"De un lado, los mecanismos que han provocado la crisis no han sido modificados. (...)
Por otro lado, los Estados han salvado efectivamente al sistema de la quiebra gracias a las sumas astronómicas que han depositado, como agua bendita, sobre el fuego especulativo de la crisis. Pero lo han hecho con dinero público. (...)
Porque, por último, y esto es lo peor de todo, ¿quién pagará? Hay dos tendencias mundiales que ya están en marcha. En primer lugar, el empobrecimiento estructural de las clases medias, la bajada de su nivel de vida, el aumento inevitable de los impuestos que les golpeará con prioridad, el desclasamiento social que tendrán que sufrir si quieren seguir trabajando. En segundo lugar, el pulso que se ha disparado entre las clases asalariadas y la patronal, ella misma estrangulada por los financieros. La patronal quiere salir de la crisis reduciendo los salarios (lo que viene a ser lo mismo que hacerla pagar a los pobres), destruyendo las redes sociales y precarizando aún más a los empleados. (...)
Pero en conjunto, los Gobiernos definirán su estrategia principalmente en función del comportamiento de los propios asalariados. Si perciben un retroceso en la resistencia social, capitularán ante las fuerzas conjugadas de la economía y de las finanzas. Consecuencia: como no hemos aprovechado para reorganizar el sistema económico mundial, la salida de la crisis se hará tendencialmente por abajo, es decir, igualando los salarios de los países desarrollados con los de los países menos desarrollados. Y aún tendrá que haber salario, puesto que el desempleo forzoso como variable para ajustar la competencia jugará aún más fuerte." (SAMI NAÏR: Los salarios. El País, 07/11/2009, p. 6)
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