"(...) Algunas personas en el continente, especialmente en Alemania, parecen
ser indiferentes a una salida de Grecia de la eurozona. Afirman que el
mercado ya tiene “amortizada” una ruptura de ese tipo. Hay autores que
incluso sugieren que sería buena para la unión monetaria.
Creo que tales opiniones subestiman significativamente tanto los
riesgos actuales como futuros que están involucrados. Un grado similar
de indiferencia se hizo evidente en Estados Unidos antes del hundimiento
de Lehman Brothers en septiembre del año 2008. (...)
De hecho, el sistema financiero mundial aún siente las réplicas del
terremoto que significó la caída de Lehman. Y los bancos aún siguen sin
ser transparentes, y por lo tanto se encuentran en riesgo. (...)
En Europa, ya podemos ver algunas de las consecuencias de la
regulación inadecuada y del diseño defectuoso de la propia eurozona.
Sabemos que la estructura de la moneda única promueve la divergencia, no
la convergencia: a medida que el capital y las personas con talento
dejan las economías afectadas por la crisis, estos países se vuelven
menos capaces de pagar sus deudas.
En la medida que los mercados
comprenden que una viciosa espiral descendente está integrada
estructuralmente en el euro, las consecuencias para la próxima crisis se
tornan profundas. Y otra crisis es inevitable: se encuentra en la
naturaleza misma del capitalismo.
La maniobra relativa a la confianza realizada por el presidente del
BCE, Mario Draghi, en la forma de su declaración del año 2012 acerca de
que las autoridades monetarias harían “lo que sea necesario” para
preservar el euro, ha funcionado hasta el momento. Pero el conocimiento
de que el euro no es un compromiso vinculante entre sus miembros hará
que sea mucho menos probable que tal maniobra funcione la próxima vez.
Los rendimientos de los bonos podrían dispararse al alza, y ninguna
cantidad de declaraciones para restablecer la confianza por parte del
BCE y de los líderes europeos sería suficiente para bajarlos desde
niveles estratosféricos, porque el mundo ahora sabe que no van a hacer
“lo que sea necesario”. Como el ejemplo de Grecia ha demostrado,
únicamente van a realizar miopes exigencias relativas a políticas
electorales.
La consecuencia más importante, me temo, es el debilitamiento de la
solidaridad europea. El euro se suponía que la fortalecería. En cambio,
ha tenido el efecto contrario.
No es del interés de Europa –o del mundo– tener un país en la
periferia de Europa, alejado de sus vecinos, sobre todo ahora, cuando la
inestabilidad geopolítica es ya tan evidente. El vecino Oriente Próximo
está en crisis; Occidente está tratando de contener a una Rusia que
últimamente se ha vuelto agresiva; y China, que ya es el mayor ahorrador
del mundo, el país más grande en cuanto al comercio exterior y la
economía más grande en general (en términos de paridad de poder
adquisitivo), confronta a Occidente con nuevas realidades económicas y
estratégicas. Este no es un momento para la desunión europea. (...)
El futuro de Europa y del euro depende ahora de si los líderes políticos
de la eurozona pueden o no pueden combinar una pizca de pensamiento
económico con un sentido visionario de —y una preocupación por— la
solidaridad europea. Probablemente empecemos a encontrar la respuesta a
esta pregunta existencial durante las próximas semanas." (
Joseph E. Stiglitz , El País,
14 JUN 2015)
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