28.5.20

Michael Roberts: la crisis del coronavirus será profunda y duradera, con una recuperación débil y podría provocar un colapso financiero. Y los trabajadores sufrirán de verdad, especialmente los de la parte inferior en la escala de ingresos y formación. Ese es el mensaje del jefe del banco central más poderoso del mundo

"Rentabilidad, inversión y pandemia



El discurso de la semana pasada del presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Jay Powell, en el Instituto Peterson de Economía Internacional de Washington fue realmente impactante. Powell dijo a su audiencia de economistas que «el alcance y la velocidad de esta recesión no tienen precedentes en los tiempos modernos». Uno de los hechos sorprendentes que apuntó fue que, según una encuesta especial de la Fed sobre el «bienestar económico» en los hogares estadounidenses, «de las personas que trabajaban en febrero, casi el 40% de los hogares que ganaban menos de 40,000 dólares al año habían perdido un empleo en Marzo».


Powell advirtió a su bien pagado público que atendía sentado en su casa gracias a Zoom que “si bien la respuesta económica ha sido oportuna y suficiente, puede que no sea el capítulo final, dado que el camino por delante es muy incierto y con riesgos a la baja significativos». De hecho, si son fiables las reducciones continuas de las previsiones de crecimiento global, el número de optimistas que cree posible una recuperación en forma de V se reduce a los dirigentes políticos y financieros.

Otro estudio predice que el PIB de los EEUU disminuirá un 22% en comparación con el período previo al COVID-19 y que el 24% de los empleos en los EEUU probablemente estén en peligro. Considera además que los efectos negativos serán mayores para los trabajadores con salarios bajos que podrían sufrir una caída del empleo de hasta el 42%, mientras que los trabajadores con salarios altos experimentarán solo una reducción del 7%.


Y Powell estaba preocupado porque cree que este colapso provocará daños a largo plazo en la economía de Estados Unidos, dificultando cualquier recuperación rápida o incluso significativa. “La historía muestra que las recesiones más profundas y prolongadas pueden provocar un daño duradero a la capacidad productiva de la economía», dijo Powell, haciéndose eco de los argumentos defendidos en mi artículo sobre las ‘cicatrices’ económicas de la pandemia.


Powell cree que el principal problema para iniciar la recuperación tras la pandemia es que “una recesión prolongada y una recuperación débil también podrían desalentar la inversión y la expansión empresarial, limitando aún más la creación de empleos, así como el crecimiento del capital fijo y el avance tecnológico. El resultado puede ser un período prolongado de bajo crecimiento de la productividad y de ingresos estancados». Ver aquí.

Y existe el grave riesgo de que cuanto más tarde la recuperación, más probabilidades hay de quiebras y cierres de empresas y bancos, ya que «la recuperación puede tardar en ganar impulso, y ese retraso puede convertir los problemas de liquidez en problemas de solvencia».


De hecho, la semana pasada, la Reserva Federal publicó su Informe de Estabilidad Financiera semestral, en el que concluye que “el valor de los activos siguen siendo vulnerable a caídas significativas de los precios si la pandemia toma un curso inesperado, las consecuencias económicas resultan peores de lo previsto o resurgen las tensiones del sistema financiero». El informe de la Fed advierte que los prestamistas podrían enfrentarse a «pérdidas materiales» por conceder prestamos a empresas en dificultades que no puedan volver a la normalidad después de la crisis. 

«Las tensiones en los balances de los hogares y las empresas debido a los shocks económicos y financieros que se han sucedido desde marzo probablemente provoquen una situación de fragilidad que durará algún tiempo”, según la Fed. «En resumen, la posibilidad de que las pérdidas de las instituciones financieras creen presiones a medio plazo parece elevada», asegura la Fed.


Por lo tanto, la crisis del coronavirus será profunda y duradera, con una recuperación débil y podría provocar un colapso financiero. Y los trabajadores sufrirán de verdad, especialmente los de la parte inferior en la escala de ingresos y formación. Ese es el mensaje del jefe del banco central más poderoso del mundo.

Por cierto, el argumento de los keynesianos de que el bajo crecimiento económico en los últimos diez años se debe al «estancamiento secular» causado por un «exceso de ahorro», no se confirma. El índice de ahorro nacional en las economías capitalistas avanzadas en 2019 no ha sido mayor que en 2007, mientras que el índice de inversión ha caído un 7%. Ha habido una escasez de inversión, no un exceso de ahorro. Este es el resultado de la baja rentabilidad en las principales economías capitalistas, que obliga a buscar en el extranjero donde invertir con una rentabilidad más alta (el índice de inversión en las economías emergentes ha aumentado un 10%; volveré a este punto en un artículo futuro).


Lo importante para restaurar el crecimiento económico en una economía capitalista es la inversión empresarial. Y depende de la rentabilidad de esa inversión. E incluso antes del golpe de la pandemia, la inversión empresarial estaba cayendo. Por ejemplo, Europa. Antes del golpe de la pandemia, la inversión empresarial en los países periféricos europeos todavía estaba aproximadamente un 20% por debajo de los niveles anteriores a la crisis.


Andrew Kenningham, economista jefe para Europa de Capital Economics, pronostica que la inversión empresarial de la eurozona caerá un 24 por ciento interanual en 2020, contribuyendo a una contracción del 12 por ciento del PIB. En el primer trimestre, Francia sufrió su mayor contracción conocida en la formación bruta de capital fijo, un índice de la inversión pública y privada; la contracción en España también estuvo cerca de niveles récord, según datos preliminares de su oficina nacional de estadística.  (...)"    (Michael Roberts, El Viejo Topo, 28/05/20)

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