"Los medios nos dicen que la crisis económica ya pasó, y que la economía-mundo está de regreso a su modo normal de crecimiento y ganancia. El 30 de diciembre, Le Monde resumió este sentir en uno de sus acostumbrados y brillantes titulares: Estados Unidos quiere creer en una recuperación económica.
Exacto, ellos quieren creer, y no es solamente gente Estados Unidos. ¿Pero es esto así? Primero que nada, como lo he estado diciendo en repetidas ocasiones, no estamos en una recesión sino en una depresión.(...)
Pero cuando la economía-mundo se estanca, como lo ha sido la economía-mundo desde la década de 1970, varias cosas ocurren. La cantidad de gente que está empleada con ganancia y que por tanto recibe un ingreso mínimamente adecuado, baja de modo considerable.
Y debido a esto, los países intentan exportar su desempleo unos a otros. Además, los políticos intentan privar de ingreso a los ancianos retirados y a los jóvenes que aún no están en edad de trabajar, con tal de apaciguar a sus votantes, que caen en las categorías comunes con edad de trabajar. (...)
Pero qué hay, pueden ustedes preguntar, de aquellos países donde se dice que la economía florece, como Alemania, y más en particular dentro de Alemania, en Bavaria –llamado por algunos el planeta de los felices.
¿Por qué ocurre entonces que los habitantes de Bavaria sientan un malestar y parezcan avasallados e inseguros de su salud económica?
El New York Times anota que (en Bavaria) está muy extendida la visión de que la buena fortuna de Alemania… llegó a expensas de los trabajadores, que en los últimos 10 años han sacrificado salarios y beneficios para hacer a sus empleadores más competitivos… De hecho, parte de la prosperidad proviene de que la gente no obtenga la seguridad social que debería tener. (...)
Y los gobiernos de Rusia, India y Sudáfrica, todos enfrentan los primeros síntomas de descontento por parte de grandes segmentos de sus poblaciones que parecen no haber recibido los beneficios de su supuesto crecimiento económico. Finalmente, y no es menor, hay aumentos marcados en los precios de la energía, los alimentos y el agua.
Esto es el resultado de la combinación de un crecimiento en la población mundial y el aumento en los porcentajes de gente que exige contar con ellos. Esto implica una lucha en pos de estos bienes básicos, una lucha que puede tornarse mortal." (Attac Madrid, 12/01/2011, citando a Immanuel Wallerstein, La Jornada.)
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