Puede que recuerden que este año, hace unos meses, hubo un gran debate sobre cómo lograr que los bancos volviesen a prestar dinero. Algunos analistas, incluido yo mismo, sosteníamos que al menos algunos bancos importantes necesitaban una gran inyección de capital público, y que la única forma de conseguir esto era nacionalizar temporalmente los bancos con más problemas. Sin embargo, el debate perdió fuerza después de que Citigroup y Bank of America, los eslabones más débiles del sistema bancario, anunciaran unos beneficios que llegaron por sorpresa. Todo va bien, nos dijeron, ahora que los bancos vuelven a obtener beneficios.
Pero pasó algo curioso durante el camino de vuelta a la solidez bancaria: la semana pasada, tanto Citigroup como Bank of America anunciaron pérdidas en el tercer trimestre. ¿Qué ha pasado?
Parte de la respuesta es que esos beneficios iniciales eran, en parte, un producto de la imaginación de los contables. Sin embargo, en líneas más generales, estamos viendo lo que nos devuelve la economía real. Durante la primera fase de la crisis, el ciudadano de a pie fue castigado por las fechorías de Wall Street; ahora, el sufrimiento económico generalizado, especialmente el persistente paro elevado, está provocando grandes pérdidas en los préstamos hipotecarios y las tarjetas de crédito.
Y ésta es la pega: la debilidad continua de muchos bancos está contribuyendo a prolongar el sufrimiento económico. Los bancos siguen resistiéndose a prestar dinero y la contracción del crédito, especialmente para las pequeñas empresas, supone un obstáculo en el camino hacia la recuperación sólida que necesitamos. (...)
Por el momento, lo más importante probablemente sea hacer todo lo posible por contribuir al crecimiento del empleo. Con suerte, esto generará un círculo virtuoso en el que la mejora de la economía reforzará los bancos, que a su vez volverán a estar más dispuestos a prestar dinero." (PAUL KRUGMAN: Los bancos no están bien. El País, Negocios, 25/10/2009, p. 18 )
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