17.6.15

Grecia ha cumplido con mucho más de la mitad de las exigencias de sus acreedores.

"Los líderes de la Unión Europea siguen embarcados en un juego en la cuerda floja con el Gobierno griego. Grecia ha cumplido con mucho más de la mitad de las exigencias de sus acreedores. 

Sin embargo, Alemania y otros tenedores de deuda griega cotinúan exigiendo que este país firme un programa de política económica que ha demostrado ser un fracaso, y que pocos economistas alguna vez pensaron que podría, llegaría o debería ser implementado.

La oscilación en la posición fiscal de Grecia, que va desde un gran déficit primario a un superávit fue un hecho casi sin precedentes, pero la exigencia que pide que el país alcance un superávit primario del 4,5% del PIB fue desmedida. 

Lamentablemente, en ese primer momento en el que la “troika” –la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional– incluyó esta exigencia irresponsable en el programa financiero internacional para Grecia, las autoridades del país no tuvieron más remedio que adherirse. 

La insensatez de continuar promoviendo este programa es particularmente aguda hoy en día, tomando en cuenta la disminución del 25% de su PIB que Grecia ha sufrido desde el inicio de la crisis. La troika calculó erróneamente los efectos macroeconómicos del programa que impuso. 

Según los pronósticos publicados, creían que, mediante la reducción de los salarios y la aceptación de otras medidas de austeridad, las exportaciones griegas aumentarían y la economía podría volver rápidamente al crecimiento. Creían, también, que la primera reestructuración de la deuda llevaría a la sostenibilidad crediticia.

La troika se equivocó en sus pronósticos, en repetidas ocasiones. Y no por poco, sino por mucho. Los votantes de Grecia tenían razón al exigir un cambio de rumbo, y su gobierno está en lo correcto al negarse a firmar un programa profundamente defectuoso.

 Una vez dicho esto, sí existen posibilidades de llegar a un consenso: Grecia ha expresado de manera clara su voluntad de participar en reformas continuas, y ha agradecido la ayuda de Europa para la implementación de algunas de ellas. 

Una dosis de la realidad por parte de los acreedores de Grecia – sobre lo que se puede lograr, y sobre las consecuencias macroeconómicas de las diferentes reformas fiscales y estructurales – podría constituirse en la base para un acuerdo que sería bueno no sólo para Grecia, sino para toda Europa.  (...)"         (   , El País 14 JUN 2015)

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