6.10.14

Hay alternativas... si, por ejemplo, nos centramos en el endeudamiento de las familias y de las empresas

"(...) Hay alternativas

Si, por ejemplo, nos centramos en uno de los mayores problemas –el endeudamiento de las familias y de las grandes y pequeñas empresas-, la solución es fácil de ver. 

Los estados tienen que garantizar el crédito, tomando toda una serie de medidas, desde cambiar la gobernanza del euro y del BCE, estableciendo el crecimiento económico como objetivo de este Banco, hasta aumentar la capacidad adquisitiva de las clases populares con un aumento muy notable y masivo del gasto público, incluyendo gasto en las infraestructuras no solo físicas sino sociales del país, facilitando el alcance de la felicidad (sí, ha leído bien, felicidad) como objetivo del nuevo modelo económico-social y no la acumulación de beneficios del capital. 

Y todo ello, no ocurrirá sin una profunda democratización de las instituciones que reflejen la voluntad y soberanía popular. Hoy, la demanda más revolucionaria existente en Europa no es la nacionalización de los medios de producción sino la exigencia de que cada ciudadano tenga la misma capacidad de decisión en un país, enfatizando las formas de participación directa (el derecho a decidir a todos los niveles), además de democratizar las escasamente democráticas instituciones representativas. 

Exigir democracia con toda contundencia y agitación (que debe excluir cualquier forma de violencia) es revolucionario, pues entra en conflicto directo con las estructuras que controlan las instituciones que se autodefinen como democráticas.

 Ni que decir tiene que la propiedad de los medios de producción, distribución, persuasión y legitimación es clave para definir el grado de libertad, democracia y justicia existente en un país. Pero, a no ser que los sistemas escasamente democráticos cambien, no habrá manera de que todo lo demás cambie. 

El gran error de muchas izquierdas radicales ha sido limitarse a la agitación sin intervenir en la lucha dentro del estado. De ahí que estas izquierdas deban estar en la calle y en las instituciones, exigiendo cambios radicales (es decir, que van a las raíces del problema de concentración del poder) a los que las estructuras y castas de poder se opondrán por todos los medios.

 Las clases populares podrán alcanzar lo que desean si se movilizan. El problema principal existente en España no es que la población no sea consciente de las enormes limitaciones de la democracia española, sino que no cree que pueda cambiarse. Pero la historia muestra que sí se puede.

 En contra de lo que las estructuras de poder han informado, el cambio de dictadura a democracia pasó como consecuencia de la enorme movilización popular, liderada por el movimiento obrero. Fue esta movilización la que terminó con la dictadura. Y estas movilizaciones pueden también forzar el cambio ahora, democratizando auténticamente el país."             (Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, 27 de agosto de 2014. en www.vnavarro.org, 27/08/2014)

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