"Ya saben ustedes mi postura. El problema catalán tiene su origen en una lucha de poder interna entre dos de los componentes genuinos del Totalitarismo Invertido
patrio. Por un lado las élites centralistas; por el otro, las elites
periféricas catalana.
En realidad ambas se han aliado en las últimas
cuatro décadas para implementar políticas regresivas y represivas contra
la mayoría de la ciudadanía y en defensa de los intereses de los
“suyos”, tanto de aquellos que medran de la política, como de esos
intereses privados que succionan de lo público.
Ambas burguesías, la
centralista y la catalana, son profundamente rentistas. Ello sin duda
les ha generado en el pasado pingues beneficios, aderezados con
múltiples escándalos de corrupción. Ambas élites, en definitiva, son
igual de zafias, corruptas y distópicas.
Pero este escenario toca a su fin. Desde un punto de vista económico, el súper ciclo de deuda, del cual mamaron estas élites, se agota. Se trata de ver como se reposicionan en un mundo globalizado postcrisis.
Cuando la burguesía catalana percibe que ya no puede medrar de la teta
de España, se echa al monte y decide optar por la independencia.
Pero,
por favor, no seamos inmaduros, el romanticismo independentista que nos
presentan los mass media separatistas es la guinda que adorna una
decisión tomada exclusivamente por las élites catalanas, por mucho que
acudan a la CUP para agitar la calle. El
peligro para la descomposición de nuestra querida España no es la CUP y
su muchachada, ni mucho menos.
El peligro es la hoja de ruta
perfectamente diseñada por gente erudita, profundamente liberal, como Andreu Mas Colell, en su ya famoso artículo de opinión publicado en el diario Ara, tras el susodicho referéndum, “ El primer dia del que ve després ” . Y eso sí que es preocupante.
Olvídense por un momento de todo aquello que se está diciendo sobre
Cataluña en los medios de comunicación patrios, me da igual centralistas
que periféricos catalanes. En su inmensa mayoría son profundamente
simples y gregarios, encaminados a despertar los más bajos instintos de
sus huestes.
Vayamos a un análisis más global, más fino, más cínico,
pensando en los intereses de clase. Desde fuera, en ambientes eruditos,
se empieza a vislumbrar el mundo de los próximos 10 años a partir de lo
que suceda en España con el problema catalán.
Como botón de muestra
véase esta pieza adjunta, “ If You Want to Understand the Next 10 Years, Study Spain
”, donde el autor defiende que las instituciones centralizadas y las
naciones-estados establecidas actualmente en la humanidad se han vuelto
profundamente corruptas, meros apéndices encaminados a proteger y
enriquecer a los poderosos y a aquellos que están bien conectados, en
lugar de beneficiar a la población en general. Recuerden el concepto de
Totalitarismo Invertido “a lo Sheldon Wolin”.
La legitimidad democrática, bajo el Totalitarismo
Invertido, se ha roto y la población ha comenzado a exigir nuevas vías,
nuevas formas de gobernar. Ello se ha visto en diversos procesos
electorales, percibidos por el establishment como populistas.
En el caso de Cataluña una parte de su población abraza
incomprensiblemente la independencia. Digo incomprensiblemente porque en
realidad el “prusés” separatista fue una estrategia política del
nacionalismo catalán para recuperar el control de las calles que se les
escapaba con el movimiento del 15-M de 2011, centrado en cuestiones
sociales, y muy alejado del nacionalismo.
Detrás de
todo, cuando hurgamos la raíz del problema, resumido en el concepto de
Totalitarismo Invertido, nos encontramos con un sistema roto degobernanza económica, denominado " neoliberalismo",
surgido a mediados de la década de 1970 y que ha fracasado. Y este es
el nudo gordiano, ¿cómo salimos de esta?, ¿cuál es la alternativa al
neoliberalismo?
Mi apuesta es clara. Hace poco asistí en España a la presentación del libro que acaba de publicar el profesor australianoBill Mitchell junto al politólogo italiano Thomas Fazi, titulado “ Reclaiming the State
”, algo así como Reclamando el papel del Estado.
Es una llamada a la
recuperación de las políticas económicas estatales como base para
democratizar una sociedad que continúa inmersa en un proceso involutivo
impulsado por la globalización neoliberal.
La crisis del orden neoliberal ha resucitado una idea política que se consideraba enterrada en el basurero de la historia. El Brexit, la elección de Donald Trump, y la reacción neonacionalista, antiglobalización
y anti-institucional que envuelve a Occidente implican un anhelo por
una reliquia del pasado: la soberanía nacional.
Se trata de
reconceptualizar el estado nación como un vehículo para un cambio
progresista. Los autores muestran que a pesar de los estragos del
neoliberalismo, el estado todavía contiene recursos para el control
democrático de la economía y las finanzas de una nación.
El giro
populista brinda una oportunidad para desarrollar una estrategia
política de izquierda ambiciosa pero factible. Y es eso lo que debería
haber abrazado, por ejemplo, Podemos.
Pero ese Estado al servicio de la ciudadanía es lo que no quieren
aquellos que nos han jodido durante décadas. ¿No se han dado cuenta de
cómo neoliberales de medio mundo coquetean con el derecho a decidir de
los catalanes?
Y es desde la internacional neoliberal de donde se trama
la independencia de Cataluña, como un experimento para incitar a una
descentralización global de los Estados-nación. Si eso se produjera, nos
les quepa duda que nos encaminaríamos a los Juegos del Hambre." (Juan Laborda
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