"No será una recesión, ni siquiera una crisis, pero España afronta un escenario de bajo crecimiento
hasta el año 2022. El consenso de los analistas sitúa el avance del PIB
hasta ese año en el entorno del 1,6%, por lo tanto, muy debajo —salvo
los años de la Gran Recesión— de la media histórica de España, que en 18
de los últimos 25 años ha crecido claramente por encima del 2%.
Y de ese cuarto de siglo, nada menos que 12 años (la mitad) el avance se ha situado por encima del 3%.
¿Las causas? El agotamiento de los vientos de cola (tipos de interés, petróleo barato...); el enfriamiento del mercado inmobiliario (que ha tirado de la economía durante la recuperación); el envejecimiento,
que reduce la propensión al consumo, el contexto exterior y un
comportamiento más prudente de los hogares pese al incremento de su
renta disponible por los salarios y la creación de empleo.
Y todo ello
en un contexto de muy baja inflación (inferior al 1%) y de mayores
incertidumbres vinculadas al populismo y a la inestabilidad política.
Se trata, por lo tanto, de un escenario inédito, salvo en las
recesiones, que es justamente al que tendrá que enfrentarse el próximo
Gobierno.
La noticia buena es que España encara el futuro con superávit exterior, lo que supone un hecho histórico (al menos desde 1959)
en la economía, acostumbrada a generar cuantiosos déficit en la balanza
de pagos por problemas de competitividad. Pero la mala es que después
de la crisis, no ha sido capaz de eliminar los grandes desequilibrios acumulados
durante los años de contracción de la actividad. Siguen ahí como una
losa que pesará en la acción del próximo Ejecutivo.
En particular, el desempleo, que continuará por encima del 14% en 2020, como acaba
de estimar la OCDE. O la deuda pública, que continuará muy cerca del
100% PIB durante los próximos años. Un nivel que, incluso, podría
empeorar hasta el entorno del 133% del producto si se produce una
normalización de los tipos de interés, como ha advertido la Airef. Algo que, en todo caso, a la vista de la curva de rendimientos de la deuda pública, parece poco probable a corto y medio plazo. (...)
Este escenario macroeconómico, amplificado por el riesgo geopolítico y
la guerra comercial, es el que recibirá el próximo Gobierno, que, en el
mejor de los casos, difícilmente podrá tener aprobados antes de la
primavera los Presupuestos Generales del Estado de 2020. Y eso siempre
que salve el escollo del
Senado, al que la Ley de Estabilidad (que tiene el carácter de
orgánica) le da derecho de veto en cuanto a los objetivos de déficit.
El artículo 15,
en concreto, deja bien claro que si el Congreso de los Diputados o el
Senado rechazan los objetivos, “el Gobierno, en el plazo máximo de un
mes, remitirá un
nuevo acuerdo que se someterá al mismo procedimiento”. El PSOE y Unidas
Podemos, como se sabe, no alcanzan la mayoría absoluta en la cámara
alta, pero parece improbable que suceda lo mismo que en la legislatura
en la que el PP, por entonces con mayoría absoluta, bloqueó su
tramitación. Ahora el partido de Pablo Casado no la tiene. (...)" (Carlos Sánchez, 24/11/19)
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