"¿Y si mantenerse en el euro obliga a los países a realizar ajustes fiscales draconianos como los que estamos viendo en Grecia o Irlanda? ¿Y si los inversores, ante el cada vez más posible caso de que algún país declare el impago parcial de la deuda, exigen cada vez tipos de interés más altos para prestar a estos países, lo que hace que los sucesivos programas de ajuste sean sucesivamente más y más duros?
¿Y si el temor a que en el futuro algún país abandone la unión monetaria por no poder pagar los costes políticos asociados a estos ajustes hace que los depósitos bancarios de ese país se vayan vaciando, lo cual a su vez reduciría el coste para los Gobiernos de reintroducir las monedas nacionales? (...)
Un problema añadido es que estas políticas fiscales cada vez más restrictivas no tienen nada que ver con las reformas estructurales que estos países necesitan para salir de la crisis, a pesar de la retórica con la que normalmente se acompaña la introducción de cada nuevo plan de ajuste. Se ha repetido hasta la saciedad, pero aún muchos siguen sin entenderlo o sin quererlo entender: la crisis fiscal de los Estados no es la causa del derrumbe financiero, sino su consecuencia. (...)
Solo cuando la crisis financiera ha llevado a Irlanda a garantizar el pasivo de los bancos, y a España a reducir ingresos e incrementar gasto, es cuando han crecido los déficits y los mercados han empezado a dudar de la sostenibilidad de las cuentas públicas de estos países.A la incertidumbre sobre la capacidad de sacrificio de los países de la periferia se une la poca colaboración de los países centrales de la eurozona. (...)
Puede sonar demagógico, pero en los años en los que Alemania apenas crecía, el Banco Central Europeo le garantizó una política de tipos de interés extremadamente bajos -política que, por otra parte, contribuyó a alimentar las burbujas en los países que estaban siendo fiscalmente disciplinados-.
Pero cuando el resto de Europa necesitó de una política fiscal más expansiva en aquellos países que como Alemania se la podían permitir, esta fue bloqueada por una poderosa coalición formada por el Gobierno alemán, su banco central, su tribunal constitucional, y una opinión pública cada vez más beligerante contra los supuestamente manirrotos europeos del Mediterráneo. (...)
La otra interpretación es que, sencillamente, lo que hemos presenciado es una muestra de que Alemania no está dispuesta a sacrificar los principios orientadores de su política económica nacional para salvar la unión monetaria.
Si así fuera, el futuro del euro quedará en manos de la capacidad de sacrificio de las economías y sociedades de los países de la periferia en términos de desempleo, recortes en Estado de bienestar y estancamiento económico. Y como bien saben quienes están especulando en los mercados de deuda de estos países, la capacidad de aguante de las sociedades democráticas no es infinita." (JOSÉ FERNÁNDEZ ALBERTOS: El coste de la supervivencia del euro. El País, opinión, 08/12/2010, p. 29)
No hay comentarios:
Publicar un comentario