11.1.19

¿Porqué la izquierda pierde apoyo electoral? Por el fenómeno del desplazamiento del arco ideológico...

"En todas las recientes citas electorales, tanto de nuestro país como del resto del mundo, la izquierda (en los lugares donde existe) pierde apoyo ciudadano, apoyo social y electoral, en resumidas cuentas, pierde fuerza y votantes. 

Es un fenómeno internacional, no aislado o reducido a un ámbito geográfico concreto. Evidentemente la ofensiva reaccionaria es brutal en todos los órdenes, pero creemos que no es mérito de la derecha, sino demérito de la izquierda. 

Dicho en otros términos, tiene más responsabilidad la propia izquierda de sus retrocesos y declives que mérito la derecha por hostigarla, desprestigiarla y atacarla. Básicamente, la izquierda fracasa cuando deja de ser alternativa real.  (...)

Para entenderlo es preciso que comprendamos cómo funciona el fenómeno del desplazamiento del arco ideológico. Vamos a imaginar un arco ideológico que fuera desde la izquierda hasta la derecha en una escala del 1 al 10. 

Supongamos que en un ámbito geográfico determinado (una comunidad, un país, un Estado) tenemos desde la izquierda más radical (representada con un 1 en la escala) hasta la derecha más ultra (representada por ejemplo con un 8).

 Pues bien, puede suceder que la izquierda radical entienda (equivocadamente) que para captar más apoyo electoral debe suavizar sus propuestas, es decir, abandonar sus propuestas más radicales y abrazar la “moderación”, con lo cual se desplaza en el arco ideológico antes mencionado. 

Pues bien, cuando esto sucede, en realidad no afecta sólo a la(s) formación(es) política(s) que haya(n) efectuado este desplazamiento, sino que todas las demás también se ven desplazadas, quizá por un procedimiento mimético para evitar confundir sus mensajes y propuestas con las de otra formación. 

Entonces, si la izquierda radical que estaba en la escala en el 1 pasa al 3, por ejemplo, entonces la derecha más ultra se desplaza también, hasta el 9, es decir, se vuelve más radical. Así, la izquierda muy moderada se volverá todavía más, y la derecha más centrada y moderada se moverá hacia la derecha más extrema. Exactamente eso es lo que está ocurriendo, tanto en nuestro país como en el resto del mundo.  (...)

En nuestro país, uno de los mejores ejemplos, hemos pasado desde la radicalidad, rebeldía y pureza de las propuestas del Movimiento 15-M (que dio origen a la frescura del Podemos original), a la entrada en el Parlamento andaluz de la ultraderecha más retrógrada (Vox), simplemente porque esa izquierda ha ido perdiendo gran parte de esas características originales.   (...)

La izquierda debe quedarse en el “anti-sistema”. Pero hoy día, volviendo a nuestro país, ese Podemos ha quedado muy descafeinado, y las centrales sindicales mayoritarias, bajo los nuevos modelos laborales y el tremendo acoso del gran capital transnacional, están absolutamente descolocadas, y sólo juegan a la concertación.

 Bajo esta “sociedad del cabreo” (en expresión de Andrés Piqueras), el capitalismo en su fase terminal lleva golpeando a las mayorías sociales desde hace demasiado tiempo. Y en esta situación social tan amenazada, los monstruos que mencionaba Gramsci no tardan en aparecer. La única manera de luchar contra estos monstruos es diseñar una alternativa radical, y tener la valentía de “sostenella y no enmendalla”.    (...)

La valentía, coherencia e integridad de la izquierda, por el contrario, la radicalidad de su discurso y su ambición para cambiar el sistema desde la base, acobarda a la derecha más radical, que ve precisamente en esa izquierda un grave peligro que tiene que combatir (piénsese en las terribles campañas de desprestigio hacia Podemos cuando surgió en 2014, y cómo han desaparecido hoy día ante un Podemos que ya está institucionalizado, acomodado, y que por tanto no representa una gran amenaza).   (...)

¿Pero en qué consiste hoy lo “anti-sistema”? Hemos de partir de la base de que nuestras capacidades de decisión política están absolutamente coartadas por el gran capital y todas sus instituciones y organismos, nacionales e internacionales. 

Ellos son los que marcan la pauta, y ordenan lo que es posible y lo que no lo es. Su fuerza es tremenda, y anulan por completo la soberanía de cualquier país o Estado. Desde la política económica hasta la política exterior, están protegidos frente a cualquier decisión democrática. Las estructuras supranacionales están situadas fuera del campo democrático (la UE, la OTAN, la OMC, la OCDE, el FMI, el BM, el G20, el Foro de Davos…). 

En primer lugar, recuperar la democracia implica recuperar la soberanía en todos los campos (monetario, económico, energético, político…), y mientras esto no se consiga, las propuestas de una izquierda radical no serán posibles, porque serán interceptadas por el poder de las instancias supranacionales. Se impone, por tanto, la salida de todas esas organizaciones.   (...)

¿Pero en qué consiste hoy lo “anti-sistema”? Hemos de partir de la base de que nuestras capacidades de decisión política están absolutamente coartadas por el gran capital y todas sus instituciones y organismos, nacionales e internacionales. 

Ellos son los que marcan la pauta, y ordenan lo que es posible y lo que no lo es. Su fuerza es tremenda, y anulan por completo la soberanía de cualquier país o Estado. Desde la política económica hasta la política exterior, están protegidos frente a cualquier decisión democrática. Las estructuras supranacionales están situadas fuera del campo democrático (la UE, la OTAN, la OMC, la OCDE, el FMI, el BM, el G20, el Foro de Davos…).

 En primer lugar, recuperar la democracia implica recuperar la soberanía en todos los campos (monetario, económico, energético, político…), y mientras esto no se consiga, las propuestas de una izquierda radical no serán posibles, porque serán interceptadas por el poder de las instancias supranacionales.  (...)"            (Rafael Silva, Krítica, 10/01/19)

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