12.6.17

Macron debe encabezar la rebelión del sur. Somos nosotros, los europeos del sur, incluida Francia, quienes les hemos sacado las castañas del fuego a los alemanes y holandeses

"No aprenden, vuelven a las andadas. Nos referimos a los burócratas de Bruselas. No han entendido nada de las últimas elecciones francesas, y ya le piden a Emmanuelle Macron lo imposible.

 Por dos razones, Francia no es Alemania, y tiene unas características económicas peculiares que le hacen resistir mejor que ningún otro país las recesiones, pero, por el contrario, crecer menos en períodos de expansión. 

Si Macron hiciera lo que le piden, no duraría ni un trimestre como presidente de la V República y no duden que se montaría tal tumulto que desembocaría en un período constituyente hacia la VI República. Eso sí, fuera de la esclavitud del Euro.  (...)

Obviamente los franceses eligieron lo menos malo. Pero eso no implica que la ciudadanía francesa legitime aquello que se intuye que hay detrás de la hoja de ruta económica de Macron. Hay que esperar ahora a las legislativas, sin descartar en absoluto una cohabitación. Sólo un comentario, el hundimiento de la socialdemocracia tradicional. Cuando han intentado volver a los orígenes ya no eran creíbles.  (...)

Tras respirar aliviados, desde Bruselas le quieren imponer deberes a Macron, sin entender nada. Le piden austeridad fiscal, reducción del sector público y flexibilidad laboral. Lo de siempre. Psicópatas en toda regla. 

A cambio, siguen sin decir nada sobre los superávits por cuenta corriente de países como Holanda y Alemania. Y Francia no está para contemplaciones con estos países centrales, que vía tipo de cambio infravalorado nos están sorbiendo la sangre al resto de los europeos. Aquí Macron se la juega. (...)

El perfil de Macron vuelve a recuperar algo que era usual en los presidentes de la República francesa, su exquisito nivel y formación intelectual. Pero ahora le esperan sus actos, “obras son amores”.  (...)

Francia es un país con una economía muy intervenida, donde el gasto público juega un papel predominante. Siempre, desde posiciones ortodoxas neoclásicas, se ha considerado al país galo como una economía en declive o decadencia. Sin embargo, y paradójicamente, es el peso del sector público francés, en una recesión de balances privados como la que hemos tenido, el que ha evitado una más que segura intensa contracción económica.  (...)

A diferencia de España, u otros países intervenidos o rescatados, el país galo no ha implementado duras medidas de austeridad fiscal o devaluación salarial, que al final acabaron hundiendo el crecimiento económico, y aumentando el déficit público –solo cuando se dejaron de lado, España empezó a recuperarse-. 

El arraigo social de las políticas públicas en Francia, que tienen su estrella en la educación, con un 21% del PIB, hacen complejo diseñar un escenario de adelgazamiento y una política de austeridad expansiva que se ha demostrado inútil y dañina. Su mercado laboral tiene sistemáticamente más protección que la mayoría de los países de la OCDE, con un salario mínimo muy alto, pero su tasa de paro es del 9.6% y nunca estuvo por encima del 10.5%.

 La mitad que España. Su renta per cápita ya superó la renta pre crisis en 2015, y encima, lo más sorprendente, su índice de Gini se reduce desde 2010 y hoy es equivalente al que tenía antes de la crisis. Su tasa de pobreza es menor que la de Alemania y mucho menor que la de España. Y se redujo entre 2012 y 2014. Francia es un contraejemplo frente a la austeridad.

Macron debe encabezar la rebelión del sur. Alemania y, en menor medida Holanda, violan sistemáticamente, desde 2011, los límites de excedente externo, quedando absolutamente impunes. Por el contrario no paran de exigir austeridad y devaluación salarial al resto de países, empobreciéndolos de manera sistemática, cuando si estuvieran fuera del euro el mecanismo de ajuste menos traumático sería una depreciación de sus divisas. (...)

Somos nosotros, los europeos del sur, incluida Francia, quienes les hemos sacado las castañas del fuego a los alemanes y holandeses, produciéndose un trasvase de renta del sur hacia el centro, especialmente en épocas de crisis.

 ¿Cómo? A través de un tipo de cambio que ni por asomo lo tendría Holanda, y, mucho menos Alemania, si no existiera la Unión Monetaria. Sus monedas se revalorizarían alrededor de un 30% respecto al nivel actual del euro. Y sus economías se pararían. 

Es hora desde los países del sur, empezando por Francia, de exigirles que inviertan esos superávits. Y ahí entra Macron. Si no lo hace, y sigue con más de lo mismo, seguirá la estela de sus antecesores y dará las alas definitivas a los neofascistas de Marine Le Pen. Estaremos atentos y ojo avizor a lo que ocurra."               (Juan Laborda, Vox Populi, 11/05/07)

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