"Cuando a mediados de los años 90 se desató en Japón una oleada
deflacionaria, los líderes de Europa y Estados Unidos atribuyeron el
hecho a una más de las tantas peculiaridades niponas. (...)
Sin embargo, ahora que la inflación en la eurozona continúa su proceso a la baja, comienza a aumentar el riesgo real de una seria caída en la trampa deflacionaria. A nivel de toda la zona euro los precios terminaron el 2013 con una inflación de 0,8 por ciento, muy por debajo de la meta del 2 por ciento establecida por el Banco Central Europeo (BCE), (...)
Los precios en España terminaron con un ascenso anual de 0,2 por ciento
...), mientras en Grecia registraron una caída de -2,9 por
ciento (...). Esto indica que la deflación, o caída sistemática de
los precios, comienza a extenderse por Europa en momentos en que el BCE ha agotado toda su batería de recursos.
Si bien la deflación, cuando es por un período de tiempo corto, tiene
efectos positivos en el consumo dado que genera un efecto riqueza,
cuando se hace prolongada en el tiempo tiene efectos perversos, más aún
cuando se trata de economías altamente endeudadas y con alto desempleo.
Una de las principales causas de la Gran Depresión de los año 30 fue
justamente la deflación que siguió al estallido de la crisis en octubre
de 1929. La deflación de Japón tras el estallido de la burbuja
inmobiliaria a principio de los años 90 es otro ejemplo de lo perniciosa
que pueden ser la deflaciones: Japón aún no se recupera de la crisis y
ha acumulado dos décadas perdidas.
Ahora que el fantasma de la deflación recorre Europa, la situación de los países europeos puede ser aún más grave. Japón tiene una moneda soberana y puede aplicar políticas monetarias en su propio beneficio,
mientras que los países de la zonaeuro están anclados a la moneda única
y una política que puede ser muy buena para un país puede ser nefasta
para otro. La crisis se ha encargado de acentuar las diferencias que el
período rosa de la unión monetaria ocultó.
A estas alturas se hace dificil negar que Europa ha caído en la trampa de la deflación, y que el miedo al fantasma deflacionario llevó al BCE a su histórica baja en los tipos de interés al 0,25%. ¿Puede el BCE
seguir bajando los tipos al 0,2% o 0,1 por ciento para evitar la
deflación? ¿O inundará de dinero el sistema para crear inflación y
licuar la deuda, conteniendo el peligro de dos de las tres “D” de esta
crisis(deuda y deflación)? (...)
La deflación induce a diferir el gasto, dado que se espera que los
precios caigan aún más, se postergan las decisiones de consumo e
inversión. Si comprar mañana sale más barato que comprar hoy, se inicia
una espiral destructiva en el consumo que obliga a reducir aún más los
precios para atraer cada vez a menos compradores. (...)" (Marco Antonio Moreno, El blog salmón, 10/01/2014)
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