"Savita Halappanavar, una dentista india de 31 años embaraza de 17
semanas, falleció el 28 de octubre en el Hospital Universitario de
Galway (oeste de Irlanda) porque los médicos se negaron a practicarle un
aborto pese a que estaba muy enferma y el feto no podría sobrevivir.
Los médicos esperaron hasta que el feto dejó de latir, cuatro días
después de ese diagnóstico, y la madre murió de septicemia.
¿Por qué no le practicaron antes el aborto que ella pedía con
insistencia? “Porque, por desgracia, Irlanda es un país católico y la
ley lo prohíbe”, le respondió el personal del hospital. “Ella les
respondía que no es católica, sino hindú. ¿Por qué le imponían la ley a
ella?”, se pregunta su viudo, Praveen Halappanavar, un ingeniero de la
empresa Boston Scientific en Galway.
La respuesta es muy fácil: porque la ley es igual para todos, sin
distingos de nacionalidades y religiones. Pero el trasfondo es más
complicado: el aborto sigue siendo un tema tabú en la católica Irlanda. Y
la ley lo bastante confusa como para que sea interpretada de forma
restrictiva sin que se pueda acusar a la República de no cumplir con la
Convención Europea de Derechos Humanos.
Una histórica sentencia de 1992 falló a favor del derecho a abortar
de una niña de 14 años que había quedado embarazada por una violación y
amenazaba con suicidarse. Pero ese fallo nunca se transformó en una ley
que garantizara que el derecho a la vida de la madre está por encima del
derecho a la vida del que va a nacer. El Tribunal de Estrasburgo falló
en 2010 que no se había garantizado el derecho al aborto de una mujer
enferma de cáncer. Pero Dublín aún no ha decidido si aquel fallo le
obliga a modificar sus leyes.
El caso de Savita Halappanavar tiene el potencial de ser
especialmente polémico. Por un lado, no basta con que ella estuviera en
estado muy grave: los médicos han de concluir que está en peligro de
muerte para terminar un embarazo. Su marido asegura que era evidente que
estaba en peligro de muerte desde que acudieron de urgencia al hospital
el sábado 20 de octubre.
Tras examinarla, los médicos les dijeron que “el cuello del útero
estaba completamente dilatado, que perdía líquido amniótico y que, por
desgracia, el bebé no podría sobrevivir”, ha explicado Praveen
Halappanavar al diario The Irish Times. Iba a tener un parto
espontáneo y el feto tenía solo 17 semanas de gestación. Fue entonces
cuando por primera vez le negaron el aborto “porque el corazón del feto
está latiendo”.
Ahí viene el segundo punto clave: si el feto no puede
sobrevivir, ¿no debería entonces tener toda la prioridad la salud de la
madre? Ante la ambigüedad de la ley, los médicos optaron por dejar que
el no nacido muriera antes de proceder a un parto forzado pese a que la
salud de la madre empeoró.
“Savita sufría una auténtica agonía. Estaba destrozada por la pérdida
del bebé, pero lo había aceptado. Cuando vio al médico el lunes por la
mañana le volvió a preguntar por qué, si no podían salvar la vida del
niño, no la inducían a terminar el embarazo. El médico le dijo que
mientras esté latiendo el corazón del feto no podían hacer nada”, narra
Praveen.
“El martes por la mañana, la misma discusión.
El médico dijo que era
la ley, que es un país católico. Savita dijo: ‘No soy ni irlandesa ni
católica’, pero ellos le dijeron no podían hacer nada”, continúa el
padre en The Irish Times.
“Esa noche empezó a tener temblores y escalofríos y a vomitar. Fue al
lavabo y se desmayó. Se encendieron todas las alarmas y los doctores
empezaron a sacarle sangre y a darle antibióticos. A la mañana siguiente
les dije que ella estaba tan enferma que tenían que acabar con aquello,
pero volvieron a decir que no podían”, continúa.
A mediodía, el corazón del feto dejó de latir y por fin abrieron la
matriz de Savita. “Cuando salió del quirófano podía hablar pero estaba
muy enferma. Es la última vez que hablé con ella”. Aquella noche le
llamaron del hospital para decirle que estaba en estado crítico y la
habían sedado. En la noche del sábado al domingo 28 de octubre,
falleció." (El País, 14/11/2012)
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