"En la época dorada del cine, las curvas más famosas estaban en Hollywood. Pero para la mayoría de los economistas —bastante más aburridos—, la curva más célebre fue siempre la de Phillips, cuya formulación, en 1958, tuvo —y aún tiene— una enorme influencia
en el mundo académico.
Entre otras cosas, porque identificaba una
variable fundamental en el análisis económico: ¿a partir de qué momento
la generación de empleo produce inflación? O dicho de otra manera, cómo influyen los salarios en la evolución de los precios al margen de su componente monetario (creación de dinero).
William Phillips fue
un profesor neozelandés singular: cazador de cocodrilos, héroe de
guerra, prisionero de los japoneses durante tres años, ingeniero
eléctrico, inventor de computadoras y, sobre todo, célebre por demostrar
que a partir de un determinado nivel de empleo (o de paro, según se
mire) la inflación tiende a crecer vía presión salarial por
falta de mano de obra, lo que se formuló a través de un conocido
acrónimo en inglés —la NAIRU—, que en castellano se conoce como tasa de
desempleo no aceleradora de inflación.
La NAIRU, por lo tanto, es la
variable a vigilar, porque permite conocer lo que Friedman llamó
tasa natural de paro y que hoy se suele denominar tasa de paro
estructural. Es decir, aquella que se sitúa al margen del ciclo
económico, y que es la que más preocupa porque revela ineficiencias en el mercado de trabajo.
Lo que se sabe en el caso de España es que el desempleo estructural se sitúa “entre el 18% y el 19%”, según las
últimas estimaciones del Banco de España. Es decir, que si la tasa de
desempleo baja de ese nivel, comienza a manifestarse una presión inflacionista. ¿Está ocurriendo eso? La respuesta es sencilla: no.
La Comisión Europea ha rebajado ese nivel hasta el 17,4%, mientras que un reciente estudio de los economistas Daniel Fuentes y María Romero lo sitúa entre el 15% y el 18%. En todo caso, tasas muy elevadas que reflejan un problema de fondo en el mercado laboral. (...)
Es evidente que la tasa de paro sigue siendo muy elevada, pero hay que
tener en cuenta que la economía —que ha creado dos millones de puestos
de trabajo en los tres últimos años— viene de niveles de paro del 27%.
Pues bien, pese a ello, y a que el PIB ha avanzado a ritmos ligeramente
superiores al 3% en los tres últimos años, el IPC apenas ha despegado, más allá de repuntes temporales
vinculados a los precios del petróleo. Y nada indica que en los
próximos dos o tres años vaya a cambiar esa correlación: el paro seguirá
bajando y los precios no se acelerarán de forma significativa.
Ningún
servicio de estudios prevé un alza relevante del IPC, lo que se traduce
en rentabilidades de la deuda realmente bajas: el TIR del bono a 10 años
se situará en el 2,55%, según AFI, en diciembre de 2019, es decir, dentro de dos años. (...)
Por supuesto que no se trata de un fenómeno español. En países con niveles de paro cercanos al pleno empleo la inflación tampoco crece. El caso más evidente es el de Alemania (tasa de paro del 3,6% y una inflación del 1,4%), pero tampoco ocurre en Holanda (4,7% de paro y un IPC que ha subido solo un 1,3% en el último año). El único caso diferente es el del Reino Unido, con un desempleo del 4,2% y una inflación más alta, del 3%, pero achacable no a la presión de los salarios sino a la depreciación de la libra por el Brexit.
EEUU, sin embargo, es el ejemplo más evidente. El país de Donald Trump
tiene un paro del 4,2%, prácticamente pleno empleo, pero el IPC
interanual apenas crece un 2%, pese a que la economía estadounidense
acumula ya más de 30 trimestres consecutivos con un crecimiento robusto.
¿Está fallando la curva de Phillips? ¿O es que Samuelson y Solow
se equivocaron cuando en los años sesenta popularizaron tan
extraordinario invento? Hay una cosa cierta. No es la primera vez que
eso ocurre. En los setenta, la 'estanflación' —estancamiento con
inflación elevada— puso contra las cuerdas la curva de Phillips.
Entonces se acreditó que era compatible la existencia de elevadas tasas
de desempleo y, al mismo tiempo, fuertes incrementos de precios, lo que
dio a entender que la curva de Phillips funcionaba mejor a corto plazo
que a largo.
Pero ahora, justamente, está sucediendo lo contrario: hay menos paro,
pero también menos inflación vía salarios. Incluso, en los años más
duros de la crisis, la economía mundial esquivó la deflación,
lo cual es poco consistente con los elevados niveles de desempleo en
países como España (la tasa de paro llegó al 27%). ¿Qué está ocurriendo?
En un reciente trabajo,
el Banco Central Europeo (BCE) apuntó a una realidad incuestionable,
sobre todo en países como España. El crecimiento de los salarios, decían
sus economistas, “continúa siendo débil, lo que sugiere un grado de holgura
todavía considerable en el mercado de trabajo”. Lo que unido al 'output
gap', la diferencia entre la producción observada por las estadísticas y
la potencial en función de su capacidad productiva, explicaría las
bajas tasas de inflación. España estaría, por lo tanto, muy lejos de
aprovechar la utilización de su aparato productivo.
El término 'holgura' es una forma amable de denominar un fenómeno muy conocido en el mundo laboral que se llama subempleo, y que se produce —definición
de Estadística— cuando las horas de trabajo de una persona ocupada “son
insuficientes” en relación con una situación de empleo alternativo que
esta persona desearía desempeñar estando disponible para ello.
Dicho en
román paladino, eso quiere decir que el desempleo es mucho mayor —el BCE ha llegado a
sugerir un 30% incluyendo el subempleo— que el 16,4% que reflejan las
estadísticas, cuya metodología es muy exigente a la hora de definir a
una persona como parada. O lo que es lo mismo, como el desempleo real es
mucho mayor que el estadístico, la inflación salarial no sube, ya que
la presión de las nóminas es menor.
No es, desde luego, la única causa. La globalización, que hace que los países emergentes exporten deflación debido a los bajos costes de producción; el cambio de paradigma en
la fijación de los salarios —ahora los sueldos se negocian sobre
expectativas de IPC y no sobre inflación pasada—, y, sobre todo, los avances tecnológicos, que son intensamente deflacionistas, junto a la menor presión sindical en
busca de salarios más altos, han vuelto a poner contra las cuerdas a
Phillips y su curva, pensada para tiempos en los que el empleo era a
tiempo completo y las economías desarrolladas eran fuertemente
proteccionistas.
Y precisamente por eso, cualquier alza de los salarios
—vía disminución del paro— provocaba aumentos significativos de la
inflación.
Ahora no sucede eso. Ni siquiera las ingentes
inyecciones de liquidez de los bancos centrales han sido capaces de
elevar la inflación de forma intensa. La vieja correlación agoniza.
Malos tiempos para Phillips." (Carlos Sánchez, El Confidencial, 01/12/17)
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