19.8.20

Las ayudas que recibirá España se emplearán fundamentalmente en comprar productos o servicios y pagar deudas (entre cuyos principales tenedores se hallan también los alemanes). España no podrá utilizar esos ingresos para generar industria o I+D propios... las nuevas patentes, la nueva industria, basada en el vehículo eléctrico y los beneficios de los nuevos modos de producción quedarán para Alemania. Ese país no va a permitir que nadie le haga la competencia

"(...) La primera fanfarria que han blandido los profesionales a sueldo del periodismo es que nuestro país se librará de la visita de los “hombres de negro”. Es una de las pocas cosas en las que podemos estar de acuerdo. No necesitamos a esos personajes porque ya los tenemos en casa. No será un hombre de negro sino una mujer. Es ministra de Asuntos económicos y transformación digital y se llama Nadia Calviño. (...)

Sabemos que, en las conversaciones previas al acuerdo europeo, la ministra evitó que se materializara la propuesta de mutualización de la deuda a través de los llamados coronabonos, cerrando la puerta al avance de quienes así lo proponían (Francia e Italia principalmente). Para ello presentó una propuesta alternativa, que no era sino secundar veladamente las posiciones defendidas por Alemania; esa propuesta sentó las bases del acuerdo alcanzado. 

Se estableció un grado de compromiso mucho más laxo por parte de los países más reacios y criterios donde la competición entre Estados primaba sobre la cooperación. Al rechazar la mutualización de la deuda, Nadia Calviño allanó el terreno a la postura alemana y de los países del norte que no querían contribuir.

Finalmente, rubricado el acuerdo sabemos que, aunque nominalmente es la Comisión la que se endeuda, el préstamo no lo devolverá ésta sino los estados vía aportaciones a la UE, lo que es en realidad un nuevo rescate encubierto a la Banca Europea. La Comisión pedirá dinero en los mercados, no al BCE, como podría hacer, ahorrando intereses. Los 750.000 millones de euros tendrán, por otra parte, la mejor calidad crediticia, serán del tipo AAA, un auténtico “chollo” para el sistema financiero europeo.

Es Alemania la que está detrás de la dura negociación con los países del Norte. Berlín no ha tenido una postura “progresista” ni neutral, como loa la prensa, ha velado por sus intereses, como siempre. El papel de malo de la película lo ostentan el primer ministro holandés Mark Rutte y el canciller austriaco Sebastian Kurz, que han conseguido que sean los países próximos a Berlín los grandes beneficiados. 

Así mismo, Merkel es la más interesada en no trastocar la situación actual, que le permite controlar el mercado intraeuropeo. El Sur de Europa, una vez impuesta la desindustrialización en España (fue la condición para aceptar el euro) se convirtió en un gran mercado para los productos alemanes prácticamente en régimen de monopolio[1]. Se nos adjudicó el papel de país de servicios turísticos, nuestras exportaciones fueron el sol y la playa. Con estas premisas y el ejemplo de la crisis del 2008 no podíamos esperar una ayuda desinteresada del Norte, es por ello que las proclamas de los políticos españoles para reindustrializar a nuestro país suenan a hueco. 

El diseño de esta UE ha significado un balón de oxígeno para las economías centroeuropeas. Ahora los planes de reestructuración profundizarán ese camino. Las ayudas que recibirá España se emplearán fundamentalmente en comprar productos o servicios y pagar deudas (entre cuyos principales tenedores se hallan también los alemanes).  España no podrá utilizar esos ingresos para generar industria o I+D propios.

En los próximos meses las ayudas a la “economía verde”, por ejemplo, o el sector de la automoción se transformarán en ayudas indirectas a la industria del Norte europeo como por ejemplo Volkswagen. Nuestro país podrá mantener algunas plantas de montaje pero la investigación, el diseño, las nuevas patentes, la nueva industria, basada en el vehículo eléctrico y los beneficios de los nuevos modos de producción quedarán para Alemania. Ese país no va a permitir que nadie le haga la competencia. Con el sur de Europa controlado, ahora mira hacia el este europeo y las futuras relaciones comerciales con Rusia y China.  (...)

Lo que queda claro es que el Plan de Recuperación es un proyecto que beneficia esencialmente a la gran banca europea y a las economías del Norte. La situación de las instituciones financieras del continente es muy difícil (desde el 2009 han sido rescatadas 61 entidades); la situación del Deutsche Bank (el gran banco europeo y alemán) es muy delicada y necesita fuertes inyecciones financieras. El plan de rescate europeo contempla también esta realidad. Para conseguir los famosos 750.000 millones del Plan de Recuperación para Europa se recurrirá a los bancos privados, que lo financiarán. 

Ese dinero que se devolverá en un plazo máximo de 40 años (2058) se hará con los intereses correspondientes y a su vez será proporcionado por el Banco Central Europeo a un interés inferior a 0. Es una muestra más del sinsentido económico. Europa, como hemos dicho, podría haberse financiado utilizando el BCE con condiciones netamente ventajosas, pero eso era quitarle un jugoso caramelo a la gran banca y dentro de ella, cómo no, a la propia banca alemana.  (...)

El pacto va acompañado del presupuesto comunitario para 7 años y aquí encontramos otra piedra en el zapato; una parte nada desdeñable de los fondos de reconstrucción post-pandemia se nutren de otros programas de gasto ya comprometidos como el I+D, los fondos de cohesión o la PAC, que se reducen. 

Así mismo, los países del bloqueo han conseguido sucesivas rebajas en sus aportaciones al fondo común vía presupuesto comunitario de unos 53.000 millones en siete años (+/- 7.600 millones de Euros/año) a cambio de eliminar su capacidad de veto siendo sustituida por un acuerdo de supervisión reforzada en la parte de crédito y de transferencias. Esas deducciones que obtienen los países del norte serán pagadas por todos en función de su RNB, por tanto el Norte gana (se mutualiza su beneficio) mientras el sur se endeuda y contribuye con más aportaciones. 

El 70% del fondo que llegará a España lo hará entre el 2021 y 2022 a razón de unos 27.000 millones €/año (solo los ERTES en 2020 nos cuestan unos 5.500 millones/mes). En el Pacto no se contempla en ningún momento la reindustrialización del Sur de la UE  (...)

La UE no ayuda porque sí, condiciona siempre, incluso los fondos de cohesión van acompañados obligatoriamente del denominado Programa de Acción (Plan Nacional de Reformas en el caso español) y han de pasar por el control de la Comisión europea antes de ser adjudicados. Este control se reforzará. Los países que como España precisen de la UE, deben enviar a Bruselas un plan de reformas e inversión basada en las recomendaciones que no se cumplieron anteriormente, como la reforma de pensiones y la apertura, aún mayor, del sistema sanitario a la inversión privada. Pedro Sánchez debe enviar su plan de reformas a Bruselas el 15 de octubre con medidas para los próximos tres años; el periodo en que se comprometerán las ayudas del fondo anticrisis.

Los préstamos condicionados implican una cesión de soberanía a la Comisión Europea que comienza a constituirse como una entidad supranacional cuya soberanía y capacidad de control crece a medida que merman las capacidades de los países “rescatados” sobre los que aplicará, evidentemente, una serie de recortes siempre acorde a criterios de austeridad velada o no, una austeridad que, durante los últimos diez años, se ha mostrado como una de las herramientas más valiosas para cercenar las economías, ahondar en la desigualdad, la privatización de los servicios públicos, y generar pobreza estructural   (...)"               (Eduardo Luque , El Viejo Topo, 04/08/20)

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