"(...) El riesgo para la democracia está en el barómetro del CIS, y
no porque lo haga Tezanos, sino por lo que cuenta de las preocupaciones
de los españoles.
Que en medio del episodio más disruptivo y
atemorizador que hemos vivido en décadas, los primeros puestos de las
preocupaciones los ocupen el paro, la economía y el propio coronavirus
simplemente refleja la realidad sin más aditamentos. Sociedades
conectadas que saben dónde están los riesgos y por dónde vienen los
palos cuando todo se tuerce o todo se para.
Pero es que en cuarto lugar
se cuela como preocupación el mal comportamiento de los políticos. ¡El
mal comportamiento! Es como si en medio de un incendio, tuvieras que
echarle la bronca a los bomberos porque pelean por quién se queda con la
manguera. Si no por principios, responsabilidad y sentido del deber, al
menos por puro interés, por su propia supervivencia, asombra que les
resulte indiferente este desprestigio permanente de los partidos
políticos.
La crisis de 2008 reveló la impotencia de la política frente a
los mercados financieros, mala cosa si la crisis de 2020 le añade a la
política el estigma de obstruccionista del bien común. Y pocas veces ha
estado más claro y ajeno a etiquetas ideológicas, eso que llamamos el
bien común.
Tan claro como que según el mismo barómetro
del CIS, mayorías superiores al 80% consideran necesario el
confinamiento que hemos hecho, creen que las consecuencias económicas
serán muy graves, ven bien el ingreso mínimo vital y defienden que hay
que dotar a la Sanidad de más dinero, más personal, mejor coordinación
entre comunidades autónomas y aumentar instalaciones y recursos para
prevenir y abordar pandemias. No está mal como punto de partida para la
reconstrucción. ¿Pueden los partidos políticos tirar a la basura
consensos superiores al 80%?" (Pepa Bueno, El País, 20/05/20)
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