3.9.14

La Eurozona vuelve de nuevo al estancamiento...

"La Eurozona vuelve de nuevo al estancamiento. La recesión de Italia, el escaso crecimiento de Alemania y la parálisis de Francia, la han precipitado a la zona cero. En realidad, hace mucho que no sale de ella. 

 Desde 2008 ha sufrido dos recesiones y son contados los trimestres en los que su crecimiento ha sido positivo. De poco vale el triunfalismo de instituciones y políticos, tales como los del Gobierno español, anunciando a bombo y platillo una recuperación que aún está muy lejos  (...)

¿No es hora ya de que los economistas, los gobiernos y las instituciones europeas se pregunten seriamente cuál es la verdadera causa de esta parálisis? ¿Acaso no ha llegado el momento de que dejemos de marear la perdiz con explicaciones banas y de poner de una vez los puntos sobre las íes?

 La razón de que la Eurozona -y con ella, no nos engañemos, España- no termine de salir de la crisis no puede ser otra distinta que la que nos abocó a ella: la Unión Monetaria (UM).  (...)

Se da por hecho que detrás de la crisis española se encuentra el excesivo endeudamiento de la empresas y de las familias, la avaricia, incompetencia y frivolidad de los bancos españoles, que concedieron créditos de manera imprudente y de los bancos extranjeros, sobre todo alemanes y franceses, que prestaron a los españoles para formar la burbuja inmobiliaria, y la negligencia de los gobiernos y del Banco de España que permitieron con total pasividad, cuando no con triunfalismo, que tales situaciones se produjeran. 

Todo ello es cierto, pero no es menos cierto que nada de esto habría podido ocurrir sin pertenecer a la moneda única. Ante la existencia del riesgo de tipo de cambio, los bancos extranjeros no hubiesen prestado a los españoles esas enormes cantidades, y en todo caso los mercados habrían atacado a la peseta, y forzado la devaluación, como ya ocurrió a principios de los noventa, mucho antes de que el déficit de la balanza por cuenta corriente llegase al 10%. (...)

Todo esto es verdad, nadie puede negar la responsabilidad del Gobierno alemán obstaculizando la salida de la crisis, pero tampoco se puede negar la culpabilidad del resto de los gobiernos europeos, especialmente de los del Sur, al firmar el Tratado de Maastricht y dar su aquiescencia a una unión contra natura que iba a introducir a las economías de sus países en una trampa de difícil solución.

 Fueron incapaces de requerir entonces -habría sido el momento- contrapartidas presupuestarias y fiscales (exceptuando los fondos de cohesión, totalmente insuficientes), que compensasen los desequilibrios que antes o después se presentarían. Y ni siquiera tuvieron la precaución de exigir que en caso de ajuste su coste no corriese únicamente a cargo de los países deudores, sino también de los acreedores, máxime cuando ya habían sido testigos de los problemas ocasionados en el Sistema Monetario Europeo y de cómo la obligación del ajuste recayó en exclusiva sobre los países deficitarios en la balanza por cuenta corriente. 

Tampoco se opusieron a que el BCE naciese con un estatuto que lo configuraba como un engendro y que dejaba a los gobiernos nacionales en completa indefensión frente a los mercados. Ahora no vale quejarse de lo perversa que es la canciller alemana. Si actúa así es porque no hay nada en los Tratados que la obligue a comportarse de manera distinta.

El problema de la Eurozona se encuentra, sí, en la política impuesta por Merkel, en el comportamiento del BCE y en la pasividad e indolencia de los mandatarios del resto de los países, más preocupados por situar en los puestos clave de las instituciones europeas a sus paniaguados que de la política que se va a seguir; pero sobre todo radica en la contradicción intrínseca en el proyecto de Unión Monetaria.

 En realidad, al no haberse acompasado con una integración fiscal, presupuestaria y política, no hay un solo euro sino diecisiete distintos, uno por cada país, y cada uno de ellos debería tener un tipo de cambio diferente de acuerdo con sus circunstancias económicas. (...)"          (Juan Francisco Martín Seco, Artículo publicado en República.com, Attac España, 02/09/2014)

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