"(...) Hay alternativas
Si, por ejemplo, nos centramos en uno de
los mayores problemas –el endeudamiento de las familias y de las
grandes y pequeñas empresas-, la solución es fácil de ver.
Los estados
tienen que garantizar el crédito, tomando toda una serie de medidas,
desde cambiar la gobernanza del euro y del BCE, estableciendo el
crecimiento económico como objetivo de este Banco, hasta aumentar la
capacidad adquisitiva de las clases populares con un aumento muy notable
y masivo del gasto público, incluyendo gasto en las infraestructuras no
solo físicas sino sociales del país, facilitando el alcance de la
felicidad (sí, ha leído bien, felicidad) como objetivo del nuevo modelo
económico-social y no la acumulación de beneficios del capital.
Y todo
ello, no ocurrirá sin una profunda democratización de las instituciones
que reflejen la voluntad y soberanía popular. Hoy, la demanda más
revolucionaria existente en Europa no es la nacionalización de los
medios de producción sino la exigencia de que cada ciudadano tenga la
misma capacidad de decisión en un país, enfatizando las formas de
participación directa (el derecho a decidir a todos los niveles), además
de democratizar las escasamente democráticas instituciones
representativas.
Exigir democracia con toda contundencia y agitación
(que debe excluir cualquier forma de violencia) es revolucionario, pues
entra en conflicto directo con las estructuras que controlan las
instituciones que se autodefinen como democráticas.
Ni que decir tiene
que la propiedad de los medios de producción, distribución, persuasión y
legitimación es clave para definir el grado de libertad, democracia y
justicia existente en un país. Pero, a no ser que los sistemas
escasamente democráticos cambien, no habrá manera de que todo lo demás
cambie.
El gran error de muchas izquierdas
radicales ha sido limitarse a la agitación sin intervenir en la lucha
dentro del estado. De ahí que estas izquierdas deban estar en la calle y
en las instituciones, exigiendo cambios radicales (es decir, que van a
las raíces del problema de concentración del poder) a los que las
estructuras y castas de poder se opondrán por todos los medios.
Las
clases populares podrán alcanzar lo que desean si se movilizan. El
problema principal existente en España no es que la población no sea
consciente de las enormes limitaciones de la democracia española, sino
que no cree que pueda cambiarse. Pero la historia muestra que sí se
puede.
En contra de lo que las estructuras de poder han informado, el
cambio de dictadura a democracia pasó como consecuencia de la enorme
movilización popular, liderada por el movimiento obrero. Fue esta
movilización la que terminó con la dictadura. Y estas movilizaciones
pueden también forzar el cambio ahora, democratizando auténticamente el
país." (Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, 27 de agosto de 2014. en www.vnavarro.org, 27/08/2014)
No hay comentarios:
Publicar un comentario