3.10.14

Entramos en un contexto de deflación por deuda, con el IPC cayendo en agosto al 0,5% anual

"(...) Esta legislatura terminará, si nos creemos las cifras oficiales, lo cual es complicado, con 395.400 ocupados menos, mientras que el número de parados se reducirían en 211.500. Todo ello, con más de 600.000 activos menos, lo cual sí que afectará al futuro crecimiento potencial.

 Esto refleja que las expectativas de empleo son cada vez más débiles, tanto en términos cualitativos, como cualitativos. La reforma laboral ha generado un profundo ajuste de plantillas, especialmente en materia de empleo a tiempo completo e indefinido, lo que se deja notar en el descenso del número de horas de trabajo. (...)

Esta situación del mercado laboral también se deja notar en materia salarial, con una sensible reducción de las retribuciones de los ocupados privados, pero también públicos. (...)

Incluso con la supuesta recuperación estadística, no se vislumbra una recuperación de los salarios, lo que también mantendrá el consumo deprimido. Un detalle curioso es que el Ministro de Hacienda presume de devolver el 25% de la paga extra confiscada en 2012, algo que se produce por sentencia judicial, pero que solo se beneficiarán los trabajadores de la AGE, y no los del resto de administraciones, algo que no se hizo cuando se obligó a eliminar dicha paga extra en la Navidad de 2012. 

Con esta situación y sin ningún síntoma de cambio de modelo productivo se refugian todas las expectativas de crecimiento del PIB y del empleo a las actividades estacionales e intensivas en mano de obra barata y de poco valor añadido  (...)

En un contexto de deflación por deuda, con el IPC cayendo en agosto al 0,5% anual, tampoco podremos cumplir el déficit, ni la ratio de de deuda sobe PIB que marcan los subjetivos criterios de Mastricht. Ni siquiera la revisión del PIB de 2011 y 2012 y la que se espera de 2013, van a mejorar drásticamente el desequilibro del déficit, que se mantiene en el umbral del 7% si contamos las ayudas a la banca y cerca del 98% del PIB en el caso de la deuda pública. 

Pero es que la deuda privada supera el 300% del PIB, lo que hará inviable cualquier política que no contemple la restructuración de parte de dicha deuda, especialmente la de familias y empresas no financieras.  (...)

Con este panorama, la coyuntura económica europea no hará sino empeorar nuestra posición cíclica y la situación del sector exterior que algunos ilusos creyeron nos sacaría de la ruina en la que estamos, sin duda nos lanzará de nuevo al pozo de la recesión.  (...)"              (Alejandro Inurrieta, Vox Populi, 29/09/2014)

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