6.6.18

La situación real de los barrios del área metropolitana de Barcelona es gravísima. La gente no tiene para pagar la hipoteca o el alquiler, la luz o el gas y ni para comer. Cualquiera puede encontrarse en estas circunstancias cuando menos se lo piensa, y tener trabajo no garantiza una vida digna...

"(...) ¿Hay en tu entorno gente con carencias graves, que no les da para pasar el mes?
 
La situación real de los barrios del área metropolitana de Barcelona es gravísima. La gente no tiene para pagar la hipoteca o el alquiler, la luz o el gas y hasta para comer. Estamos viviendo muy en precario. Cualquiera puede encontrarse en estas circunstancias cuando menos se lo piensa, y tener trabajo no garantiza una vida digna.

¿Es esto consecuencia directa de la crisis o el problema es más bien estructural?

La última crisis ha hecho que los pobres sean más pobres y los ricos más ricos. Esto se está agudizando y en los barrios se ve claramente. Muchos trabajadores siguen padeciendo la crisis, y para la mayoría la salida es mayor empobrecimiento, menos derechos y un futuro más negro. Todo ello, claro, partiendo de una situación que ya estaba al límite. Llueve sobre mojado. 

Y no me gusta el término “precariado” que quizás responde a esa tendencia posmoderna de cambiarle el nombre a las cosas para que parezcan que son otras. 

Yo creo que trabajador es quien vende su fuerza de trabajo para ganarse la vida. Y si es cierto que la vida de mucha gente y las condiciones laborales se están degradando. La gente acepta ahora cualquier situación laboral, porque hay un ejército de parados.

¿Y cómo viven esto los más jóvenes?

Desde hace 15 o 20 años hay muchísimo menos trabajo, cosa que el propio capitalismo ha generado. Tener un desempleo de más de un 20% garantiza a los empresarios mano de obra abundante y barata. 

Vivirlo en primera persona, como lo vive la gente en los barrios de Barcelona, es muy diferente a como se vivía. Antes de la crisis todavía podría encontrarse empleo en bastantes buenas condiciones (horario, salario…), comparadas con las de ahora. Cosa que también ocurre con los estudios. 

Por el camino que vamos, pronto llegaremos a aquélla pancarta de Cornellá (“Los hijos de los obreros queremos estudiar”). De hecho, yo conozco personalmente a chavales que no pueden estudiar, porque no tienen con qué pagárselo. Yo, como otros jóvenes de clase obrera, pudimos estudiar, aunque, es verdad, a veces con mucho esfuerzo, combinado el trabajo y la formación. 

También había becas. Ahora es más difícil, porque resulta más caro, no hay ayudas y, además, el plan Bolonia obliga al alumno a estudiar presencialmente, lo que constituye una barrera para quien tiene que compaginar trabajo y estudios.

¿Esta gente de la que hablamos son, sobre todo, digamos, autóctonos, emigrantes de primera, segunda o tercera generación procedentes de otros lugares de España, emigrantes de los otros países…?

Se podría decir que hay de todo, pero predominan los hijos e hijas de la gente que vino a Cataluña en los años 70, procedentes de Andalucía, Murcia, Galicia…, Los “charnegos”, para entendernos. Este es el colectivo más afectado y después los “nous vinguts”, que son esa segunda oleada migratoria de latinoamericanos, magrebís, gente del Este de Europa… (...)"

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