"(...) yo ya era trabajadora sexual, pero nunca, por la cuestión del
estigma, había salido, había emergido esta cuestión del reconocimiento
del trabajo sexual, o dignificarlo. Porque yo no estaba tan segura si
era lo lógico, si era lo que yo quería hacer el resto de mi vida, si era
cuestionable, si el estigma era verdad o mentira. No me lo cuestionaba,
lo asumía como tal y sufría en silencio, por así decirlo. Y como tenía
otros frentes políticos abiertos, nunca lo racionalizaba como lo hice
mucho después.
De todos estos amores feministas que conocí en
Barcelona, Bárbara Biglia fue la que estaba todo el tiempo pendiente de
mi, porque yo tenía muchos conflictos con el trabajo sexual, y muchos
conflictos con los trabajos. Ella me decía, pues estudia, o trabaja de
otra cosa, o no sé qué. Entonces yo trabajaba de otra cosa y no me
gustaba y entonces estaba todo el tiempo como que me sentía mal. Con
conflictos conmigo misma. Pensaba que la prostitución me había deformado
la forma de relacionarme laboralmente con las personas, o simplemente
por temor o lo que fuera.
Bárbara me invitó por primera vez en el
2005 a un encuentro de trabajadoras sexuales en Bruselas. Y fue ahí
donde yo escuché a trabajadoras sexuales que son parte del movimiento
feminista y que hacían una reflexión anticapitalista y que critican el
trabajo en sí. Y me pareció maravilloso. Pero ¿cómo yo siendo puta,
anticapitalista y feminista no había llegado a este punto? Tuve tanto
miedo de confrontarme con esa parte de mi realidad que no fui capaz de
analizarlo yo misma. ¿Cómo estas señoras han estado tan iluminadas y han
hecho este proceso? Y me pareció impresionante.
Entonces, a raíz
de ahí empecé a trabajar. Primero personalmente, luego con asociaciones,
con las reivindicaciones que exigimos las trabajadoras sexuales. Y
bueno una cosa trae la otra, así que terminamos muy politizadas y
finalmente dentro de la CUP como consejera de distrito Y luego de ahí ya
el siguiente paso fue la sindicalización, que es donde estamos ahora.
BZ. En relación al trabajo sexual y a la organización, en un
momento de tu militancia aparece el grupo “Putas indignadas”, que tiene
mucha resonancia y despierta mucho interés. ¿Cómo organizáis este grupo y
qué planteamientos tenéis en esos momentos?
PE. Dos o
tres años después de Bruselas contacto con las compañeras de Barcelona
de “Putas indignadas”. Y ahí conozco a Janet, que es la representante,
que entonces se llaman “Putas libertarias”. Y empiezo a ver su
politización, muy parecida a la mía. No tan feminista, pero sí muy
anticapitalista y anarquista. Con unos lazos profundos con el barrio.
Con una conciencia de clase enorme, con la que me siento supercercana, y
empiezo a admirar.
Entonces ellas me acogen. Me acogen como madres,
como hermanas, que es la única manera que yo tengo de ser parte de los
procesos políticos. Y así yo aprendo, o, digamos, me siento parte, a
través del cariño, también. Entonces en este proceso de conocerlas, pues
ellas también me conocen y Janet ve en mi como potencial, entonces nos
fusionamos. Y bueno, construimos cosas maravillosas: cortes de calles,
caceroladas todos los viernes…
Como yo vengo de diferentes movimientos
sociales, y también a través del amor y de todo eso, empiezo a ver yo
por primera vez que yo ya conozco de todo esto. Y más, todo el proceso
de asociaciones sociales y barriales en donde estaban las compañeras de
“Putas indignadas”, todo eso hace como una bola, una bola de nieve de
crecimiento social y que se empieza a escuchar más a las trabajadoras
sexuales. No es por mí, ni es por ellas, pero es el conjunto de todas
las sinergias.
