16.9.22

El fantasma de Lehman Brothers, la compañía que detonó la crisis financiera de 2008, sobrevoló nuevamente a las finanzas mundiales: los últimos días se conoció que las corporaciones energéticas de Europa tienen deudas financieras en los márgenes (margin calls) por 1.5 billones (trillions) de dólares en el mercado de derivados del petróleo y que enfrentan una severa crisis de liquidez para financiarla... un informe de Goldman Sachs estimaba que los servicios eléctricos insumirán, en promedio, el 20% del ingreso disponible de las familias y el 15% del PBI europeo... Esta situación augura protestas sociales y conflictos, que ya empiezan a manifestarse... En este contexto, la Comisión Europea anunció el lunes pasado que está preparando medidas de “emergencia”, las cuales forman parte de un plan más amplio que le permitirá intervenir directamente en los mercados reorganizando cadenas de abastecimientos, secuestrando activos corporativos, reescribiendo contratos comerciales con clientes y proveedores, ordenando a las compañías stockear reservas estratégicas y dar prioridad a las órdenes de la Comisión por encima de posibles exportaciones... Así, el plan otorga poderes a la cúpula de un órgano burocrático que superan a los de los Estados y abre el camino hacia una economía de guerra

 "(...) En el devenir de estos acontecimientos la crisis energética va enhebrando aristas de una crisis más profunda, de índole sistémica. Sin embargo, una espesa bruma impide ver la esencia de lo que hoy está en juego. La mayoría de los mortales siente que el fuego de la escasez energética perfora sus bolsillos, augurándole un futuro de hambre y frío. No advierte, sin embargo, que ese mismo fuego desarticula al espejismo de la libertad de mercado y coloca a la cuestión nacional en el centro de la escena política, sea esta internacional o local. Un tumulto de noticias irrelevantes y muchas veces falsas va bordando una narrativa, que confundiendo y gatillando miedos y sentimientos primarios, fragmenta a los individuos, los aísla y, enfrentando a unos contra otros, bloquea su capacidad de reflexión sobre las causas de los problemas que los aquejan. Esta narrativa impone de ese modo la visión de “un mundo al revés”, en el que bajo la excusa de la defensa de valores democráticos, se perpetúa la concentración del poder y se legitima un totalitarismo de nueva estirpe.

De la crisis energética a la crisis financiera

El bloqueo de la exportación de gas a Europa desató una estampida de los precios y expuso una crisis de liquidez en las transacciones financieras con derivados energéticos, obligando a algunos gobiernos europeos a intervenir inmediatamente con subsidios para evitar problemas mayores. El sábado 3 de septiembre, la Primera Ministra sueca explicó la gravedad de la situación: “Necesitamos aislar a esta crisis en un mercado para que no infecte al conjunto del sistema financiero (…) preocupa la posibilidad de que estas reverberaciones incidan sobre corporaciones que, aunque son solventes, pueden no encontrar la liquidez que necesitan y provocar así efectos catastróficos en otros mercados” [5].

 En este contexto, la Comisión Europea anunció el lunes pasado que está preparando medidas de “emergencia”, las cuales forman parte de un plan más amplio que le permitirá intervenir directamente en los mercados reorganizando cadenas de abastecimientos, secuestrando activos corporativos, reescribiendo contratos comerciales con clientes y proveedores, ordenando a las compañías stockear reservas estratégicas y dar prioridad a las órdenes de la Comisión por encima de posibles exportaciones. Así, el plan otorga poderes a la cúpula de un órgano burocrático que superan a los de los Estados y abre el camino hacia una economía de guerra.

 Hacia mitad de la semana, un informe de Goldman Sachs estimaba que los servicios eléctricos insumirán, en promedio, el 20% del ingreso disponible de las familias y el 15% del PBI europeo [7]. Esta situación augura protestas sociales y conflictos, que ya empiezan a manifestarse. Para mitigar esta situación, los gobiernos de varios países europeos se apresuran ahora a comprometer subsidios de distinta índole, que entran en contradicción con la política monetaria del Banco Central Europeo. Esta se centra en un aumento de las tasas de interés y una progresiva disminución del flujo de liquidez para controlar a la inflación. Esa contradicción, que también impregna a la política monetaria de la Reserva Federal norteamericana, no es casual y expone la trampa que encierra hoy en día a los Bancos Centrales de los países desarrollados ante una inflación provocada inicialmente por la disrupción de las cadenas de valor global y ahora descontrolada por la crisis energética. (...)"                (Mónica Peralta Ramos , Rebelión, 14/09/2022)

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