" (...) lo que existe es una correlación de fuerzas que se puede armar en el sur,
en la periferia europea, en torno a países como Grecia, Portugal,
España incluso Italia o Chipre, que pueden articularse como una especie
de Alba latinoamericano por todo lo que tienen en común: son estructuras
económicas periféricas, muy dependientes del centro de Europa, muy
dependiente de la financiación de ese centro y necesitan que haya una
correlación de fuerzas en sus espacios nacionales que promuevan ese tipo
de alianzas.
En términos políticos ya no parece tan improbable como el
federalismo ya que hay figuras políticas como Syriza en Grecia que van
en esa dirección de invertir el chantaje, no de salirse del euro ni salirse de la UE sino de invertir el chantaje:
nosotros somos un espacio que necesitáis para hacer negocio, nosotros
lo que vamos a hacer es utilizar esa capacidad que queréis vosotros
tener para invertir y que nosotros seamos los que impongan un nuevo
modelo desde el sur.
Y un espacio de integración regional en este
sentido sería teniendo presente que la regla de juego capitalista es tan
sencilla como que un país menos desarrollado con un país desarrollado,
si tiene libertad de movimientos y de capitales, lo único que hace es
incrementar su desigualdad.
Esto es una cuestión puramente clásica,
debemos aprender de la experiencia de latinoamericana. Esto es más
probable y, desde luego, es posible.
P.- ¿Entonces una integración de los países de la periferia de Europa no pasaría por la salida del euro?
R.- En el último momento sí, tendrá que acabar significando eso pero no necesariamente porque desde una integración de tipo político pero no jurídica puedes conseguir generar un frente que dentro de la Unión Europea pueda chantajear a la Troika, es decir, chantajear a instituciones supranacionales y hacer todo tipo de modificaciones en el sentido que la periferia quiera.
Es posible que eso
suponga que se cansen y que al final acaben expulsándote del euro pero es preferible incluso en términos políticos que te echen del euro a salir del euro
porque la salida del euro, a pesar de que sólo es una moneda, no es un
problema monetario y te puede llevar -y esto lo dicen todos aquellos que
incluso promueven la salida del euro- a cuatro, cinco, seis años de
sufrimiento absoluto, aplicar planes de ajuste, es decir, lo mismo que
ahora pero probablemente mucho más radicales y más profundos en un
momento de travesía por el desierto de cuatro, cinco o seis años si las
cosas van como se pretende, que nada te garantiza que sea así.
Y
políticamente, eso articularlo en una sociedad como la nuestra significa
el caos desde el punto de vista de que tú cómo le vas a decir a la
gente que espere cinco años, es decir, no se diferencia en absoluto,
nada, a lo que dice Rajoy.
‘Espere, espere, tenga fe que lo que yo estoy
haciendo tarde o temprano funcionará’. Evidentemente eso políticamente
lo que puede hacer es abrir la puerta a la extrema derecha que puede
aprovechar ese contexto de una forma mucho más fácil.
Es más fácil que
tú intentes todo lo que puedas, desde luego sin descartar nunca la
salida del euro, y luchar desde ese espacio político y si finalmente te
echan del euro pues oye, ya son ellos lo que te echan y tú lo que estás
es en un momento de resistencia y de recomposición pero no eres el
responsable de sacar la bandera y que seas identificado con el desastre
que va a venir en los siguientes seis años.
Es una cuestión que mezcla
los elementos técnicos con los elementos más estrictamente políticos.
P.-¿Se puede soñar con esa independencia y esa nueva soberanía estando lastrados por una deuda tan grande?
R.- No. Hay dos tipos de deuda en ese momento: la deuda pública, que es la que está absorbiendo casi toda la deuda privada, y luego está la deuda privada. Ambas tienen un nivel estratosférico, sobre todo la deuda privada aunque el crecimiento de la pública ha sido muy importante en los últimos años.
Es imposible no reestructurar la deuda
pública, es decir, la deuda pública no se va a poder pagar, ya no se puede pagar,
necesitan un nivel de crecimiento económico muy muy elevado para poder
pagar esa deuda y no va a pasar.
Entonces está claro que hay que
hacer reestructuración de la deuda, procesos de reestructuración de la
deuda a imagen y semejanza de lo que se hizo en Ecuador, en Argentina,
Rusia o Iraq.
El proceso de reestructuración de la deuda tiene
que ser organizado para no generar una debacle generalizada y que esto
sea un efecto dominó. Eso significa que puedes articular a los países
como Grecia, Italia, Portugal, España, los que más endeudados están, en
términos de su capacidad de financiación para reestructurar sus cargas,
decidir qué parte de la deuda no la pagan, qué parte sí la pagan, qué
parte de la que sí la pagan lo hacen de determinadas condiciones:
menores tipos de interés, más plazos….
Es decir, una reestructuración de
las condiciones para quitarte ese lastre aunque lo importante
sigue sin ser las deudas ni la moneda, es la economía real, es decir,
nosotros vivimos en un proceso de desindustrialización masiva como
motivo de la entrada en la UE lo que nos lleva a entender que
ahora mismo lo que no se sabe es qué lugar ocupa la economía española –o
la griega o la portuguesa– en el mundo.
Qué lugar, qué va a vender, a
qué se dedica, si va a dedicarse al turismo, a recibir a la gente rica
del norte o si se va a dedicarse a tener su propia industria y a tener
una situación más auto-sostenida. Eso es lo verdaderamente importante,
claro que lo otro, la moneda y las deudas, son elementos que se
circunscriben en todo lo demás. (...)" (Entrevista a Alberto Garzón, Attac España, 31/07/2013)
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