3.2.17

La creación directa de puestos de trabajo. ¿Se podría aplicar esto, el trabajo garantizado, a España con tantísimos parados?

 Pavlina Tcherneva

"(...) Propone una aproximación “desde abajo” al problema del desempleo, que consiste en la creación directa de puestos de trabajo. ¿Se podría aplicar esto a España con tantísimos parados?

El problema no es la cantidad de desempleados. La aproximación “desde abajo” consiste en ofrecer una solución directa al problema: si tu problema es la falta de trabajo, tienes que proporcionarle a la gente trabajo. ¡Es muy sencillo! Si la gente necesita un trabajo, se le proporciona un trabajo, no educación, ni recortes fiscales a las empresas a ver si con ello se deciden a contratar…

Sobre el papel está muy bien, pero ¿y la realidad?

Ahí tienes el New Deal de los años 30. Otro ejemplo, menos conocido: durante muchas décadas, Suecia tuvo un modelo en el que el Estado era el empleador de último recurso. El gobierno, los sindicatos y las empresas acordaban asegurar el pleno empleo como objetivo prioritario: si las empresas necesitaban despedir gente, negociaban la cantidad con los sindicatos y después los despedidos eran contratados por el sector público. 

Hay, de hecho, muchos programas de creación de empleo directo, pero ahora son pequeños, ya no pensamos en las grandes cifras como ocurrió con el New Deal norteamericano. 

¿Cuáles son las posibilidades de que esto se lleve a cabo? Si hay voluntad política, estoy completamente segura de que los gobiernos pueden poner en marcha estos programas --porque lo he vivido además de estudiarlo-- y, además, de manera muy rápida, en cuatro o seis meses. 

No son procesos administrativamente complejos. Por ejemplo, el New Deal se activó en seis meses y teníamos un desempleo del 30%; el Plan Jefes de Hogar en Argentina comenzó a andar con un 25% de paro, y arrancó en solo cuatro meses. 

Fue asesora del Gobierno argentino precisamente con la aplicación de una política de empleo directo: el Programa Jefes de Hogar…  

¿Sabes lo que hicieron? Se les preguntó a los parados qué trabajos querían o deseaban desempeñar: ¡eso les empoderó mucho! Las comunidades locales, los partidos y los sindicatos, muy desarrollados, eran los organizadores del programa sobre el terreno.

 El Gobierno entregó el dinero a las localidades, la gente hacía propuestas que tenían que superar un proceso de aprobación, y, en muchas ocasiones, tenían una relación directa con lo que la comunidad necesitaba: se montó una tienda para tejer uniformes escolares, ropa para el gimnasio, jardines comunitarios, cocinas... La gente sabe lo que quiere, y si le permites decidir qué necesita la comunidad, el resultado es el de un enorme empoderamiento. 

Aquí hay un elemento nuevo: no se produce esa intervención brutal del Estado que siempre se teme. Se le pregunta a la gente…  

¡Claro! Por ejemplo, en las áreas rurales, los agricultores son los que más saben. Y nos hacían saber que tenían problemas de irrigación, entonces ellos elaboraban el proyecto. Incluso personas que vivían en las comunidades más pobres de los suburbios de Buenos Aires, que llevaban décadas olvidados, como si no existieran, la gente más pobre que nos podíamos encontrar… ellos mismos elaboraban algunos de los proyectos: biblioteca, centros de salud... Una ciudad a la que fui se llamaba Ciudad Oculta, y se había denominado así durante décadas… y un año después de que el proyecto Jefes de Hogar terminara, le cambiaron el nombre… 

En lugar de una invasión del Estado, se trata de un empoderamiento de la comunidad. No todo fue perfecto: en algunas zonas el programa no funcionó tan bien… Pero hubo algo más, y es que supuso un gran estímulo para el resto de la economía argentina: en primer lugar, mucha más gente de la prevista se propuso como candidata para trabajar, eso es lo que llamamos desempleo escondido; el Gobierno esperaba que participara medio millón de personas y se presentaron dos millones, el 13% de la población activa. 

En dos años, estas cifras comenzaron a bajar, porque la gente empezó a irse al sector privado. Era un programa en el que el Gobierno, en vez de los microcréditos de los que tan bien se ha hablado, proporcionaba, por ejemplo, máquinas de coser a las mujeres y les pagaba hasta que ellas conseguían montar sus propias tiendas. 

Estas mujeres trabajaban muchísimas horas, aunque el Gobierno solo les pagaba cuatro y ellas trabajaban al menos ocho. Además, podían acabar ahorrando algo, invirtiendo y creando pequeñas empresas. 

Las cosas no fueron igual para las personas que venían de la clase media y querían volver al sector privado… pero acudían también porque querían ver a sus vecinos y seguir formando parte de la comunidad. Algunas personas, al saber que se trataba del programa Jefes de Hogar, prestaban incluso sus habitaciones, garajes… como locales para los proyectos, ofreciendo sus propios recursos. 

Es decir, que se trata de algo más que de números. Hablamos de personas… Pero ¿cómo evolucionó el desempleo?

Bajó muy rápidamente desde el 25% al 7% en unos dos años. El efecto multiplicador, de 2,5, era muy alto: por cada dólar invertido en el programa se generaban dos dólares y medio en la economía argentina. El PIB creció, por muchas razones además de por este programa Jefes, a un ritmo de entre el 8 y el 12%… y durante esta crisis no les ha ido tan mal…

¿Cómo se financió este programa?

El Gobierno pagaba en pesos porque habían roto ya la convertibilidad con el dólar. Cuando tienes una caja de convertibilidad como la que tuvieron con el dólar, tu capacidad para gastar está muy restringida: no puedes incrementar los pesos para gastar si antes no has obtenido la misma cantidad de dólares.

 Si Argentina importa, entonces pierde pesos y no puede incrementar el gasto público, esto lleva a la austeridad de manera automática. Al abandonar la convertibilidad y adoptar su propia moneda con su propio Banco Central, el peso se devaluó, pero después se estabilizó, no fue ninguna locura.  

Una vez alcanzada la soberanía monetaria, se financió el programa con el presupuesto general y el coste financiero no llegó al 1% del PIB. ¡No es un programa caro en absoluto! Los salarios eran bajos, se pagaba a la gente por solo cuatro horas. Se podría haber gastado el 2% al menos. 

Entonces no se trata de un coste inasumible, como se podría pensar. 

¿Inasumible? Mira, en España el coste del seguro de desempleo es del 2,5% del PIB. Insisto: los salarios eran bajos. Los efectos sobre la extrema pobreza fueron muy fuertes, porque descendió mucho, pero no sobre la pobreza. Este fue un punto negativo del programa. (...)"         (Entrevista a Pavlina Tcherneva , CTXT, 01/02/17)