"Dieciocho países reestructuraron su deuda en Latinoamérica y Asia en los años noventa: ninguno de ellos ha desaparecido, creo", ironiza el secretario general Iberoamericano, Enrique V. Iglesias, uno de los pilotos de ese proceso desde la presidencia del BID.
Esos países acometieron primero un plan Baker ("un ajuste sobre la base de dar recursos a los países para sostener sus sistemas financieros"), pero no fue hasta finales de los ochenta cuando se asumió que los Gobiernos no podían pagar. Entonces llegó el plan Brady:
diseñado por el secretario del Tesoro de EE UU, Nicholas Brady -y con el apoyo inestimable de Japón-, supuso "iniciar atrevidas reformas, ajustes fiscales y sobre todo solucionar el problema de la deuda con los bonos Brady, que se canjeaban por los títulos en poder de los bancos, siempre con acuerdos voluntarios", resume Iglesias, que ve cierto parecido con la actual situación de la eurozona.
Pero también diferencias: "En América hubo más determinación para hacer frente al problema y todos esos países salieron de la crisis a gran velocidad; en Europa solo veo ganas de ganar tiempo. En algún momento va a ser necesario tomar decisiones de ese calibre".
El economista Edward Hugh añade que el único principio de la eurozona "parece el de minimizar los daños, en lugar de buscar soluciones ambiciosas".
"En parte es comprensible: en los años ochenta no había CDS, ahora una reestructuración es algo así como abrir la caja de Pandora", cierra Hugh." (El País, Negocios, 05/06/2011)
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