"(...) La despedida de Iglesias en el hemiciclo ha sido emocionante, pero no tanto por él, que lo ha dejado para el final de la sesión (cuando ya no estaban presentes ni Sánchez ni Casado ni muchos otros parlamentarios), sino por el momento en el que lo ha hecho y el mensaje que ha querido mandar.
El líder de UP estaba en la tribuna respondiendo a Vox, cuando ha querido dedicar sus últimas palabras “a las generaciones que lucharon contra el fascismo” frente a la extrema derecha allí presente, terminando con “porque fueron, somos. Porque somos, serán”. Los clásicos nunca fallan.
Al líder de UP le quedaban todavía cuatro minutos y nueve segundos de intervención, pero no los ha utilizado. En lugar de eso, se ha ido al escaño de una Yolanda Díaz con más lágrimas en los ojos que la protagonista de una telenovela turca y, emocionados, han chocado el puño.
Precisamente hoy, en el patio del Congreso, he vuelto a escuchar la palabra “decente” y ha sido para definir a Yolanda Díaz. A partir de ahora, ella será el objetivo de la oposición, si es que no ha empezado a serlo ya. A las mujeres, en general, pero también en la política, se les suele atacar por la ‘decencia’, o más bien por la “falta de decencia” (atendiendo siempre al criterio de uno o varios señores, por supuesto).
Le ocurrió a Irene Montero cuando Rafa Hernando le echó en cara su relación con Iglesias, le ha ocurrido a Lilith Verstrynge cuando se la ha incluido en la lista electoral para las elecciones madrileñas y a Yolanda Díaz cuando un diputado del PP le dice que “las mujeres solo suben si se agarran fuerte a una coleta”.
En el tiempo que llevo aquí, no he escuchado a ningún parlamentario poner en duda a ningún asesor hombre de un líder político –por muy inútil que sea y muy dudosa que parezca su trayectoria–, ni le han dicho a Teodoro García Egea que si es secretario general del PP es porque se ha agarrado a las barbas de Casado, ni nadie ha cuestionado por qué Abascal tiene en sus listas al diputado Víctor Guido González Coello de Portugal que, además de tener nombre de malo de Pasión de Gavilanes,ha sido condenado por irregularidades contables y que, por cierto, hoy ha llamado “señora ministro” a Teresa Ribera.
Porque ellos pueden no ser decentes, pueden ser mediocres, pueden trabarse, desafinar por los nervios, pero Yolanda Díaz tiene que ser lista, vestir bien y, sobre todo, ser amable, “decente”. Y aun con todas esas virtudes que le atribuyen, según ellos, tampoco puede llegar ahí sin “agarrarse a una coleta”. Yolanda Díaz no necesita agarrarse a una coleta.
La nueva futura vicepresidenta es, por el contrario, la coleta a la que Iglesias se ha agarrado para mantenerse a flote y garantizar la continuidad del partido que entró en el hemiciclo hace ahora más de cinco años. Él lo sabe y, por eso, en su despedida del hemiciclo ha habido dos protagonistas." (Marina Lobo , CTXT, 24/03/2021)
"Pablo Iglesias, Yolanda Díaz y el vértigo.
La despedida del Congreso del vicepresidente segundo Pablo Iglesias y su gesto hacia su sucesora en el Gobierno, la ministra de Empleo Yolanda Díaz y ahora vicepresidenta tercera ("No me van a encontrar nunca discutiendo por puestos"), ha supuesto un revoltijo de emociones más o menos contenidas, particularmente, para los dos protagonistas.
Pero sobre todo, ha extendido un manto de elegancia sobre la maltratada Cámara habitada por diputados y diputadas, pero perteneciente al pueblo español. Algo que sus señorías olvidan a menudo. Algunas de ellas también lo olvidaron cuando el líder de Unidas Podemos se despidió de todas en el Pleno; y qué oportunidad perdida para una derecha echada al monte que ha elegido tratar de destrozar vulgarmente al enemigo en vez de disputar con el adversario político.
"Somos muy amigos. Pensaba en él, en mí, en nuestra amistad, en la gente de este país, en mi madre...". La cabeciña de Yolanda Díaz, tan dura en la negociación con patronal y sindicatos cuando se ha tratado de subir el salario mínimo, no pudo evitar que las lágrimas salieran irreverentes por encima de la mascarilla. El "vértigo" del liderazgo sin el amigo, compañero y jefe aún hay que asimilarlo; sin prisa, pero sin pausa.
Mientras, el vicepresidente en línea de salida quería que aquéllos y aquéllas que ocuparon sus palabras en su primera intervención de 2016 volvieran al Congreso y se acompañó en su despedida de las almas de "los derrotados más dignos de nuestra historia, a los que creo que hemos devuelto cierta dignidad desde que llegamos al Parlamento".
Iglesias quiso ir del brazo -explica a Público- de "los derrotados de la guerra, las brigadas internacionales, los combatientes, las víctimas de la dictadura, los torturados... De los invisibilizados... Aquéllos de los que vengo yo, por biología y por política", recuerda. Memoria en esta (otra) batalla de Madrid. De 1936 a 2021, "No pasarán".
Hay runrunes de adelanto electoral para 2022, quién sabe, cuando la pandemia empiece a remitir de verdad con la vacunación en su sitio. La primera mujer en España que sería candidata a la Presidencia del Gobierno -ya era hora- tiene trabajo por delante. La oposición del lado de la misoginia y el machismo no se lo pondrá fácil -ya ha asomado la patita esta semana- y padecerá la historia, seguramente, como reconoció Díaz a Iglesias en su despedida desde la tribuna de oradores del hemiciclo, citando a Albert Camus: "Uno no puede ponerse del lado de quienes hacen la historia, sino al servicio de quienes la padecen".
La foto de Dani Gago que desborda este texto, con
Iglesias dando la mano a Díaz, que se aferra a ella con las dos ("No te
vayas..."), es la imagen más luminosa que vamos a ver en días, en
semanas, en poco más de un mes de campaña electoral en la Comunidad de
Madrid. El político que ha ocupado más portadas y las menos amables,
informativos, tertulias y, probablemente, exorcismos en las iglesias del Barrio de Salamanca;
el demonio rojo Iglesias, "aferrado al poder" como nadie, se marcha de
la noche a la mañana de la Vicepresidencia Segunda del Gobierno de
España a pelear por que la Presidencia madrileña salga de manos de la
(ultra)derecha. Que toda dependencia del poder y de las alfombras
mullidas sea así." (Ana Pardo Vera, Público, 24/03/21)
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