Y así fue cómo hicimos cosas con el barrio, cosas
muy sentidas y emocionales, muy políticas, muy radicales, y que han
hecho incidencia política.
BZ. Así entonces llegáis a la
cuestión de la sindicación, donde como tú dices, confluyen los elementos
de clase, con los de consideración del trabajo y también con los
básicos de organización de la clase. ¿Cómo se desarrolla ese proceso y
que acompañamientos vais encontrando?
PE. En primer lugar
iniciamos un poco de información sobre la sindicación, pues teníamos
una información básica sobre los sindicatos. Pero al mismo tiempo como
cualquier persona, sabíamos que los sindicatos defienden los derechos
laborales. Por lo tanto, desde mi poca información, entendía que si
debíamos ser reconocidas como trabajadoras, ¿qué mejor que un
sindicato?. Y ahí empieza la búsqueda: qué tipo de sindicato, cómo lo
quieres, con quién vas a hablar, que te ofrecen, qué no te ofrecen… ¿no?
Las negociaciones que llevan muchos años, hasta el momento en que un
sindicato te ofrezca un espacio específico, autonómico, parecido a tu
proyecto político, porque llevamos tiempo, pero no es parecido al de
ellas, porque esto es de toma y daca, quiero decir. No es que nosotras
venimos aquí a inventar nada. Y esto es importante de valorar, nos
sumamos a procesos sociales y de lucha que ya están haciendo otras
personas.
Y claro, nosotras, atrevidas, empezamos exigiendo cosas
que ningún trabajador o trabajadora tenía. No, no queremos patrones, no
queremos esto, y tuvimos que ir aprendiendo que si vamos a hacer el
proceso del reconocimiento del trabajo, habrá que aceptar y ceder en
algunas cosas, no porque seamos nosotras, sino porque el sistema está
organizado de esta manera y en el caso de que se nos reconociera como
trabajadoras, pues seguimos las normas que siguen otras trabajadoras.
Eso no significa que nosotras no sigamos presionando para que desde el
sindicato se exijan más derechos, desde nuestra persepctiva
BZ.
En ese sentido, por ejemplo, te estás separando de la línea de
calificarte como trabajadora empleada de hogar, o autónoma, sino que
reivindicáis trabajadora, por cuenta ajena, con todos los derechos. Sin
buscar otros atajos.
PE. Es verdad que nosotras estamos
luchando por derechos. Los derechos laborales van de la mano con los
derechos de ciudadanía. Por lo tanto, sabemos que los autónomos y las
autónomas, aquí, en España, no tienen muchos derechos. La trabajadora
del hogar, tampoco. Entonces queremos que nuestra lucha también sirva
para otras luchas sociales. O sea, se tiene que replantear el trabajo
así. Y lo que signifique. ¿Por qué tenemos nosotras que pagar la
seguridad social para trabajar para un tercero, por ejemplo, si estamos
hablando de empleadas de hogar o autónomas, o falsas autónomas?
BZ.
Me ha parecido interesante la idea que ha salido de que todo el trabajo
hay que criticarlo, por ser una explotación, frente a gente que tiene
esta concepción de que se pide ser trabajadora para estar en un lugar
privilegiado. Y así os miran, algunas, como si ese lugar no os
correspondiese.
PE. Yo creo que un amplio sector de la
sociedad critica cualquier exigencia de los movimientos sociales,
sindicatos u organización social. ¿Por qué? Pues porque estamos
construidas y enseñadas de esas manera; que parece que hay que callar,
que hay que soportar, aguantar, que no podemos pedir más porque ya lo
tenemos todo. Sin ver, que en realidad quienes tienen todo, son las
personas que manejan a los políticos, que son los banqueros, que son los
dueños de los pactos de los contratos laborales, que son los dueños de
nuestros tiempos libres, y de nuestros espacios de trabajo. O sea que a
ello no les importa nada nuestra realidad. Y hay gente que, dado que nos
han lavado tanto el cerebro, pues defienden todavía este
posicionamiento de lo que significa el trabajo. (...)
