29.3.17

“No creo que el euro haya sido bueno”, declaró Le Pen, enseñando un gráfico con la evolución de las economías europeas desde el euro... con la línea alemana hacia arriba y con las francesas, españolas e italianas, hacia abajo. ¿Por qué, esto mismo, no lo dice la izquierda?

"Los cinco principales candidatos a la presidencia francesa, aquellos con una intención de voto superior al 10%, se han enfrentado esta noche en un debate televisado que ha inaugurado la campaña, ante unos diez millones de telespectadores, (...)

Los cinco demostraron la posibilidad de un debate razonable desde argumentos y posiciones contrastadas que fue más allá del mero intercambio de monólogos y reproches. (...)

Fillon prometió liberar a Francia de un “exceso de reglamentaciones” y situó las tres amenazas; un presidente de Estados Unidos “imprevisible”, la potencia comercial de China y el islamismo yihadista. Sus adversarios no le atacaron por la sospecha de empleos ficticios que le rodea. Salió mejor librado de lo esperado.  (...)

Segundo en turno de palabras, Jean-Luc Mélenchon se presentó como un “presidente social y ecologista” con su programa de refundación de la República sobre sólidas bases sociales, fuera de la energía nuclear y de la OTAN. Tuvo momentos brillantes, pero no parece que este debate vaya a alterar su posición sustancialmente. (...)

Emmanuel Macron, pujante en los sondeos, se declaró “orgulloso de haber sido banquero”, algo que se le reprocha, dijo, metido en política para “hacer cosas útiles” y convencido de que, “la divisoria clásica (derecha-izquierda) no ha resuelto nada y no sirve”. Se le consideraba el más expuesto, pero pasó la prueba sin gran sufrimiento pero tampoco sin particular brillo. (...)

“No quiero ser la vicecanciller de Merkel, quiero restablecer el derecho de los franceses a decidir por sí mismos”, proclamó Marine Le Pen, en el marco de un, “rearme contra la mundialización”. Se alteró al escuchar la declaración de fidelidad a Alemania de Macron. Líder en la primera vuelta y eterna derrotada en la segunda, Le Pen fue tajante: “quiero detener toda emigración”.

Benoït Hamon se preguntó, “¿qué pueblo queremos ser, solidario o autoritario?” y abogó por la “independencia ante los lobys”. Fue seguramente el candidato con menos gancho de los cinco. También fue el más beligerante contra la Rusia de Putin y la Siria de el Asad. (...)

Otro momento con chispa se produjo cuando la periodista se refirió a los casos judiciales que penden sobre “algunos de ustedes”. “Gracias por su pudor”, respondió Jean-Luc Mélenchon, “pero aquí hay tres candidatos que no tenemos ningún caso judicial encima, eso se refiere a Fillon y Le Pen”, el primero con sospechas de empleos ficticios de su mujer, y la segunda por haber reclutado a sus colaboradores para trabajos en su partido pagados con fondos del Parlamento Europeo, así como por infravalorar su patrimonio.  (...)

Los tres candidatos que juegan en la primera liga de esta campaña, Macron, Le Pen y Fillon se lanzaron sus concepciones económicas. Fillon reprochó a Le Pen ser una “serial killer” para la economía con su propuesta de salida del euro. 

Le Pen respondió enseñando un gráfico que reflejaba la evolución de las economías europeas desde la introducción del euro, con una línea alemana hacia arriba y otras, francesas, españolas e italianas, hacia abajo. “No creo que el euro haya sido bueno”, dijo. Fue uno de los raros puntos marcados por la Le Pen cuyas intervenciones no brillaron.

La clave de las próximas elecciones es la avería. La avería nacional de una Francia en declive estatal y social y descontenta por ello. Una Francia que se compara con la de los “treinta gloriosos” y se asusta. Un país que busca soluciones en chivos expiatorios, en repliegues nacionales contra la mundialización, en refundaciones republicanas o en reformas neoliberales a las que su sociedad se ha resistido con mayor tenacidad que cualquier otra nación europea. Todo eso se reflejó en el debate de anoche.

 Una avería institucional, con la doble crisis de los dos grandes partidos que se han repartido el gobierno y el juego institucional de Francia en los últimos treinta años.  (...)

Avería en las referencias ideológicas tradicionales en el país que inventó los campos de “izquierda” y “derecha” para definir a conservadores y progresistas, si se confirma que el pulso final de mayo será entre una oferta de ultraderecha con la xenofobia en el centro de su discurso que se presenta como “ni de izquierda, ni de derecha”, la del Frente Nacional de Marine Le Pen, y otra europeísta neoliberal que pretende incluir “a la izquierda y a la derecha”, la oferta de Emmanuel Macron, ex banquero de inversión, ex miembro de un gobierno socialista, en alianza con políticos centristas ex aliados de la derecha y con apoyos del gran empresariado y de la tecnocracia europea. Ambas ofertas situarían la crisis francesa en un nuevo escenario.

Y avería, en fin, social y ciudadana, porque la fábrica integradora y los ascensores sociales republicanos que daban cierta estabilidad al sistema, se han detenido, se han parado configurando, desde hace una generación nuevas marginalidades enquistadas territorialmente.  (...)

En los programas y los posicionamientos, cinco grandes divisorias atraviesan las cinco ofertas ayer presentes en el debate televisado. 

Una es la divisoria entre sensibilidades nacionales contra sensibilidades europeístas, otra es la que separa programas con orientación social de programas neoliberales, otra la que distingue a reaccionarios sociales y progresistas en aspectos de moral, costumbres, e identidad, otra la que divide a ecologistas y crematísticos, y, finalmente, la separación entre belicistas y pacifistas. 

Todas ellas atraviesan con distinta intensidad a la derecha y a la izquierda, excepto las dos últimas: solo en la izquierda hay una oferta contraria al incremento de los presupuestos militares y adversaria del intervencionismo militar francés en el extranjero (Mélenchon), y solo en la izquierda se da relieve a los temas medioambientales (Hamon y Mélenchon).

 Todo lo demás, Europa, el proteccionismo, el republicanismo, la identidad nacional, la xenofobia y el neoliberalismo es transversal. (...)"                   (Rafael Poch, La Vanguardia, 21 de marzo 2017, en Sin Permiso, 24/03/17)

No hay comentarios: