La crisis tiene simultáneamente todos los elementos de los episodios de turbulencias anteriores. El estallido de la burbuja inmobiliaria es comparable a la crisis de Japón, que 10 años después aún no ha logrado recuperarse; la sucesión de pánicos bursátiles y financieros se parece a la que se dio en los años treinta; la trampa de la liquidez en la que se han metido EE UU y la Unión Europea -la gente no compra y los bancos no prestan pese a que el crédito y la liquidez salen casi gratis- recuerda, de nuevo, a Japón, e incluso se han producido una serie de crisis de divisas -y ahí sigue amenazando tormenta, especialmente en Europa del Este- similares a las del sureste asiático en los noventa.
Pero la palma se la lleva la banca, detonante y a la vez diana del terremoto. Víctima y verdugo. El sistema bancario en la sombra, la basura tóxica y la fiesta de excesos de los últimos tiempos han desencadenado una sucesión de crisis en las finanzas -de liquidez, de confianza y al final de solvencia- que dejan decenas de bancos quebrados y un sistema financiero en descomposición, que en algunos países ha entrado en fase de tierra quemada. El gurú de la crisis, Nouriel Roubini, sostiene desde hace meses que el conjunto del sistema bancario norteamericano está quebrado. Y que las ayudas han sido tan multimillonarias como, en cierta manera, inútiles: la banca no ha caído, pero tampoco se recupera. (...)
La banca es algo parecido al sistema circulatorio de la economía: si no funciona, si la sangre no llega al corazón, el paciente se muere. Si el sector sigue sin reaccionar, los expertos coinciden que el papel secundario del Estado se convertirá en protagonista." (El País, Negocios, 15/03/2009, p. 4/5)
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