BZ. ¿Piensas tú que son realmente duras las condiciones del
trabajo sexual? Es decir, ¿son más duras que otras? ¿Se pueden comparar
con otras condiciones laborales de otros trabajos que sí son
considerados como tales?
PE. Las condiciones de trabajo
son duras, sí, son difíciles, son complejas. Tú puedes acomodar -depende
de la experiencia que tengas, los años y las facilidades que tengas de
negociar- cómo trabajar y dónde. Pero también hay que señalar que la
falta de visibilidad del trabajo hace que las personas que recién entran
en ese trabajo acepten cosas que las que ya tenemos experiencia no
aceptamos.
Y esto pasa en otros trabajos. Las personas que se
incorporan, las personas más jóvenes que se incorporan a cualquier
profesión aceptan contratos más precarizados que otras que tenían otros
privilegios y que no van a trabajar por menos dinero y más horas. En
cambio, las personas que entran al mercado sí aceptan cualquier cosa,
porque no conocen otra realidad de lucha.
BZ. O sea que
entiendes que falta una transmisión de la lucha y de las condiciones
laborales y de negociación, por decirlo de alguna forma, que la gente
cuente cómo se está y qué se puede negociar.
PE. Sí
claro, y aparte de esto, no alejarlo del relato de los otros trabajos.
Pero en sí el trabajo, ¿es duro? Pues sí. Como cualquier otro trabajo, y
más sobre todo, porque no está reconocido. Ahí sí que se agudiza la
precarización, agudiza las exigencias para que hagas más cosas por menos
dinero, o ese tipo de cosas, ¿no? que, insisto, no se alejan de las
realidades laborales de otros trabajos.
BZ. Se ha hablado
mucho de esclavitud, de explotación, ... A veces incluso se señala a la
prostitución como una figura que tendría que entrar en el Código Penal,
como violencia de género. ¿Cómo ves el tema de leyes penalizadoras para
estas actividades? ¿Se están mezclando situaciones de trata, como
prostitución forzada con situaciones de prostitución?
PE.
Vamos a ver, hay una figura penal, que es la situación de la trata, que
sí está penalizada, pero habría que verla bien porque esta ley no
beneficia a las mujeres. Esta ley solamente lo que hace es potenciar la
ley de extranjería, para limitar los proyectos empresariales de las
mujeres que vienen de otros países, que son migrantes y que deciden
ejercer el trabajo sexual para, como proyecto empresarial, mejorar su
vida y su situación económica. Entonces lo que hacen las leyes de trata
es confundir trata con trabajo sexual.
Y niegan la capacidad de agencia a
las trabajadoras, a las personas que deciden migrar o estar aquí y
ejercer su trabajo, o ejercer el trabajo sexual, porque por lo que sea
consideran que es más rentable, o más cómodo o lo que quiera que fuera
el trabajo sexual. Y entonces limita a las compañeras. Y ahora mismo, la
ley de trata, supone agudizar las penalizaciones a las migrantes. No
ayuda a personas que están realmente en situación de trata. No hay
espacios que acojan, espacios amables, seguros...
Porque si vienen en
una situación de trata, es como una situación de violencia extrema donde
te pueden llegar a matar, a golpear... Es como que viene del amor
romántico, viene de la mano de la pareja. Para eso las mujeres, y aquí
dentro del feminismo, tenemos que estar bien cuidadas o bien
aconsejadas, para poder salir de esta situación de violencia que venimos
sufriendo. Tanto sea de violencia de género como de trata.
Entonces
la ley de trata tiene que contemplar todas estas realidades. Entender
que es una violencia de género, la trata. Y, por supuesto, potencializar
la autonomía y la independencia de las trabajadoras, que deciden ser
trabajadoras sexuales y no están en situación de trata.
