"(...) El cónclave de ayer amenazaba tormenta. Algunos auguraban que el
Gobierno de Tsipras amenazaría con suspender el pago al FMI de 750
millones de euros debidos para hoy, con el objetivo de obtener
golpecitos en la espalda que animasen al BCE a abrir más el grifo a
Atenas. Y que ese pulso sería el heraldo de un grave “accidente”.
A
saber, la bancarrota no pactada, la caída de área euro en el pánico, el
caos, su ruptura de facto.
No fue así.
Tras la quiebra salvaje, el segundo escenario feo sería la suspensión de pagos (default)
pactada. Ha ocurrido en América: en California, en Illinois, en
Detroit, sin demérito para el dólar. Pero esos Estados guardaban
potencia para enderezarse, y el presupuesto federal con que echarles una
mano es muy superior al europeo.
Aquí, eso sería funerario para la
joven eurozona, y fatal para los griegos. Tragarían doble caldo de
austeridad: Grecia apenas tiene más que turismo, aceite, vino, y
navieros con el dinero en Suiza. (...)" (Xavier Vidal-Folch
, El País, 12 MAY 2015)
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