23.12.19

La victoria electoral de Boris Jonhson ha logrado descoyuntar el esquema en el que la sociedad europea más experimentada políticamente se desarrolló durante un par de siglos... que el voto de la clase trabajadora británica se desplazara a los conservadores es un cambio de época, no sólo de generación...

"(...) Estamos en los albores de una nueva época, nada que ver con otra generación. Es otra cosa.(...)

 Lo nuevo de la victoria electoral de Boris Jonhson no es el desparpajo de sus mentiras, sino que ha logrado descoyuntar el esquema en el que la sociedad europea más experimentada políticamente se desarrolló durante un par de siglos. 

La diferencia entre el voto laborista y el conservador estuvo marcada por sus intereses como no podía ser de otra manera, pero que el voto de la clase trabajadora británica se desplazara a los conservadores es un cambio de época, no sólo de generación. (...)

El laborismo británico, aún más que la socialdemocracia alemana, fue el imán de la clase trabajadora europea. Si teóricamente dominaban los germanos, a la hora de elaborar políticas económicas la eficacia del laborismo era incontestable. Convendría preguntárnoslo ahora que la derrota laborista no tiene precedentes en muchas décadas y la arrolladora victoria conservadora tampoco. Si la clase trabajadora británica, humillada en su día con las políticas de Margaret Thatcher, se ha desplazado hacia el payaso avispado de Boris Johnson, estamos ante un cambio de onda larga.

 Los trabajadores fían más en las aventadas políticas del líder conservador que en la moderación de Jeremy Corbyn, siempre pegado a lo obvio y con neto desinterés hacia el Brexit. ¿Dónde está el rasgo de nueva época que va más allá de un conflicto generacional? En que los conservadores adoptan aires de populismo obrerista y los laboristas se hacen mantenedores del statu quo. Lo nunca visto desde los embelecos totalitarios de los años 30.

 Mal deben ir las cosas cuando el lema de la izquierda democrática consiste en que no me quiten lo que tanto trabajo me costó conseguir, mientras la derecha insiste en renovaciones y revoluciones digitales y ambientales. Porque los papeles, cuando cambian, se acentúan. Los feudos laboristas de la clase trabajadora británica han apoyado la deriva conservadora y esto habrá de tener consecuencias inmediatas que harán más complejo el inveterado caminar del bipartidismo inglés. Se asoman en el horizonte referéndums en Escocia e Irlanda del Norte y cuando aparecen los referéndums se achica la vida democrática; todo se decide en un sí o un no.

 Los partidos políticos quebraron en Italia de tanto latrocinio de Estado y se construyeron trampantojos electorales para gobernar sobre pautas aún peores que las de antaño. La izquierda francesa se ocultó bajo el horizonte y surgieron movimientos de protesta sin ambición de poder, sólo con el ánimo de no sentirse perjudicados por las nuevas políticas hacia una clase social que se desplaza, pero se mantiene.

 El espejo de los trabajadores de Europa se miraba en la socialdemocracia alemana desde los tiempos de Bismarck y Lasalle; lo que hoy parece un museo en liquidación fue un pilar sólido de teoría y práctica políticas.(...)"                    (Gregorio Morán, El Confidencial, 21/12/19)

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