Como bien
dijo la compañera de Genera los números que manejan las organizaciones
son del 20 y hasta el 25% de mujeres en situación de trata. No tendría
que haber ni un 1%, pero existe. Como existe en otras profesiones
esclavitud y trata.
Ahora bien. Las leyes hay que cambiarlas.
Y eso sin penalizar a las trabajadoras sexuales. O sea, la trata es un
delito penal, pero la prostitución, no. Entonces separemos las aguas,
seamos objetivas y trabajemos conjuntamente para que esto sea mejor para
todas.
BZ. En todo este tema y trabajo, a nivel
internacional, ¿hay algún movimiento de trabajadoras sexuales? ¿Estáis
en alianzas con otras feministas, o con antirracistas, o con
organizaciones de trabajadoras sexuales?
PE. Ahora hay
organizaciones prácticamente en todo el mundo. Latinoamérica tiene una
red propia que se llama Red de Trabajadoras Sexuales de Latinoamérica y
el Caribe. Luego está el sindicato de trabajadoras sexuales que es una
sección sindical que se llama AMMAR, en Argentina, que tiene 6.000
afiliadas. En Bélgica, hay sindicato de trabajo sexual también... Bueno,
la verdad es que hay en muchos países.
Es que la única manera de
cambiar la situación, no solamente para nosotras, sino para todas las
trabajadoras, es que trabajemos conjuntamente y que entendamos las
transversalidades, o sea, como que si somos migrantes, si somos negras,
si somos pobres, entender que es una cuestión de pobreza, de clase y de
género. Trabajar desde ahí para poder construir algo más amable para
todas.
BZ. Y por último te quería hacer una referencia a
la sindicación. Has venido invitada por el sindicato LAB. Tú estas en
otro sindicato, IAC ¿cómo son tus relaciones militantes en el sindicato y
con otros sindicatos?
PE. ¡Ah! Maravillosas, tengo mucha
suerte. Pero quiero señalar que yo también soy luchadora y reclamo el
espacio que me merezco, que nos merecemos todas. No permito que nadie me
diga lo que tengo que hacer. También escucho y sé aprender. Así ha sido
un proceso largo, a veces doloroso, pero sobre todo rico, evolutivo y
que todavía tiene mucho camino por delante.
Eso por lo que se refiere a
la Intersindical Alternativa. LAB, por lo demás, siempre me ha recibido
con mucho cariño, así que estoy más que agradecida. Me han escuchado y
yo siempre estaré presionando para que se creen las secciones
sindicales. Pero cada sindicato tendrá su proceso.
BZ. O
sea que a ti te parece que la salida es que los sindicatos tengan sus
propias secciones de trabajo sexual, en lugar de otras alternativas más
gremiales o corporativas...
PE. Yo creo que esto es un
criterio muy personal, y creo que en estos momentos lo más interesante
son las construcciones colectivas con otros trabajadores y trabajadoras,
que crear un sindicato corporativo de trabajo sexual. ¿Por qué?
Nosotras no tenemos experiencia de lo que significa el derecho laboral.
No tenemos herramientas, ni intelectuales, ni políticas, ni contactos,
ni el poder que se necesita para crear ahora mismo un sindicato
corporativista, que ya existe, como sabes, pero que no está vigente
porque no le han dejado aprobar sus estatutos.
Sí, termina siendo una
asociación. En estos momentos el único sindicato que tiene una sección
sindical, oficial, con los estatutos vigentes y con asesoría jurídica y
que ha procedido como sindicato ha sido el de la IAC. Yo apuesto a por
eso. A una confrontación social conjunta de diferentes sectores de
diferentes trabajos, incluyendo, el del trabajo sexual."
(Paula Ezkerra
, trabajadora sexual y sindicalista de IAC (Intersindical Alternativa de Catalunya), Sin Permiso, 24/11/19)
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