"En todas las recientes citas electorales, tanto de nuestro país como del
resto del mundo, la izquierda (en los lugares donde existe) pierde
apoyo ciudadano, apoyo social y electoral, en resumidas cuentas, pierde
fuerza y votantes.
Es un fenómeno internacional, no aislado o reducido a
un ámbito geográfico concreto. Evidentemente la ofensiva reaccionaria
es brutal en todos los órdenes, pero creemos que no es mérito de la
derecha, sino demérito de la izquierda.
Dicho en otros términos, tiene
más responsabilidad la propia izquierda de sus retrocesos y declives que
mérito la derecha por hostigarla, desprestigiarla y atacarla.
Básicamente, la izquierda fracasa cuando deja de ser alternativa real. (...)
Para entenderlo es preciso que comprendamos cómo funciona el fenómeno
del desplazamiento del arco ideológico. Vamos a imaginar un arco
ideológico que fuera desde la izquierda hasta la derecha en una escala
del 1 al 10.
Supongamos que en un ámbito geográfico determinado (una
comunidad, un país, un Estado) tenemos desde la izquierda más radical
(representada con un 1 en la escala) hasta la derecha más ultra
(representada por ejemplo con un 8).
Pues bien, puede suceder que la
izquierda radical entienda (equivocadamente) que para captar más apoyo
electoral debe suavizar sus propuestas, es decir, abandonar sus
propuestas más radicales y abrazar la “moderación”, con lo cual se
desplaza en el arco ideológico antes mencionado.
Pues bien, cuando esto sucede, en realidad no afecta sólo a la(s)
formación(es) política(s) que haya(n) efectuado este desplazamiento,
sino que todas las demás también se ven desplazadas, quizá por un
procedimiento mimético para evitar confundir sus mensajes y propuestas
con las de otra formación.
Entonces, si la izquierda radical que estaba
en la escala en el 1 pasa al 3, por ejemplo, entonces la derecha más
ultra se desplaza también, hasta el 9, es decir, se vuelve más radical.
Así, la izquierda muy moderada se volverá todavía más, y la derecha más
centrada y moderada se moverá hacia la derecha más extrema. Exactamente
eso es lo que está ocurriendo, tanto en nuestro país como en el resto
del mundo. (...)
En nuestro país, uno de los mejores ejemplos, hemos pasado desde la
radicalidad, rebeldía y pureza de las propuestas del Movimiento 15-M
(que dio origen a la frescura del Podemos original), a la entrada en el
Parlamento andaluz de la ultraderecha más retrógrada (Vox), simplemente
porque esa izquierda ha ido perdiendo gran parte de esas características
originales. (...)
La izquierda debe quedarse en el “anti-sistema”. Pero hoy día, volviendo
a nuestro país, ese Podemos ha quedado muy descafeinado, y las
centrales sindicales mayoritarias, bajo los nuevos modelos laborales y
el tremendo acoso del gran capital transnacional, están absolutamente
descolocadas, y sólo juegan a la concertación.
Bajo esta “sociedad del
cabreo” (en expresión de Andrés Piqueras), el capitalismo en su fase
terminal lleva golpeando a las mayorías sociales desde hace demasiado
tiempo. Y en esta situación social tan amenazada, los monstruos que
mencionaba Gramsci no tardan en aparecer. La única manera de luchar
contra estos monstruos es diseñar una alternativa radical, y tener la
valentía de “sostenella y no enmendalla”. (...)
La valentía, coherencia e integridad de la izquierda, por el contrario,
la radicalidad de su discurso y su ambición para cambiar el sistema
desde la base, acobarda a la derecha más radical, que ve precisamente en
esa izquierda un grave peligro que tiene que combatir (piénsese en las
terribles campañas de desprestigio hacia Podemos cuando surgió en 2014, y
cómo han desaparecido hoy día ante un Podemos que ya está
institucionalizado, acomodado, y que por tanto no representa una gran
amenaza). (...)
¿Pero en qué consiste hoy lo “anti-sistema”? Hemos de partir de la
base de que nuestras capacidades de decisión política están
absolutamente coartadas por el gran capital y todas sus instituciones y
organismos, nacionales e internacionales.
Ellos son los que marcan la
pauta, y ordenan lo que es posible y lo que no lo es. Su fuerza es
tremenda, y anulan por completo la soberanía de cualquier país o Estado.
Desde la política económica hasta la política exterior, están
protegidos frente a cualquier decisión democrática. Las estructuras
supranacionales están situadas fuera del campo democrático (la UE, la
OTAN, la OMC, la OCDE, el FMI, el BM, el G20, el Foro de Davos…).
En primer lugar, recuperar la democracia implica recuperar la
soberanía en todos los campos (monetario, económico, energético,
político…), y mientras esto no se consiga, las propuestas de una
izquierda radical no serán posibles, porque serán interceptadas por el
poder de las instancias supranacionales. Se impone, por tanto, la salida
de todas esas organizaciones. (...)
¿Pero en qué consiste hoy lo “anti-sistema”? Hemos de partir de la
base de que nuestras capacidades de decisión política están
absolutamente coartadas por el gran capital y todas sus instituciones y
organismos, nacionales e internacionales.
Ellos son los que marcan la
pauta, y ordenan lo que es posible y lo que no lo es. Su fuerza es
tremenda, y anulan por completo la soberanía de cualquier país o Estado.
Desde la política económica hasta la política exterior, están
protegidos frente a cualquier decisión democrática. Las estructuras
supranacionales están situadas fuera del campo democrático (la UE, la
OTAN, la OMC, la OCDE, el FMI, el BM, el G20, el Foro de Davos…).
En primer lugar, recuperar la democracia implica recuperar la
soberanía en todos los campos (monetario, económico, energético,
político…), y mientras esto no se consiga, las propuestas de una
izquierda radical no serán posibles, porque serán interceptadas por el
poder de las instancias supranacionales. (...)" (Rafael Silva, Krítica, 10/01/19)
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