"(...) La primera fanfarria que han blandido los profesionales a sueldo del
periodismo es que nuestro país se librará de la visita de los “hombres
de negro”. Es una de las pocas cosas en las que podemos estar de
acuerdo. No necesitamos a esos personajes porque ya los tenemos en casa.
No será un hombre de negro sino una mujer. Es ministra de Asuntos
económicos y transformación digital y se llama Nadia Calviño. (...)
Sabemos que, en las conversaciones previas al acuerdo europeo, la
ministra evitó que se materializara la propuesta de mutualización de la
deuda a través de los llamados coronabonos, cerrando la puerta al avance
de quienes así lo proponían (Francia e Italia principalmente). Para
ello presentó una propuesta alternativa, que no era sino secundar
veladamente las posiciones defendidas por Alemania; esa propuesta sentó
las bases del acuerdo alcanzado.
Se estableció un grado de compromiso
mucho más laxo por parte de los países más reacios y criterios donde la
competición entre Estados primaba sobre la cooperación. Al rechazar la
mutualización de la deuda, Nadia Calviño allanó el terreno a la postura
alemana y de los países del norte que no querían contribuir.
Finalmente, rubricado el acuerdo sabemos que, aunque nominalmente es
la Comisión la que se endeuda, el préstamo no lo devolverá ésta sino los
estados vía aportaciones a la UE, lo que es en realidad un nuevo rescate
encubierto a la Banca Europea. La Comisión pedirá dinero en los
mercados, no al BCE, como podría hacer, ahorrando intereses. Los 750.000
millones de euros tendrán, por otra parte, la mejor calidad crediticia,
serán del tipo AAA, un auténtico “chollo” para el sistema financiero
europeo.
Es Alemania la que está detrás de la dura negociación con los países
del Norte. Berlín no ha tenido una postura “progresista” ni neutral,
como loa la prensa, ha velado por sus intereses, como siempre. El papel
de malo de la película lo ostentan el primer ministro holandés Mark
Rutte y el canciller austriaco Sebastian Kurz, que han conseguido que
sean los países próximos a Berlín los grandes beneficiados.
Así mismo,
Merkel es la más interesada en no trastocar la situación actual, que le
permite controlar el mercado intraeuropeo. El Sur de Europa, una vez
impuesta la desindustrialización en España (fue la condición para
aceptar el euro) se convirtió en un gran mercado para los productos
alemanes prácticamente en régimen de monopolio[1].
Se nos adjudicó el papel de país de servicios turísticos, nuestras
exportaciones fueron el sol y la playa. Con estas premisas y el ejemplo
de la crisis del 2008 no podíamos esperar una ayuda desinteresada del
Norte, es por ello que las proclamas de los políticos españoles para
reindustrializar a nuestro país suenan a hueco.
El diseño de esta UE ha
significado un balón de oxígeno para las economías centroeuropeas. Ahora
los planes de reestructuración profundizarán ese camino. Las ayudas que
recibirá España se emplearán fundamentalmente en comprar productos o
servicios y pagar deudas (entre cuyos principales tenedores se hallan
también los alemanes). España no podrá utilizar esos ingresos para
generar industria o I+D propios.
En los próximos meses las ayudas a la “economía verde”, por ejemplo, o
el sector de la automoción se transformarán en ayudas indirectas a la
industria del Norte europeo como por ejemplo Volkswagen. Nuestro país
podrá mantener algunas plantas de montaje pero la investigación, el
diseño, las nuevas patentes, la nueva industria, basada en el vehículo
eléctrico y los beneficios de los nuevos modos de producción quedarán
para Alemania. Ese país no va a permitir que nadie le haga la
competencia. Con el sur de Europa controlado, ahora mira hacia el este
europeo y las futuras relaciones comerciales con Rusia y China. (...)
Lo que queda claro es que el Plan de Recuperación es un proyecto que
beneficia esencialmente a la gran banca europea y a las economías del
Norte. La situación de las instituciones financieras del continente es
muy difícil (desde el 2009 han sido rescatadas 61 entidades); la
situación del Deutsche Bank (el gran banco europeo y alemán) es muy
delicada y necesita fuertes inyecciones financieras. El plan de rescate
europeo contempla también esta realidad. Para conseguir los famosos
750.000 millones del Plan de Recuperación para Europa se recurrirá a los
bancos privados, que lo financiarán.
Ese dinero que se devolverá en un
plazo máximo de 40 años (2058) se hará con los intereses
correspondientes y a su vez será proporcionado por el Banco Central
Europeo a un interés inferior a 0. Es una muestra más del sinsentido
económico. Europa, como hemos dicho, podría haberse financiado
utilizando el BCE con condiciones netamente ventajosas, pero eso era
quitarle un jugoso caramelo a la gran banca y dentro de ella, cómo no, a
la propia banca alemana. (...)
El pacto va acompañado del presupuesto comunitario para 7 años y aquí
encontramos otra piedra en el zapato; una parte nada desdeñable de los
fondos de reconstrucción post-pandemia se nutren de otros programas de
gasto ya comprometidos como el I+D, los fondos de cohesión o la PAC, que
se reducen.
Así mismo, los países del bloqueo han conseguido sucesivas
rebajas en sus aportaciones al fondo común vía presupuesto comunitario
de unos 53.000 millones en siete años (+/- 7.600 millones de Euros/año) a
cambio de eliminar su capacidad de veto siendo sustituida por un
acuerdo de supervisión reforzada en la parte de crédito y de
transferencias. Esas deducciones que obtienen los países del norte serán
pagadas por todos en función de su RNB, por tanto el Norte gana (se
mutualiza su beneficio) mientras el sur se endeuda y contribuye con más
aportaciones.
El 70% del fondo que llegará a España lo hará entre el
2021 y 2022 a razón de unos 27.000 millones €/año (solo los ERTES en
2020 nos cuestan unos 5.500 millones/mes). En el Pacto no se contempla
en ningún momento la reindustrialización del Sur de la UE (...)
La UE no ayuda porque sí, condiciona siempre, incluso los fondos de
cohesión van acompañados obligatoriamente del denominado Programa de
Acción (Plan Nacional de Reformas en el caso español) y han de pasar por
el control de la Comisión europea antes de ser adjudicados. Este
control se reforzará. Los países que como España precisen de la UE,
deben enviar a Bruselas un plan de reformas e inversión basada en las
recomendaciones que no se cumplieron anteriormente, como la reforma de
pensiones y la apertura, aún mayor, del sistema sanitario a la inversión
privada. Pedro Sánchez debe enviar su plan de reformas a Bruselas el 15
de octubre con medidas para los próximos tres años; el periodo en que
se comprometerán las ayudas del fondo anticrisis.
Los préstamos condicionados implican una cesión de soberanía a la
Comisión Europea que comienza a constituirse como una entidad
supranacional cuya soberanía y capacidad de control crece a medida que
merman las capacidades de los países “rescatados” sobre los que
aplicará, evidentemente, una serie de recortes siempre acorde a
criterios de austeridad velada o no, una austeridad que, durante los
últimos diez años, se ha mostrado como una de las herramientas más
valiosas para cercenar las economías, ahondar en la desigualdad, la
privatización de los servicios públicos, y generar pobreza estructural (...)" (Eduardo Luque , El Viejo Topo, 04/08/20)
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