"(...) Estamos en los albores de una nueva época, nada que ver con otra generación. Es otra cosa.(...)
Lo nuevo de la victoria electoral de Boris Jonhson no es el desparpajo
de sus mentiras, sino que ha logrado descoyuntar el esquema en el que la
sociedad europea más experimentada políticamente se desarrolló durante
un par de siglos.
La diferencia entre el voto laborista y el conservador
estuvo marcada por sus intereses como no podía ser de otra manera, pero
que el voto de la clase trabajadora británica se desplazara a los conservadores es un cambio de época, no sólo de generación. (...)
El laborismo británico, aún más que la socialdemocracia alemana, fue el
imán de la clase trabajadora europea. Si teóricamente dominaban los
germanos, a la hora de elaborar políticas económicas la eficacia del
laborismo era incontestable. Convendría preguntárnoslo ahora que la
derrota laborista no tiene precedentes en muchas décadas y la
arrolladora victoria conservadora tampoco. Si la clase trabajadora
británica, humillada en su día con las políticas de Margaret Thatcher,
se ha desplazado hacia el payaso avispado de Boris Johnson, estamos
ante un cambio de onda larga.
Los trabajadores fían más en las aventadas
políticas del líder conservador que en la moderación de Jeremy Corbyn,
siempre pegado a lo obvio y con neto desinterés hacia el Brexit. ¿Dónde
está el rasgo de nueva época que va más allá de un conflicto
generacional? En que los conservadores adoptan aires de populismo
obrerista y los laboristas se hacen mantenedores del statu quo. Lo nunca
visto desde los embelecos totalitarios de los años 30.
Mal deben ir las cosas cuando el lema de la izquierda democrática
consiste en que no me quiten lo que tanto trabajo me costó conseguir,
mientras la derecha insiste en renovaciones y revoluciones digitales y
ambientales. Porque los papeles, cuando cambian, se acentúan. Los feudos
laboristas de la clase trabajadora británica han apoyado la deriva
conservadora y esto habrá de tener consecuencias inmediatas que harán
más complejo el inveterado caminar del bipartidismo inglés. Se asoman en
el horizonte referéndums en Escocia e Irlanda del Norte y cuando aparecen los referéndums se achica la vida democrática; todo se decide en un sí o un no.
Los partidos políticos quebraron en Italia
de tanto latrocinio de Estado y se construyeron trampantojos electorales
para gobernar sobre pautas aún peores que las de antaño. La izquierda
francesa se ocultó bajo el horizonte y surgieron movimientos de protesta
sin ambición de poder, sólo con el ánimo de no sentirse perjudicados
por las nuevas políticas hacia una clase social que se desplaza, pero se
mantiene.
El espejo de los trabajadores de Europa se miraba en la
socialdemocracia alemana desde los tiempos de Bismarck y Lasalle; lo que
hoy parece un museo en liquidación fue un pilar sólido de teoría y
práctica políticas.(...)" (Gregorio Morán, El Confidencial, 21/12/19)
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