"Rentabilidad, inversión y pandemia
El discurso de la semana pasada del presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Jay Powell, en
el Instituto Peterson de Economía Internacional de Washington fue
realmente impactante. Powell dijo a su audiencia de economistas que «el
alcance y la velocidad de esta recesión no tienen precedentes en los
tiempos modernos». Uno de los hechos sorprendentes que apuntó fue que, según una encuesta especial de la Fed sobre el «bienestar económico» en los hogares estadounidenses,
«de las personas que trabajaban en febrero, casi el 40% de los hogares
que ganaban menos de 40,000 dólares al año habían perdido un empleo en
Marzo».
Powell advirtió a su bien pagado público que atendía sentado en su
casa gracias a Zoom que “si bien la respuesta económica ha sido oportuna
y suficiente, puede que no sea el capítulo final, dado que el camino
por delante es muy incierto y con riesgos a la baja significativos». De
hecho, si son fiables las reducciones continuas de las previsiones de
crecimiento global, el número de optimistas que cree posible una
recuperación en forma de V se reduce a los dirigentes políticos y
financieros.
Otro estudio predice que
el PIB de los EEUU disminuirá un 22% en comparación con el período
previo al COVID-19 y que el 24% de los empleos en los EEUU probablemente
estén en peligro. Considera además que los efectos negativos serán
mayores para los trabajadores con salarios bajos que podrían sufrir una
caída del empleo de hasta el 42%, mientras que los trabajadores con
salarios altos experimentarán solo una reducción del 7%.
Y Powell estaba preocupado porque cree que este colapso provocará
daños a largo plazo en la economía de Estados Unidos, dificultando
cualquier recuperación rápida o incluso significativa. “La historía
muestra que las recesiones más profundas y prolongadas pueden provocar
un daño duradero a la capacidad productiva de la economía», dijo Powell,
haciéndose eco de los argumentos defendidos en mi artículo sobre las ‘cicatrices’ económicas de la pandemia.
Powell cree que el principal problema para iniciar la recuperación
tras la pandemia es que “una recesión prolongada y una recuperación
débil también podrían desalentar la inversión y la expansión
empresarial, limitando aún más la creación de empleos, así como el
crecimiento del capital fijo y el avance tecnológico. El resultado puede
ser un período prolongado de bajo crecimiento de la productividad y de
ingresos estancados». Ver aquí.
Y existe el grave riesgo de que cuanto más tarde la recuperación, más
probabilidades hay de quiebras y cierres de empresas y bancos, ya
que «la recuperación puede tardar en ganar impulso, y ese retraso puede
convertir los problemas de liquidez en problemas de solvencia».
De hecho, la semana pasada, la Reserva Federal publicó su Informe de Estabilidad Financiera semestral,
en el que concluye que “el valor de los activos siguen siendo
vulnerable a caídas significativas de los precios si la pandemia toma un
curso inesperado, las consecuencias económicas resultan peores de lo
previsto o resurgen las tensiones del sistema financiero». El informe de
la Fed advierte que los prestamistas podrían enfrentarse a «pérdidas
materiales» por conceder prestamos a empresas en dificultades que no
puedan volver a la normalidad después de la crisis.
«Las tensiones en
los balances de los hogares y las empresas debido a los shocks
económicos y financieros que se han sucedido desde marzo probablemente
provoquen una situación de fragilidad que durará algún tiempo”, según la
Fed. «En resumen, la posibilidad de que las pérdidas de las
instituciones financieras creen presiones a medio plazo parece elevada»,
asegura la Fed.
Por lo tanto, la crisis del coronavirus será profunda y duradera, con
una recuperación débil y podría provocar un colapso financiero. Y los
trabajadores sufrirán de verdad, especialmente los de la parte inferior
en la escala de ingresos y formación. Ese es el mensaje del jefe del
banco central más poderoso del mundo.
Por cierto, el argumento de los keynesianos de que el bajo
crecimiento económico en los últimos diez años se debe al «estancamiento
secular» causado por un «exceso de ahorro», no se confirma. El
índice de ahorro nacional en las economías capitalistas avanzadas en
2019 no ha sido mayor que en 2007, mientras que el índice de inversión
ha caído un 7%. Ha habido una escasez de inversión, no un exceso de ahorro. Este
es el resultado de la baja rentabilidad en las principales economías
capitalistas, que obliga a buscar en el extranjero donde invertir con
una rentabilidad más alta (el índice de inversión en las economías
emergentes ha aumentado un 10%; volveré a este punto en un artículo
futuro).
Lo importante para restaurar el crecimiento económico en una economía
capitalista es la inversión empresarial. Y depende de la rentabilidad
de esa inversión. E incluso antes del golpe de la pandemia, la inversión
empresarial estaba cayendo. Por ejemplo, Europa. Antes del golpe de la
pandemia, la inversión empresarial en los países periféricos europeos
todavía estaba aproximadamente un 20% por debajo de los niveles
anteriores a la crisis.
Andrew Kenningham, economista jefe para Europa de Capital Economics,
pronostica que la inversión empresarial de la eurozona caerá un 24 por
ciento interanual en 2020, contribuyendo a una contracción del 12 por
ciento del PIB. En el primer trimestre, Francia sufrió su mayor
contracción conocida en la formación bruta de capital fijo, un índice de
la inversión pública y privada; la contracción en España también estuvo
cerca de niveles récord, según datos preliminares de su oficina
nacional de estadística. (...)" (Michael Roberts, El Viejo Topo, 28/05/20)
No hay comentarios:
Publicar un comentario