"Hoy España está en una situación dificilísima, con una tasa de desempleo
muy elevada, que está quemando a varias generaciones. Existe un enorme
sufrimiento y miedo al presente y al futuro entre las clases populares.
El elevado número de suicidios entre los desahuciados de sus viviendas
es un indicador de tal sufrimiento, que alcanza niveles de
desesperación. (...)
Todo este sacrificio se presenta como necesario para reducir el déficit
público e inspirar confianza en los mercados financieros, permitiendo
así al Estado español pedir prestado dinero a intereses más bajos que
los altísimos que paga ahora y poder pagar su creciente deuda pública.
El Estado español es un Estado pobre, con unas políticas fiscales
regresivas, y muy poco redistributivo. (...)
Mientras todo esto ocurre, vale la pena preguntarse cómo ven los establishments
financieros, industriales, mediáticos y políticos alemanes la situación
de España. Y seamos ahí francos.
Leyendo la prensa alemana, uno tiene
la impresión de que tales establishments alemanes (a través de
los medios de difusión que controlan, que son muchos) ven al pueblo
español en una crisis profunda, resultado de que haya gastado muy por
encima de sus posibilidades. Esta es la lectura más amable de la
realidad española que aquellos establishments alemanes hacen.
Pero otra más frecuente que aparece en la prensa más popular es que la
clase trabajadora española tiene excesivos derechos, es poco productiva,
no trabaja lo suficiente y así una larga retahíla de observaciones que
alcanzan más la categoría de insultos que la de hechos creíbles. Los
datos empíricos muestran fácilmente que esta percepción es errónea.
La
productividad del trabajador español (una vez la unidad de producción y
el sector productivo es estandarizado) no es muy distinta de la alemana.
Pero esta visión es doblemente ofensiva pues, además de no ser cierta,
oculta la responsabilidad de Alemania en la génesis de la crisis en la
cual la sociedad española se encuentra. (...)
Fue esta dictadura fascista, hecha posible por la ayuda recibida de la
Alemania Nazi, la que es el origen de la situación actual, pues tal
régimen impuesto al pueblo español implantó una estructura productiva y
un sistema financiero que nos llevó, cuando llegó la democracia, a la
famosa burbuja inmobiliaria, por la cual la Sra. Merkel ha criticado,
con razón, a las autoridades políticas españolas por no haberla
prevenido.
Pero lo que la Sra. Merkel tendría que haber dicho también
era que la banca alemana jugó un papel clave en generar y mantener tal
burbuja inmobiliaria, pues fue el dinero de la banca alemana el que jugó
un papel clave en desarrollarla, consiguiendo enormes beneficios como
resultado de ello.
La Sra. Merkel tendría que haber hecho una crítica
del gobierno alemán y de la banca alemana, pues ambos colaboraron en el
mantenimiento y sostenimiento de la estructura financiera responsable de
la burbuja y de su subsiguiente explosión.
En realidad, esta explosión
ocurrió cuando la banca alemana dejó de prestar dinero a la banca
española, alarmada por la toma de conciencia y el descubrimiento de que
estaba contaminada con los productos tóxicos de la banca estadounidense.
Y ahora, una de las causas de los recortes de gasto público, incluido el
social, que están dañando brutalmente el bienestar de la población es
precisamente facilitar el pago de la deuda del Estado español a la banca
alemana.
En realidad, incluso la supuesta ayuda de las autoridades
alemanas –a través de la Comisión Europea y del Banco Central Europeo- a
la banca es, ni más ni menos, una ayuda para que la banca española
pague a la banca alemana (tal como el economista asesor de la canciller
Merkel, Jürgen Donges, reconoció durante el debate que tuvo lugar en el
Parlamento alemán sobre la aprobación de tal supuesta ayuda financiera a
España.
Pero existe también otra área en la que el establishment
alemán es responsable del malestar de las clases populares de España (y
de Grecia, Portugal, Irlanda e Italia) y que tiene que ver con la
excesiva influencia que tal establishment alemán, y muy en
particular el financiero, ha tenido en la gobernanza del euro.
Alemania
es, sin lugar a dudas, el país que más se ha beneficiado del
establecimiento del euro. Hoy el Estado alemán puede conseguir tanto
dinero como quiera, sin prácticamente pagar intereses, y ello está
íntimamente relacionado con las enormes dificultades que tienen los
Estados de los países periféricos para conseguir crédito.
Esta situación
tan desigual ha hecho que una gran cantidad del capital de los países
periféricos se haya desplazado a Alemania, beneficiándola enormemente.
Estos estados periféricos están totalmente desarmados frente a los
ataques especulativos de los mercados financieros, lo que no ocurre por
casualidad.
Esto se debe a la enorme influencia del Bundesbank, que ha
conseguido durante muchos años frenar la compra de bonos públicos de los
estados, forzando, en su lugar, a que el BCE preste dinero a los bancos
alemanes y de otros países europeos (incluyendo España) a unos
intereses bajísimos, con el que éstos compran la deuda pública de tales
estados a unos intereses escandalosamente altos.
La prensa del establishment
alemán tiene la osadía (para ponerlo de una manera amable) de decir que
el hecho de que los intereses sean tan altos se debe a la indisciplina
fiscal del pueblo español, cuyo subfinanciado Estado del Bienestar se
está recortando más y más para pagar a los bancos alemanes.
Pero el establishment
alemán se beneficia incluso más de la situación pues, al no poder
devaluar la moneda, tales países no pueden competir con los productos
alemanes a través de la devaluación monetaria.
Todos estos hechos no aparecen en la prensa alemana, ni en la
“respetable” ni en la popular. En esta última, el mensaje es
profundamente ofensivo y está encaminado a que el trabajador alemán vea
al trabajador español, griego, portugués, irlandés o italiano como el
beneficiario de sus impuestos, pagados para que, en el último término,
continúen estos parásitos del sur de Europa beneficiándose de unos
estándares de bienestar excesivamente generosos.
En realidad, la Sra.
Merkel ha utilizado expresiones muy parecidas. Una vez más, el establishment
alemán utiliza el racismo para movilizar a sus clases populares,
desviando la queja ante la situación en la que el trabajador alemán se
encuentra (con bajos salarios y escasa protección social) hacia el
trabajador extranjero en lugar de dirigir su justo enfado al establishment alemán.
En realidad, una de las víctimas de las políticas del establishment
alemán ha sido la propia clase trabajadora alemana, pues sus salarios
han sido mantenidos muy por debajo del nivel de su productividad. El
famoso supuesto éxito exportador alemán se basa precisamente en este
hecho. (...)
Lo mejor para el trabajador alemán hubiera sido también lo mejor para
el trabajador español (y griego, portugués, irlandés e italiano). Es
más, tal crecimiento de la demanda doméstica alemana, además de
estimular el crecimiento económico europeo, habría debilitado algo al
euro (pues el saldo de la balanza de pagos alemana no habría sido tan
exagerado) facilitando la competitividad de todos los países europeos.
Pueden ver los lectores alemanes que el establishment de
poder en Alemania, centrado en el capital financiero y en el exportador
tiene muchísima responsabilidad en lo que está ocurriendo en Europa.
Ni
que decir tiene que sus políticas cuentan con la complicidad de las
elites gobernantes en los países periféricos de la eurozona que están
llevando a cabo tales políticas enormemente impopulares, destruyendo,
en el proceso, la idea y concepto de Europa, con el fin de salvar su
euro. Y lo están consiguiendo." (Vicenç Navarro, Público, 07/02/2013)
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