"¡Hurra, salimos de la crisis! En Alemania, gran locomotora de este tren
absurdo, la noticia de la semana ha sido el pésimo resultado económico
del año 2013: un crecimiento del 0,4% (en 2012 fue del 0,7% y en 2011
del 3%), es decir, rayando la recesión. “El peor resultado desde 2009”,
según la muy oficial Oficina Federal de Estadística (Destatis), autora
del informe.
El motivo: los países en recesión de la UE y el
enfriamiento de China empujan hacia abajo las exportaciones alemanas.
Esta noticia era clara e ineludible, pero los medios de comunicación
alemanes, simplemente, le dieron la vuelta: “La economía alemana crecerá
con fuerza” (Deutsche Welle), “Perspectivas optimistas para la
economía” (primer canal de televisión).
Los
tres principales diarios le dedicaron pequeñas gacetillas en portada con
titulares que remitían a otros territorios. “Los alemanes ahorran menos
y compran más”, titulaba el Frankfurter Allgemeine Zeitung. Sí,
el informe de Destatis menciona un “incremento” del consumo del 0,9%,
pero es completamente irrelevante porque el consumo alemán sigue siendo
miserable. Ese aspecto podía más que la noticia en sí sobre el resultado
de 2013. (...)
Embellecer la situación de la economía alemana es aquí tendencia. Una
tendencia descarada. Cada día la radio y la tele loan lo bien que va
todo en materia de empleo, donde no hay progreso, o en el sector del
automóvil, que no lo tiene nada bien para el año que viene, etc., etc.
El discreto crecimiento alemán en 2013, inquietantemente dependiente
de las exportaciones tan expuestas a los vaivenes de la coyuntura
europea y global, no es muy diferente del de Francia (0,2%), cuya
economía tiene una estructura mucho más diversificada.
Sin embargo en
Francia están convencidos de que el país es un desastre, mientras que en
Alemania creen que todo va mucho mejor de lo que es en realidad. La
respuesta a esta paradoja es siempre la misma: el aparato de propaganda,
los medios de comunicación, en ambos países secuestrados en una
incestuosa espiral de corrupción, manipulación y estructural ausencia de
toda independencia y pluralismo.
La misma energía manipuladora al
servicio de la oligarquía que en Alemania se enfoca hacia el
embellecimiento, en Francia se dirige hacia el derrotismo.
Un magnífico documental francés
explica muy bien esa enfermedad mediática, común a todos los sistemas
occidentales. Sin ella nunca habríamos llegado tan suavemente a la
actual involución social y degeneración de la democracia.
Por lo demás, seguimos en el mejor de los mundos. (...)
Mientras desde el Reino Unido se proponen nuevas “reformas” para la
Unión Europea en dirección a una mayor desregulación (las “reformas” son
siempre para eso) y en Bruselas se sigue cocinando la siguiente
barbaridad, el acuerdo de “libre” comercio con Estados Unidos, en
Francia el timorato presidente Hollande anuncia cambios que podrían
haber sido diseñados en Berlín o Bruselas y que van directamente
encaminados a apuntalar el triunfo del Front National.
La frase de oro de Hollande en su conferencia de prensa: “¿Quienes
somos?, no solo un país que tuvo posesiones coloniales, somos una
potencia que aún tiene los medios (…) si ese gran país, esa capacidad
militar, esos soldados admirables, no tienen una economía capaz de crear
la dinámica necesaria, será el impacto de Francia el que se reducirá”.
Toda una declaración de principios para la Europa inservible. La responsabilidad de la socialdemocracia en el desastre europeo que se está alimentando es extraordinaria.
La Europa del momento es una suma del obtuso egoísmo económico
alemán, el timorato seguidismo francés, el profundo conformismo social
español con la corrupción y el neocaciquismo postfranquista (más allá de
las gesticulaciones), y de la general estupidez imperial-militarista.(...)" ('En el mejor de los mundos'
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