"Durante muchos años de burbuja inmobiliaria, todos, absolutamente todos los bancos españoles se dejaron llevar y prestaron excesivamente a empresas promotoras y constructoras. (...)
al explotar la burbuja inmobiliaria española, NO TODOS LOS BANCOS ESTABAN EN SITUACIÓN DE PELIGRO: había bancos que estaban bien y bancos que estaban mal. A partir de ahí, la política económica del gobierno ha sido tan desastrosa que está de conseguir que no solo quiebren los bancos que estaban mal sino también los que estaban b¡en y, de propina, ¡que quiebre el estado! ¿Como lo han conseguido? (...)
Pues no dejando que los bancos insolventes hicieran concursos de acreedores como hacen las empresas normales o directamente dejarlos quebrar. En lugar de hacerlo, el gobierno ha seguidodos políticas que han llevado al desastre. La primera ha sido la política de fusiones. Los bancos "sanos" absorben a los bancos "podridos" y crean un banco grande. La teoría es que los bancos grandes son más eficiente que los pequeños. (...)
Al contrario, a menudo sucede que el banco insolvente "contamina" al solvente y los dos acaban por quebrar. Es como las manzanas: nunca se ha observado el fenómeno que al unir una manzana podrida y una manzana sana, la sana acabara curando a la podrida. Más bien siempre pasa al contrario: al final las dos manzanas acaban podridas.
La segunda ha sido que cometer el grave error de prometer que no dejaría caer a ningún banco, se comprometió a que si el sector privado no recapitalizaba a los bancos quebrados, sería el sector público el que tendría que poner el dinero para evitar que cerraran.
Dado que el gobierno no tenía dinero (la crisis económica y su propia política keynesiana de 2009 había generado un déficit fiscal de más del 10% del PIB), la única manera que tenía el gobierno de rescatar a los bancos era a través de su propio endeudamiento.
Pero esto conllevaba un pequeño problema: si la deuda pública aumenta demasiado, la probabilidad de que sea el estado español el que no pueda devolver el dinero y pagar sus deudas pasa a ser positiva. Y si existe la posibilidad de que el gobierno español quiebre, el valor de los bonos del estado en propiedad de los bancos españoles solventes se reduce, cosa que crea agujeros en los balances de los bancos buenos.
Es decir, cuando el gobierno español dice que no dejará caer ningún banco insolvente, asume parte de la deuda de los bancos “malos” y, al hacerlo, pone en peligro los balances de los bancos “buenos”. El error del gobierno, pues, es garrafal.
Para solucionar el problema de los bancos “malos” o insolventes, lo que se tenía que hacer era (lo he dicho mil veces pero lo voy a repetir), dejarlos caer. Convocar concursos de acreedores como si los bancos fueran empresas normales. Los que no sobrevivan, que cierren y se acabó.
Si se decide que esa solución no es factible, entonces el rescate de los bancos insolventes NO debe comportar deuda por parte del estado español porque esto pone en peligro la solvencia del propio estado y, por lo tanto, la solvencia de los bancos “buenos” que tienen cantidades ingentes de deuda del estado (y que está valorada en sus balances como si fuera deuda segura). (...)
Para evitar ese "bucle negativo" que existe entre unos bancos (cada vez más grandes por culpa de las fusiones) que tienen dueda del estado y un estado que se ha comprometido a los bancos, un bucle que puede acabar con la insolvencia de ambos, es que el rescate lo asuman los fondos de rescate europeos directamente.
Eso es lo que Rajoy ha pedido en la reunión del G20 en México y no lo que “consiguió” con el rescate-tomate del fin de semana pasado. Como argumenté entonces, el “rescate” tomaba la forma de crédito al estado español, cosa que aumentaba la deuda pública y, por lo tanto, no podía solucionar el problema de fondo sino más bien lo podía agravar porque endeudaba todavía más al estado. " (Xavier Sala i Martín, 19/06/2012)
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