todo lo
riguroso y condicionado que fuese necesario pero inmediato, gratuito,
destinado directamente a las empresas y hogares y que hubiera ido
acompañado de una reducción global de la deuda, se recurre a otro que
provoca un endeudamiento adicional del que será muy difícil que
economías como la italiana o la española salgan sin daños económicos y
sociales gravísimos y permanentes.
Y no hay que olvidar que ni siquiera se puede considerar que todo el
dinero del Plan de reconstrucción va a ir a las economías porque los
documentos contemplan que, además de con deuda, tendrá que financiarse
con mayor contribución de los Estados y con recortes de otros programas,
además de con nuevos impuestos.
En fin, la propuesta de la Comisión será muy posiblemente la que, con
modificaciones a peor para lograr el voto de países como Holanda o
Austria, se apruebe en el Consejo Europeo. Es insuficiente como
demuestra que sea tan inferior a la reclamada por el propio Parlamento
(aunque este seguramente comulgará otra vez con ruedas de molino cuando
la apruebe), insolidaria porque deja caer a países miembros que han
sufrido en mayor medida los efectos de la pandemia, irresponsable e
insostenible porque aumenta la deuda y no evita la crisis que por esta
razón van a sufrir países como Italia o España, será posiblemente
contraproducente si va a acompañada de condiciones que frenen todavía
más a las economías de por sí más necesitadas de estímulo y
completamente ajena a las propuestas laborales, fiscales y financiera
más innovadoras y progresistas que se están tomando en otros países.
No cabe duda de que esta propuesta de la Comisión sería una auténtica
revolución en tiempos de normalidad, pero valorarla como tal cuando
estamos en condiciones extraordinarias es completamente ingenuo. Si se
tiene en cuenta la situación real en la que nos encontramos, la
conclusión es que Europa, lamentablemente, vuelve a no estar a la altura
de las circunstancias. (...)
La Comisión ha optado por lo que cabía esperar, dada su composición y la
influencia que los grandes grupos industriales tienen sobre quienes
toman sus decisiones: con el plan que propone alimenta con privilegio a
los peces gordos, a las naciones más fuertes frente a las más débiles de
la periferia, a las grandes corporaciones frente a las pequeñas y
medianas empresas y a la iniciativa privada frente al interés colectivo." (Juan Torres López, Público, 28/05/20)
No hay comentarios:
Publicar un comentario