"¿Es posible que Mario Draghi sea la única autoridad de la eurozona
consciente de que todavía no hemos superado del todo la crisis? Dado que
muchos le consideran el principal salvador del euro, parece un poco
extraño, como mínimo. (...)
Tal vez haya llegado el momento de detenerse a pensar dónde se encuentra
la eurozona en el camino hacia la solución de su crisis interna. ¿Es
cierto que la economía está arreglándose? ¿El régimen político del euro
tiene ya unos cimientos sólidos y sostenibles? (...)
Mientras el sector privado siga tendiendo al desapalancamiento y los
Gobiernos mantengan sus políticas de austeridad, será necesario que el
salvavidas continúe siendo el crecimiento mundial, con el consiguiente
aumento de las exportaciones netas, para poder atisbar una mínima mejora
del estancamiento.
Durante todo este tiempo, el endeudamiento
público ha seguido aumentando, a pesar —¿o a causa?— de las políticas de
austeridad en toda la eurozona. La situación es peor en los países que
han hecho los intentos más ambiciosos de restablecer la competitividad
frente a Alemania mediante el recurso a la deflación.
Dado que ni
siquiera los salarios alemanes están casi creciendo en términos reales,
ese proceso de deuda y deflación va a continuar en sus socios del euro.
No es de extrañar que en muchos Estados miembros la situación de los
Gobiernos sea inestable.
En última instancia, podríamos preguntarnos,
¿qué argumento puede convencer a los países de permanecer en el euro, si
la moneda única ha pasado a simbolizar el empobrecimiento en vez de la
prosperidad? (...)
El error de diagnosticar que el derroche público era el principal
culpable de la crisis del euro hizo que la reforma del régimen se
centrara en endurecer la disciplina fiscal. Y ahora los Gobiernos van a
estar eternamente persiguiendo el equilibrio presupuestario. Como
consecuencia, la eurozona está renunciando a su futuro al ahogar las
inversiones públicas y privadas y echar a perder su capital humano. (...)
No es ningún secreto que Alemania es la única que manda en Eurolandia. Pero
Alemania también está absorta en un estado de engaño y ceguera sobre la
crisis de la eurozona. Considera que el sufrimiento en los países en
crisis es lamentable pero inevitable, resultado de sus propios errores y
derroches pasados.
Los votantes alemanes, tranquilos y confiados,
reeligieron a la canciller Angela Merkel como guardiana de su
estabilidad, que en teoría ahora está extendiéndose a toda la eurozona.
El ministro de Economía, Wolfgang Schäuble, ha acusado a los críticos
que no ven lo bien que están funcionando sus recetas políticas de vivir
en un “universo paralelo”. Igual que no había nada malo en que Alemania
tuviera perpetuos superávits de cuenta corriente dentro de la unión
monetaria —aunque pudieran estar arruinando a sus socios—, no hay nada
malo en que ahora la eurozona intente reproducir el modelo alemán en el
mundo, por más que se quejen los derrochadores norteamericanos.
Las
cosas van estupendamente en el universo paralelo del señor Schäuble,
puesto que, en él, el hecho de que la austeridad fiscal interna
constante se compense con perpetuos superávits comerciales es una prueba
de competitividad y la base de la estabilidad y la prosperidad. (...)" ('Las autoridades niegan la evidencia', de Jörg Bibow en El País, en Caffe Reggio, 22/01/2014)
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