24.1.17

El problema para Estados Unidos, para Españ, para Europa, para Asia... es la debilidad de la demanda mundial

"En los mass media patrios, salvo muy honrosas excepciones, se observan dos tendencias muy preocupantes. 

Por un lado, predomina una narrativa donde se nos trata de vender como “verdades indiscutibles” un relato económico y una serie de recetas que no son nada más que meros juicios metodológicos previos, de carácter ideológico –por ejemplo, las penúltimas chorradas del gobernador de Banco de España sobre los salarios-. 

Por otro, no dudan ciertas élites del Ibex 35 en subvencionar a distintos medios para que recojan la visión de economistas cuyas opiniones hacen parecer bueno a un sistema intrínsecamente corrupto, ineficiente e injusto como el nuestro. Ya saben ustedes, el instinto de clase.

Frente a los chamanes, el rigor intelectual. La realidad es muy dura y al final hay que plegarse  a la evidencia. Eso es lo que acaba de hacer un medio de la ortodoxia neoclásica dominante como The New York Times. En una pieza exquisita, “Embracing Wynne Godley, an Economist Who Modeled the Crisis”,  aunque a buenas horas mangas verdes, desglosa la figura de Wynne Godley. 

Se trata de  uno de los economistas postkeynesianos cuyos modelos anticiparon, entre otras cosas, el fin del boom económico en 1973-1974, el posterior aumento del desempleo en los años 80, el desplome de la libra en 1992, el pinchazo de la burbuja tecnológica o la Gran Recesión… (...)

 El problema es que Godley, por desgracia, murió a los 83 años en 2010, y no pudo disfrutar del reconocimiento y del crédito que sus aportaciones a la ciencia económica merecen. Todo lo contrario. Sus ideas y recetas económicas no gustaban a esas élites corruptas que se han apropiado a lo largo de los años de nuestras rentas. 

Mientras el periódico inglés The Times, nada sospechoso de herejías o heterodoxias varias, lo denominó como "el pronosticador macroeconómico más perspicaz de su generación”, a comienzos de los años ochenta, el gobierno conservador británico de Margaret Thatcher, aliado con ciertos economistas neoliberales de Cambridge, afilaron sus cuchillos para apuñalar a Wynne, y acabar en última instancia con el  Departamento de Economía Aplicada que él dirigía. La historia pone a cada uno en su sitio. Frente a los chamanes, el rigor.

Si la profesión y la academia económica asumen el desafío de reelaborar unos modelos convencionales que no dieron una, pero que sirvieron de pretexto para el mayor proceso de acumulación de capital en unas pocas manos, debe empezar a enseñar ya en las universidades los modelos de stock-flujo de Wynne Godley. (...)

Los modelos convencionales utilizan la alquimia. Están llenos de auténticas estupideces no corroboradas por los datos. Consideran que a medida que los individuos maximizan su propio interés, los mercados mueven la economía al equilibrio. 

Los períodos de boom y crash se deben a meteoritos (“shocks”) externos como el gasto errático del gobierno o los avances tecnológicos. El papel del dinero y los bancos es tratado como algo exógeno, cuasi irrelevante, y por eso nunca lo incluyeron o lo hicieron forzados de aquella manera.

En los modelos de Godley, por el contrario, los bancos juegan un papel crucial, promoviendo el crecimiento, pero también planteando serias amenazas –financiarización de la economía-. Los hogares y las empresas toman préstamos para construir casas y/o invertir en producción. 

Pero sus expectativas pueden ir mal, terminan con una deuda excesiva, y se ven forzados, cuando estallan las enésimas burbujas, a recortar deuda, hundiendo el consumo y la inversión. Y ya no hablamos de la dinámica propia de los mercados financieros que con sus ciclos de aversión-propensión al riesgo generan booms y recesiones.

En los modelos económicos neoclásicos se supone que los individuos optimizan el equilibrio entre consumir hoy y ahorrar para el futuro, entre otras cosas. Pero para Godley y los economistas postkeynesianos tal optimización no existe. En cambio, Godley construyó su modelo económico en torno a la idea de que los sectores - hogares, empresas de producción, bancos, gobierno, sector exterior- siguen en gran medida ciertas reglas básicas.

 Por ejemplo, las empresas agregan un margen de beneficio estándar a sus costes de mano de obra y otros insumos. Tratan de mantener inventarios adecuados para satisfacer la demanda sin acumular excedentes excesivos. Si las ventas decepcionan y los inventarios se acumulan, se corrigen recortando la producción y despidiendo a los trabajadores.

En la economía, en los modelos convencionales, se establece un equilibrio donde la oferta es igual a la demanda. Para Wynne Godley, Hyman Minsky o Steve Keen, la economía se rige por el principio de demanda efectiva y es menos estable de lo que muchos economistas tradicionales suponen. En vez de la oferta y la demanda que guían la economía al equilibrio, los ajustes pueden ser abruptos, donde la deuda y el crédito juegan un papel fundamental. 

 Si los hogares, las empresas o el gobierno se ven forzados a reducir deuda por el estallido de una burbuja financiera o inmobiliaria, o como consecuencia del escaso retorno que ciertas adquisiciones de empresas producen –véase el proceso de internacionalización de nuestra industria patria-, y/o los bancos cierran el grifo del crédito, la economía se hunde. Esto es lo que debería preocupar a Luis María Linde y no los salarios. Frente a los chamanes, el rigor.

 ¿Qué predicen ahora los modelos de Godley? Un reciente análisis del Levy Institute expresa su preocupación no por los graves desequilibrios financieros, al menos en los Estados Unidos, sino por la debilidad de la demanda mundial. "La principal dificultad ha sido convencer a los líderes económicos de la naturaleza del problema principal: la insuficiente demanda agregada". Pero hasta el momento esos líderes mundiales no hacen mucho caso.

 El último análisis estratégico del Levy Economics Institute basado en los modelos stock-flujo, “Destabiliziong an Unestable Economy”, revela que la economía estadounidense sigue siendo frágil debido a tres problemas estructurales persistentes: la débil demanda de las exportaciones estadounidenses, el conservadurismo fiscal y la tendencia creciente en desigualdad de ingresos durante las cuatro últimas décadas.

 También afronta los riesgos del estancamiento en las economías de los socios comerciales de los Estados Unidos, la apreciación del dólar y la contracción de los precios de los activos –riesgo endógeno-.

 Este análisis y sus conclusiones son perfectamente extrapolables a nuestro país. Sin embargo, el Banco de España de la mano de su gobernador, Luis María de Linde, nos continúa hablando del peligro de los salarios. Como diría mi otrora paisano José María Labordeta, ¡a la mierda!"                  (Juan Laborda, Vox Populi, 05/01/17)