24.1.17

La verdadera razón por la que las pensiones del futuro están garantizadas: porque, año a año, los pensionistas serán más pobres... las pensiones se empobrecerán alrededor de un 1,75% cada año

"(...) el Estado se ha financiado con los fondos de las pensiones y ahora plantea que sea el Estado el que financie  la Seguridad Social. Aun en una situación de déficit y un fondo sin recursos, las pensiones podrían pagarse con préstamos a cargo de los propios Presupuestos del Estado. 

O sacando pensiones de las cuentas del sistema (viudedad y orfandad son las señaladas), globo sonda de la ministra Báñez ‘comprado’ por la propia Comisiones Obreras en su lista de sugerencias para mejorar los números. (...)

Sin medidas que contengan la sangría de ingresos a la Seguridad Social, la destrucción de empleo durante la crisis evaporó gran parte de estos rendimientos del trabajo. Ahora que las cifras de desempleo empiezan a contenerse, la precariedad laboral hace inviable que el sistema pueda seguir siendo autosuficiente.

 Las cotizaciones están directamente relacionadas con el empleo, pero también con su calidad: a menos salario, las cotizaciones son menores. “Los ingresos no aumentan cuando se supone que deberían hacerlo con el crecimiento de la economía y del empleo porque el crecimiento del empleo es a base de empleo de baja cualificación y muy bajos niveles salariales”, advierte Santos Ruesga, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Autónoma de Madrid, y uno de los primeros comparecientes en el Pacto de Toledo.

 Ruesga, que anticipa que el sistema necesitará financiación extra para cuadrar las cuentas en el próximo ejercicio, señala que “los ingresos por cotización no suben porque la cotización media está cayendo”. 

“Por los salarios, claro”, apostilla. Con empleos temporales, a tiempo parcial y con contratos que pueden llegar a medirse con unas horas al mes, el dinero que se destina a las arcas del sistema se contrae drásticamente. Y lo hace más aún cuando el principal estímulo a la contratación del Gobierno de Mariano Rajoy ha sido, además del abaratamiento (aún más) del despido, limitar los pagos de cotizaciones con tarifas planas reducidas e incluso exenciones en estos pagos. (...)

¿Qué es, por lo tanto, lo que se discute desde el pasado 22 de noviembre, fecha en la que la ministra de Empleo y Seguridad Social, Fátima Báñez, dio inicio a las comparecencias ante el Pacto de Toledo en el Congreso?

Básicamente, medidas que permitan reestructurar el sistema a corto y medio plazo para que las cuentas salgan (aumentar las cotizaciones, suprimir el tope de las bases máximas, sacar del sistema gastos administrativos…) y encarar en condiciones no solo los efectos económicos de la destrucción de empleo y precarización del mismo, sino el previsible aumento de los pensionistas, cuando las primeras generaciones del baby boom español pasen a cobrar su jubilación.

No se discute ni tan siquiera el modelo público de reparto. En un escenario político tan fragmentado y disputado, con equilibrios tan débiles, cualquier insinuación sobre capitalizar las pensiones en fondos privados puede dejar a su autor fuera del tablero. 

El PP trata de despejar toda sospecha: los sistemas complementarios (ni hablar de la palabra ‘privada’), sostiene, seguirán siendo voluntarios. Pero lo que esconde el debate es la verdadera razón por la que las pensiones del futuro están garantizadas: año a año, serán más pobres. Y por tanto, si no hay cambios de envergadura, esos complementos serán cada vez más necesarios. (...)

Dos reformas, una en 2011 y otra en 2013, una del PSOE y otra del PP (la segunda desligada del Pacto de Toledo y el diálogo social), han empobrecido las pensiones del futuro en un 35%, según un informe de Funcas, la Fundación de las Cajas de Ahorro.  (...)

Si en 2013 un jubilado medio cobraba en su primera pensión un 79% de lo que era su anterior sueldo (la llamada tasa de reemplazo), en 2050 esta tasa apenas superará el 50%, y en 2060 ni tan siquiera lo alcanzará (48,6%). El porcentaje se irá reduciendo progresivamente. (...)

El empobrecimiento que en 2011 supuso el aumento de la edad de jubilación (compartido y asumido ya prácticamente por todos; en todo caso, se irá aumentando) y la ampliación del tiempo para calcular la pensión, se consolidó en 2013 con el factor de sostenibilidad y la desvinculación de la pensión al IPC.
“El factor de ajuste es el más duro de toda la Unión Europea”, explica Zubiri, pues ‘corrige’ las nuevas pensiones (lo hará a partir de 2019) con un recorte anual aproximado del 0,25%. A esto hay que añadir una fórmula matemática que, en la práctica, condena año a año a una reducción de las pensiones: impide subidas en situaciones de déficit y de previsiones de aumento en la esperanza de vida. 

En otras palabras, solo un suelo de +0,25% anual introducido en la reforma impide que las pensionistas reciban, desde 2013, menos euros por su prestación. “No hope. No esperen que el IRP (índice de revalorización de las pensiones) sea positivo alguna vez. 

A no ser que le metamos una inyección de recursos que no sabemos de dónde vamos a sacar”, reconoció José Antonio Herce, de Analistas Financieros, que no solo abogó por extender la edad de jubilación, sino que instó ante los diputados a apostar por fondos privados.

“Las reformas no tenían nada que ver con los ingresos, se basaron exclusivamente en los gastos. Estaban orientadas a reducir la pensión”, abunda Ruesga, precisamente el único de los expertos, reunidos en 2013 por el Gobierno del Partido Popular para sustentar su reforma, que se desmarcó del cambio en la revalorización de las prestaciones. 

 Hasta ahora, la caída de los precios ha salvado a los pensionistas de perder poder adquisitivo tras la reforma. Pero aunque amplíen nominalmente su prestación un 0,25%, de facto, perderán poder de compra, ante la efectiva vuelta de la inflación. Y si es del 2%, como marcan las políticas del BCE, hasta estabilizar las cuentas (2024, 2025, estima Zubiri), las pensiones se empobrecerán alrededor de un 1,75% cada año."                   (Álex Romero, CTXT, 28/12/16)