En una encuesta de la empresa Rasmussen Records del pasado mes, más de la mitad de la “ciudadanía americana” asegura ver con buenos ojos el movimiento Tea Party: este es el espíritu del desencanto.
Los motivos de queja son legítimos. En los últimos 30 años, los salarios reales de la mayoría de la población se estancaron o disminuyeron, mientras que la inseguridad laboral y la carga de trabajo seguirían en aumento, lo mismo que la deuda.Se ha acumulado riqueza, pero sólo en unos cuantos bolsillos, provocando desigualdades sin precedente alguno. (...)
El público advierte que los banqueros, responsables en buena parte de la crisis financiera, y a los que hubo que salvar de la bancarrota, se encuentran disfrutando de beneficios récord y suculentas bonificaciones, y mientras, las cifras de desempleo continúan en el 10 por ciento.La industria se halla a niveles de la Gran Depresión:uno de cada seis trabajadores en paro, y con la pinta de que los buenos trabajos no van a volver.
La gente, y con razón, quiere respuestas, y no se las da nadie, exceptuando unas pocas voces que cuentan historias con cierta coherencia interna: eso es, en caso de que uno deje la incredulidad en suspenso y se adentre en su mundo de disparate y engaño.
Pero ridiculizar las travesuras del Tea Party no es lo más acertado. Sería mucho más apropiado intentar comprender qué es lo que subyace tras el encanto del popular movimiento, y preguntarnos a nosotros mismos por qué una serie de personas justamente cabreadas están siendo movilizadas por la extrema derecha y no por el tipo de activismo constructivo que surgiera en tiempos de la Depresión, tipo CIO (el Congreso de las Organizaciones Industriales). (...)
Tomando prestadas las palabras de Fritz Stern, el distinguido estudioso de la historia alemana: “tengo edad suficiente como para acordarme de aquellos días escalofriantes y amenazadores en los que los alemanes descendieron de la decencia al barbarismo Nazi”. En un artículo de 2005, Stern indica que tiene el futuro de los Estados Unidos en mente cuando repasa un “proceso histórico en el que el resentimiento en contra de un mundo secular desencantado encontrara la liberación en el éxtasis del escape de la razón".
El mundo es demasiado complejo para que la historia se repita, pero de todos modos, hay lecciones de las que acordarse cuando registremos las consecuencias de otro ciclo electoral. No es pequeña la tarea a la que habrá de enfrentarse el que desee presentar una alternativa a la indignación y la furia descarriada, que ayude a organizar a los no pocos descontentos y sepa liderar el camino hacia un futuro más prospero. " (Sin Permiso, 14/11/2010, citando a 'Rabia mal dirigida' de Noam Chomsky)
"Aspecto relevante es el posicionamiento de los jóvenes ante el futuro y las amenazas que perciben. Existe un "marcado pesimismo", sentencia González-Anleo. El 46,3% declara su falta de confianza en un futuro prometedor independientemente de la crisis y uno de cada tres considera que por muchos esfuerzos que uno haga en la vida "nunca se consigue lo que se desea".
Se resalta, además, que el 62,2% de los jóvenes está de acuerdo con la frase "la crisis económica actual tendrá un impacto muy negativo en mi futuro profesional y personal". "Los españoles sobrepasan la media europea al valorar la situación económica mundial como mala o muy mala" (77% frente al 71% de media UE)".
A la pregunta sobre qué problemas amenazan ese futuro, los jóvenes señalan en primer lugar el paro (45,6%), seguido de la droga (33%), la vivienda (28,7%), la inseguridad ciudadana (23,6%), la falta de futuro (21,6%) o el terrorismo (20%)." (El País, 25/11/2010, p. 34/5)
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