"Estados Unidos ya no es un país fiable. Para algunos, esto no es nada nuevo. La guerra de Irak, iniciada en 2003 -con el resultado de más de 100.000 muertos, una desestabilización regional duradera y el retorno de la influencia rusa- ya había mostrado al mundo los errores de la arrogancia militar estadounidense. Pero la crisis actual es nueva porque pone en tela de juicio el núcleo mismo del poder económico, financiero y político del país. Estados Unidos parece desorientado, dirigido por un líder inestable y errático sin contrapeso democrático.
Para vislumbrar lo que viene a continuación, necesitamos comprender el punto de inflexión en curso. Si los trumpistas aplican una política tan brutal y desesperada es porque no saben cómo responder al declive económico del país. Medido en paridad de poder adquisitivo -es decir, el volumen real de bienes, servicios y equipos producidos cada año-, el PIB de China superó al de Estados Unidos en 2016. Actualmente es más de un 30% superior y alcanzará el doble del PIB estadounidense en 2035. La realidad es que Estados Unidos está perdiendo el control del mundo.
Más grave aún, la acumulación de déficits comerciales ha llevado la deuda externa pública y privada del país a niveles sin precedentes (70% del PIB en 2025). La subida de los tipos de interés podría llevar a Estados Unidos a tener que pagar importantes flujos de intereses al resto del mundo, algo de lo que hasta ahora se había librado gracias a su control del sistema financiero mundial. Es en este contexto en el que debemos interpretar la explosiva propuesta de los economistas trumpistas de gravar el pago de intereses a los tenedores extranjeros de títulos estadounidenses. Más directamente, Trump quiere volver a llenar las arcas de su país confiscando los minerales ucranianos, junto con Groenlandia y Panamá.
Desde una perspectiva histórica, vale la pena señalar que el enorme déficit comercial de Estados Unidos (alrededor del 3-4% del PIB en promedio cada año desde 1995 hasta 2025) solo tiene un precedente para una economía de este tamaño: Se corresponde aproximadamente con el déficit comercial medio de las principales potencias coloniales europeas (Reino Unido, Francia, Alemania y Países Bajos) entre 1880 y 1914. La diferencia es que esos países poseían vastos activos exteriores, que les reportaban tantos intereses y dividendos que era más que suficiente para financiar su déficit comercial mientras seguían acumulando créditos en el resto del mundo.
Trump no es esencialmente más que un líder colonial frustrado. Como las potencias europeas del pasado, quiere que la « Pax Americana » sea recompensada con subvenciones de un mundo agradecido para financiar eternamente sus déficits. El problema es que el poder estadounidense ya está declinando, y la época ya no se presta a este tipo de colonialismo brutal y desenfrenado. Perdido en sus referencias retrógradas, Trump parece ignorar que Estados Unidos se construyó a sí mismo en 1945 a partir de una ruptura con el orden colonial europeo y de la creación de un modelo de desarrollo diferente basado en ideales democráticos y en una importante ventaja educativa sobre el resto del mundo. Con ello, socava el prestigio moral y político sobre el que se ha construido el liderazgo de su país.
¿Qué hacer ante este colapso? En primer lugar, dirigirse a los países del Sur Global y proponer la creación de un nuevo multilateralismo social y medioambiental que sustituya al ya desaparecido multilateralismo liberal. Europa debe apoyar de una vez por todas una reforma profunda de la gobernanza del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial para abandonar el actual sistema censitario y dar a países como Brasil, India y Sudáfrica el lugar que les corresponde. Si continúa aliándose con Estados Unidos para bloquear esta inevitable transformación, entonces los BRICS [Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica] construirán inevitablemente una arquitectura internacional paralela liderada por China y Rusia.
Si el África subsahariana se hubiera beneficiado de mejores condiciones comerciales en las últimas décadas, podría haber invertido en sus infraestructuras, educación y sanidad. En lugar de ello, sus gobiernos se ven obligados a luchar en condiciones heroicas con unos recursos extremadamente limitados: apenas 200 euros por niño al año en paridad de poder adquisitivo para educación primaria y secundaria (60 euros al cambio actual), mientras que cada niño del Norte Global tiene derecho a 40 o 50 veces más (8.000 euros en Europa, 10.000 euros en EE.UU.).
Del mismo modo, Europa cometió un grave error en 2024 al oponerse a la propuesta de justicia fiscal promovida por Brasil en el G20 y al votar -junto con EE.UU.- en contra del establecimiento de una convención marco sobre fiscalidad justa en las Naciones Unidas. Todo ello para preservar el monopolio de la OCDE -y del club de los países ricos- sobre cuestiones consideradas demasiado importantes para dejarlas en manos de los más pobres.
Europa debe reconocer por fin su papel en los desequilibrios comerciales mundiales. Es fácil estigmatizar los excedentes objetivamente excesivos de China. Como las potencias occidentales antes que ella, China abusa de su poder para pagar mal las materias primas e inundar el mundo de productos manufacturados. Además, esta estrategia apenas beneficia a su población, que se beneficiaría enormemente de unos salarios más altos y de un sistema de seguridad social adecuado.
Pero lo cierto es que Europa también tiende a consumir e invertir poco en su territorio. Entre 2014 y 2024, la balanza comercial (bienes y servicios) de Estados Unidos registró un déficit medio anual de unos 800.000 millones de dólares. Mientras tanto, Europa logró un superávit medio de 350.000 millones de dólares, casi tanto como China, Japón, Corea del Sur y Taiwán juntos (450.000 millones). Hará falta mucho más que la reactivación del presupuesto militar alemán o los debates actuales sobre un modesto impuesto fronterizo sobre el carbono para que Europa contribuya por fin a promover un modelo de desarrollo diferente, social, medioambiental y equitativo." (
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