Para poder hacer estos cambios, el ministro había tenido que proceder previamente a un fuerte programa de ajuste de las cuentas públicas del país, ya que este había superado un déficit de dos dígitos y debía volver a la disciplina del Pacto de Estabilidad y Crecimiento (PEC), que rige para los países de la eurozona, lo cual exige reducir ese déficit a un máximo del 3% del PIB. Para ello tuvo que subir los impuestos, reducir los salarios de los funcionarios y disminuir los pagos de las partidas que constituyen el Estado del Bienestar (entre ellas, las pensiones). Una mezcla de incremento de los ingresos y reducción de los gastos públicos que sin duda significarán austeridad para la población, afectada por la Gran Recesión.
El ministro habrá de emplear mucha pedagogía para convencer a esos ciudadanos que ven reducido su nivel de bienestar, de que lo que ellos ahorran se gasta en ayudar de nuevo a los bancos (por segunda vez; en diciembre de 2008 el Estado ya hubo de intervenir), porque estos constituyen el sistema sanguíneo de la economía y sin bancos sanos no hay nada de lo demás. Por ello, esos bancos en dificultades pasan a depender, mayoritariamente, del sector público.
Que no haya malentendidos: el país en cuestión es Irlanda." (JOAQUÍN ESTEFANÍA: Bancos malos. El País, Domingo, 11/04/2010, p. 19)
No hay comentarios:
Publicar un comentario