"(...) ¿Por qué la electricidad es más cara en España que en los países del entorno?
–Una razón fundamental
es que estamos pagando por la energía eléctrica un precio superior a los
costes de producción. Esto obedece a que en el modelo español todas las
fuentes de energía utilizadas para atender las necesidades de consumo
eléctrico se remuneran al precio que marque la tecnología más cara
necesaria para cubrir la demanda.
Por ello, las centrales nucleares e
hidroeléctricas, que ya han recuperado sus costes de inversión y tienen
unos costes de producción inferiores a las tecnologías que marcan el
precio, están sobre-remuneradas.
¿Cómo se hace en otros países?
–En Francia, por ejemplo, el gran
operador nacional, la compañía pública EDF, está sometida a una ley que
le exige que ceda parte de su producción a operadores independientes a
un precio regulado, que ahora está en 42 MWh, a condición de que éstos
vendan esa energía en territorio francés. De esta forma, se acaban
trasladando esos menores precios al consumidor final.
En otros países,
la mayor parte de la electricidad se vende a través de contratos
bilaterales privados con duración de uno a cinco años. Hay otros casos
específicos, como el de Noruega, donde el 90 ó 95% de la electricidad se
produce en centrales hidráulicas, con costes muy bajos.
Con el modelo vigente en España, el fin de la moratoria nuclear no abarataría la electricidad.
–Seguiríamos pagando prácticamente el
mismo precio. Así de claro. Cuando se dice que España no debe renunciar a
una energía barata como la nuclear no se explica que es barata para
quien la produce, pero no para quien la consume.
Si tuviéramos un parque
nuclear que permitiese generar con esta tecnología el 50% de la
electricidad que consume España, el precio de la energía para el
consumidor sería el mismo durante la mayor parte de las horas. Lo que sí
se produciría sería un aumento de los beneficios empresariales….además
de un aumento de los riesgos de accidente nuclear que, éstos sí,
soportamos todos.
Alguna gran eléctrica ha achacado la mayor carestía de la electricidad en España a los impuestos.
–Sí, lo hacen continuamente, pero no es
cierto. En España los impuestos son inferiores a los de otros países
europeos. De hecho, y tomando los datos de Eurostat, los precios de la
electricidad en España son más favorables si en la comparativa incluimos
los impuestos. Nuestro problema son los precios de la electricidad
antes de impuestos. Por lo tanto, no sólo no es como se dice, sino todo
lo contrario.
Algunas compañías eléctricas han
sido muy beligerantes, meses atrás, en la denuncia de que el recibo de
la luz es muy caro porque recoge costes ajenos a la generación eléctrica
y que no son imputables a las empresas.
–Los costes de transporte, distribución y
las primas a las energías renovables (con las que se produce más del
40% de la electricidad en España) son imprescindibles y, por lo tanto,
no son ni pueden considerarse costes ajenos al suministro eléctrico.
Pero las grandes compañías
eléctricas, con fuerte implantación en las tecnologías convencionales,
responsabilizan del déficit de tarifa (30.000 millones que se adeudan a
las empresas operadoras) a las primas que se otorgaron para favorecer el
desarrollo de las energías renovables.
–El déficit de tarifa es la diferencia,
no entre lo que pagamos y los costes reales del suministro eléctrico,
sino entre lo que pagamos en el recibo y los costes que les ha
reconocido a las empresas el regulador.
La pregunta es: ¿se han
reconocido correctamente esos costes? El hecho es que en algunos casos
estamos reconociendo costes superiores a los costes reales;
mencionábamos antes la sobre-remuneración a las energías nuclear e
hidráulica. (...)
Pero el déficit de tarifa ¿no es imputable a los primas a las renovables?
–No se puede pintar con colores el
déficit de tarifa. Los ingresos son insuficientes para cubrir los costes
reconocidos. La cuestión no son las primas, sino qué costes reconocidos
están justificados y cuáles no. Se pagó una alta remuneración por las
energías renovables cuando aún no eran unas tecnologías maduras. Pero
¿las hemos sobre-remunerado? Yo creo que no. En 2003 nadie invertía en
esas tecnologías. Pero luego, en 2006 y 2007, se produjo una inversión
brutal en el sector.
Esto obedeció a causas ajenas, como los bajos tipos
de interés, unidos a la liquidez que provenía del negocio inmobiliario y
bursátil en busca de alternativas de inversión…. El fallo no fue la
remuneración: en ese momento los costes de estas energías eran elevados
porque eran tecnologías nuevas, lo que explica que su remuneración fuese
elevada.
Con el avance y perfeccionamiento de estas tecnologías, el
coste de inversión en fotovoltaica ha caído el 80% en cinco años. El
fallo fue la falta de seguimiento de la capacidad instalada. En un año
la capacidad fotovoltaica se disparó hasta los 3.000 megavatios cuando
el objetivo era de 450. Pero esta cuestión fue un fallo en la
monitorización de los objetivos planificados para las renovables, del
que no se puede responsabilizar a los inversores.
¿Es un buen negocio que España
haya abandonado esta senda ahora que estas tecnologías son más baratas
después de haber hecho un gran esfuerzo de impulso cuando eran caras?
–Fue un error entonces invertir en exceso
y es un error ahora abandonar el sector cuando los costes de inversión
son muy inferiores, más cuando se trata de un sector que fomenta la
innovación, el desarrollo industrial y el empleo de calidad. De ambos,
quizá sea mayor el segundo error. Sobre todo porque se produce en un
momento en que España tiene que dar un giro a su modelo productivo y
buscar alternativas tras el desplome inmobiliario.
¿Tenía España ventajas acumuladas por haber sido un país pionero?
–Sí, ciertamente. Y de esto se han
beneficiado algunas de nuestras empresas con contratos en el extranjero.
Otro país pionero fue Dinamarca con su apuesta por la energía eólica,
con la que genera el 50% de la electricidad que consume. Hoy, es la
tecnología más competitiva, con un coste medio de 30 €MWh – como
referencia, nótese que el precio del mercado eléctrico español se sitúa
en 50 euros. Dinamarca apostó por una energía renovable y ahora recoge
los frutos porque no la abandonó. (...)" (Entrevista a Natalia Fabra, Por Javier CUARTAS en el diario Nueva España, Oviedo, Economistas frente a la crisis, 25/08/2014)
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