"(...) ¿Cuál es el contexto francés que explica las últimas declaraciones del presidente François Hollande?
–El
presidente se encuentra hoy en una situación difícil. Su autoridad se
ve erosionada por la ineficacia de la política económica llevada
adelante desde junio de 2012. Había prometido “dar vuelta la curva del
desempleo” antes de fin de 2013. En los hechos, el desempleo sigue
creciendo, y según la forma de calcularlo hoy existen 3,2 millones o 5,5
millones de desempleados. (...)
–La desindustrialización que conoce la economía francesa se está tornando muy preocupante. El crecimiento que se anunció nunca llegó. En verdad, numerosos economistas habían criticado desde el otoño de 2012 la política económica del gobierno y las previsiones optimistas del Ministerio de Economía y Finanzas. Por desgracia, esos economistas tuvieron razón. (...)
–El
problema principal de los países del sur de Europa, y de Francia en
particular, es la existencia misma del euro. Ese problema es evidente en
los intercambios con los países extrazona. Desde su creación, el euro
se apreció fuertemente frente al dólar, pero también frente al yen
japonés y la libra esterlina, con efectos devastadores sobre los países
del sur de Europa.
Esta situación la están entendiendo cada vez más
actores, incluido parte del gobierno francés. Pero el efecto nefasto del
euro se hace también sentir en el comercio intrazona. Desde la creación
del euro en 1999, constatamos que las tasas de inflación de los
distintos países fueron diferentes, como antes, pero ahora con una
política monetaria única.
Eso revela la existencia de una inflación
estructural, dependiendo de las estructuras económicas de cada país. La
diferencia entre las tasas de inflación de Alemania y los países de
Europa del Sur llevaron a diferenciales de competitividad de 20 a 40 por
ciento según los países. De allí resulta que los productos alemanes se
volvieron cada vez más competitivos en el mercado francés, pero también
italiano, español, griego o portugués.
En condiciones normales, esa
diferencia entre las tasas de inflación estructural se corregía mediante
devaluaciones periódicas (o revaluaciones del país donde la inflación
estructural es la más baja). Pero ese mecanismo ya no puede funcionar
por la existencia de la moneda única.
¿Una salida del euro por parte de Francia significaría el fin de la Unión Europea?
–Es
uno de los argumentos que se escuchan por parte de los que abogan a
favor del euro. Pero en realidad hay países importantes, como Gran
Bretaña y Suecia, que son miembros de la Unión Europea, pero no de la
Zona Euro. La Unión Europea existió antes de la puesta en marcha del
euro y si el euro desaparece la Unión Europea seguirá existiendo.
Es
más: desde la entrada en vigencia del Tratado de Roma y de la Comunidad
Económica Europea, vivimos de 1958 a 1999, o sea 41 años, con nuestras
propias monedas y construimos la integración europea durante ese
período. Nada justifica entonces esa afirmación según la cual el fin del
euro sería el fin de la Unión Europea.
El eje de discusión en
Francia es entre euroescépticos y proeuropeos, desplazando incluso el
eje tradicional entre derecha e izquierda. ¿Cómo explicarlo?
–Sí,
es indiscutible que hoy el eje de discusión principal, por lo menos en
Francia y en Italia, es la cuestión de Europa y más especialmente sobre
la del euro, más que las oposiciones tradicionales entre izquierda y
derecha. Y es así porque la situación económica y social está dominada
por el euro.
En verdad, lo que provoca la crisis económica, y que lleva
al desmantelamiento progresivo de las conquistas sociales logradas desde
1945, es una parte de la reglamentación europea y sobre todo la
existencia del euro.
Vemos, en particular en Francia y en Italia, la
constitución de un bloque político alrededor de la oligarquía dominante
que defiende a cualquier costo el euro y las políticas más reaccionarias
de la Unión Europea, mientras que se constituye progresivamente pero en
condiciones políticas particulares, otro bloque representando los
trabajadores y las clases populares que está fuertemente opuesta al
euro. (...)
–La
crisis del euro indica claramente que no se deben realizar uniones
monetarias en cualquier circunstancia. Las estructuras económicas de los
países que serán miembros deben ser convergentes, lo que no es el caso
en Europa, y debe existir un importante presupuesto asegurando flujos de
transferencia entre los países miembros.
Construir una unión monetaria
implica respetar estrictamente ciertas condiciones. Si no se las
respeta, entonces nos encontramos con los problemas a los cuales la Zona
Euro se encuentra hoy enfrentada. (...)" (Entrevista al economista Jacques Sapir, Martín Burgos, Página 12, en Rebelión, 03/02/2014)
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